El complicado panorama económico y el efecto negativo en el pueblo

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El crecimiento es bajo, el desempleo es alto, el salario mínimo creció casi nada, el alza en el costo de la vida aumentó, el endeudamiento familiar es un punto sensible, las UF continúan subiendo, millones de personas están endeudadas, y no hay atisbo de algún plan de emergencia, en el concepto que implantó el gobierno respecto al estado del país.

“El Siglo”. Santiago. 12/7/2026. No anda del todo bien la economía. Y lo peor es que afecta directamente a millones de chilenas y chilenos. Con el adicional de que la perspectiva es sombría para el pueblo, mientras el gobierno insiste en medidas que tienen el marcado sello de beneficiar a los sectores más ricos de la población de acuerdo a los datos y antecedentes que se manejan.

El crecimiento es bajo, el desempleo es alto, el salario mínimo creció casi nada, el alza en el costo de la vida aumentó, el endeudamiento familiar es un punto sensible, y no hay atisbo de algún plan de emergencia, en el concepto que implantó el gobierno respecto al estado del país.

El IMACEC cayó un 0.9%, y colocó el crecimiento económico en un mal punto. En el primer semestre de este año el PIB (Producto Interno Bruto) tuvo una contracción del 0.5%. Hubo caída en la minería y la producción industrial. Fue muy precario el aumento del salario mínimo.

Desde el Banco Central se sostuvo desde marzo que la economía chilena estaría sujeta a “un grado de incertidumbre mayor al habitual” y elevó su estimación de la inflación del 3,2% al 4%, a la vez que redujo la proyección de crecimiento para este año a un rango de entre el 1,5 y 2,5%. Son distintas instituciones y expertos que hablan de que el crecimiento estará entre uno y dos puntos, no cerca de los 4 que se prometió desde marzo desde el gabinete ministerial.

Ese dato apunta, entre otros factores, al aumento de personas endeudadas y con deudas impagas, que supera los cuatro millones de chilenas y chilenos que deben dineros en distintos rubros. Y que siguen endeudándose.

El alza del costo de la vida presentó un 2.8% en el primer semestre del año y llegó a un 4.3% en el período anual, según el INE (Instituto Nacional de Estadísticas), pero para economistas y centros de estudios independientes esos porcentajes serían mayores. A la gente le cuesta mucho más la comida, el transporte, el vestuario, la educación, los créditos, las medicinas, la vivienda, la recreación. La Canasta Básica Alimentaria registró un aumento del 4,1% anual a marzo y Sandra Quijada, investigadora del Centro de Estudios Públicos (CEP), citada por el diario El País, señaló que “esto nos dice que los costos de los alimentos están casi duplicando al de la inflación en general, y allí hay un fuerte impacto en los bolsillos de los chilenos, sobre todo en el de los hogares más vulnerables”.

En tanto, según el informe del INE, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) se situó en un 2.8 por ciento en lo que va de 2026 y de 4.3 por ciento en 12 meses.

Al mismo tiempo se conoció que más del 70% de las empresas traspasará al menos una parte de los mayores costos a los precios de sus productos o servicios, una cifra que llega al 76% en el sector comercio, según encuesta de la Cámara de Comercio de Santiago.

Hay otros elementos que impactaron en la economía y sobre todo negativamente en las familias chilenas. De inicio, lo conocido por la ciudadanía, con la subida de precios en combustibles, el alza histórica del 30% en la gasolina y del 60% en el diésel. Y los movimientos en las UF (Unidades de Fomento) que en los últimos cinco años aumentó cerca de 10.000 pesos, pasando de 30.000 a 40.000, con el efecto de elevar considerablemente las deudas de millones de personas, sobre todo en pago de vivienda.

Sonaron las alarmas con el dato de que el desempleo se acercó al 10%, sin que existan claves que apunten a que esa cifra vaya a bajar consistentemente. La actual administración apuntó a colocarse en lo que llamó “modo empleo”, pero el integrante de la Comisión de Trabajo de la Cámara Baja, Luis Cuello, declaró que “me parece que la consigna ‘modo empleo’ es una broma de muy mal gusto para las familias chilenas, toda vez que ha sido el gobierno el que con su política económica ha creado una emergencia laboral, a través de los recortes a los presupuestos de salud, de educación, de obras públicas y elevando el costo de la vida por el bencinazo”.

Una encuesta de “Criteria” estableció que a mediados de marzo, cuando empezó esta administración gubernamental, un 23% de las personas creía que la situación económica del país empeoraría en los próximos seis meses, pero ahora es un 43% el que opina que la economía irá peor.

En definitiva, la economía chilena no está mostrando un buen dinamismo, y no se materializan desde el gobierno acciones que abran algo de optimismo.

Todo esto, mientras el gobierno de José Antonio Kast recorta dineros para políticas públicas y de atención ciudadana, hizo lo mínimo en el aumento del salario mínimo, quiere bajar en varios puntos el impuesto a las grandes empresas, está planteando que las y los trabajadores trabajen más horas y que junten su dinero para la indemnización al ser despedidos, y no establecer controles de precios en áreas sensibles como alimentos y arriendos.

Hay antecedentes a mirar, como los establecidos por los centros de estudio progresistas y de izquierda, que en un informe señalaron que, por ejemplo, se pudo evitar subir los combustibles impactando a las familias chilenas. “Había recursos para no traspasar el golpe a las familias y el gobierno eligió no usarlos: El FEES disponía de casi US$4.000 millones a fines de febrero. El precio del cobre proyectado para 2026 supera en US$0,60/lb lo presupuestado, lo que genera ingresos fiscales adicionales de entre US$2.400 y US$3.600 millones” se dijo. Por tanto, “la decisión de no usar esos recursos y traspasar el shock íntegro a las familias no fue una decisión técnica inevitable: fue una decisión ideológica”.

Además, se señaló que “un alza del 10% en combustibles se traduce directamente en 0,44 puntos de IPC. Pero el efecto real es mayor: sube el costo del transporte, sube el costo de producción de alimentos y bienes básicos, las panaderías son el ejemplo más gráfico, y ese impacto se traspasa a precios con rezago”.

Desde los centros de estudio se apuntó a que “las Pymes y los trabajadores independientes son los más golpeados y las medidas paliativas no llegan: Las empresas pequeñas y medianas, con poco capital de trabajo y márgenes ajustados, no pueden traspasar el alza a sus precios de manera inmediata. Absorben el golpe directo en sus márgenes o reducen actividad. El gobierno prometió medidas compensatorias para taxistas y colectiveros, pero en la práctica ha tenido serios problemas para implementar los pagos. Es decir: los más vulnerables del sector productivo reciben el shock completo y la ayuda prometida no llega”.

Además, se aclaró que “la declaración de que ‘el Estado está quebrado’ es falsa y tiene costo real: Afirmaciones del tipo ‘no hay plata’ o ‘el Estado está quebrado’, contradichas por los propios datos de reservas y clasificación de riesgo del país, dañan la imagen internacional de Chile y desincentivan la inversión que el propio gobierno dice querer atraer. Nadie invierte en un país que su propio gobierno declara quebrado”.

Un panorama presente complicado, con un futuro incierto, sino negativo.