“Cuba está sufriendo muchas dificultades, pero no es un Estado fallido”

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Así lo afirmó la periodista y escritora sueca Kajsa Ekis Ekman, quien visitó La Habana hace muy poco, quien recalca que “Estado fallido podría ser a lo mejor Haití; Cuba tiene un sistema que funciona” y que “es un país serio, controlado, no es un país anárquico”. Describe una isla golpeada por los apagones y la escasez de combustible, pero rechaza los relatos de colapso que circulan en redes. Es una de las voces más conocidas del periodismo y el ensayo político de izquierda en el norte de Europa. Directora del medio Parabol Press en Suecia, es políglota, feminista y autora de numerosos libros. Sobre la situación en la isla señala que “Estados Unidos sabe perfectamente lo que está haciendo: están dificultando la vida cotidiana”. Según la escritora, en Washington saben que la vía militar es inviable. “Con bombas no van a lograr nada: van a destruir las casas que ellos mismos dicen reclamar, van a lograr un montón de destrucción y un montón de muertos, pero no un cambio de régimen”, argumenta.

Ana María Olivares. Periodista. “El Siglo”. 12/7/2026. Para descifrar la compleja realidad de la Cuba actual no basta con mirar las fachadas de La Habana. Kajsa Ekis Ekman es una de las voces más conocidas del periodismo y el ensayo político de izquierda en el norte de Europa. Directora del medio Parabol Press en Suecia, es políglota, feminista y autora de numerosos libros -entre ellos el ensayo abolicionista “El ser y la mercancía” y “Primavera robada”, sobre la crisis griega-, ha dictado conferencias desde el Parlamento Europeo hasta la Cámara de Diputados de México. En 2020 recibió en Suecia el Premio Lenin, un galardón tan citado como polémico en su país por lo que significa: comprometido con la crítica social y la tradición izquierdista, pero con el legado de Lenin.

Ekman visitó La Habana en dos ocasiones recientes: primero entre febrero y marzo de 2026, y luego en junio, en pleno verano cubano. De sus viajes regresa con un diagnóstico que cuestiona tanto el discurso oficial de Washington como las imágenes de colapso total que circulan en redes sociales, aunque sin negar la gravedad de la crisis.

La vida cotidiana bajo los apagones 

La Habana que describe Ekman es una ciudad que vive al límite de lo físico. El detonante es el cerco energético: desde enero de 2026, Washington aplica un bloqueo petrolero que ha paralizado buena parte de la actividad económica de una isla que solo produce alrededor del 40% de la energía que necesita, según reportó la agencia EFE. Ekman lo vivió en sus dos estancias. Según su testimonio, tras la llegada de un buque petrolero ruso los apagones desaparecieron por completo durante unos tres meses, en los que “Cuba vivía de manera normal”. Pero un segundo buque, relata, se detuvo en medio del Atlántico y terminó desviándose hacia Sudamérica. Ekman especula -sin poder confirmarlo- con que hubo alguna negociación entre Estados Unidos y Rusia. Desde entonces, dice, el país vive “básicamente sin petróleo”.

Las consecuencias domésticas son demoledoras. “Hay apagones a veces de 30 horas”, relata. “El refrigerador no funciona, las luces no funcionan. Ahora, en medio del verano, la gente necesita poner el aire y el aire no va; la gente no puede dormir, llega cansada al trabajo, y a lo mejor ahí tampoco hay luz: no funciona la computadora, no puedes trabajar. Hay colas en los bancos y en las oficinas esperando que se ponga la luz para que la gente pueda ser atendida. Cuando se cae la luz, se cae también la señal: no puedes mandar mensajes de WhatsApp. El teléfono fijo normalmente funciona, pero a veces también se cae. Estados Unidos sabe perfectamente lo que está haciendo: están dificultando la vida cotidiana”.

Su descripción coincide con los reportes desde la isla: el 6 de julio, el Sistema Electroenergético Nacional sufrió su octava desconexión total en menos de dos años. Varias personas le dijeron a Ekman que la estrategia parece “dirigida a hacer el verano imposible”: provocar, con el calor y sin electricidad, un estallido para forzar una reacción de la policía o el ejército que justifique una intervención.

El factor Rubio

Para Ekman, la actual ofensiva de la Casa Blanca no es una demostración de fuerza, sino la prueba de que siete décadas de política hacia Cuba no han dado el resultado buscado. Y tiene un nombre propio: el secretario de Estado, Marco Rubio.

“Quien está detrás de todo esto es el mismo Marco Rubio, que tiene como única meta en su vida derrocar al gobierno socialista de Cuba y a la revolución”, afirma. “Es muy interesante, además, porque él mismo no ha estado nunca en Cuba. Sus padres llegaron a Estados Unidos durante la época de Batista”. El dato es correcto: los padres de Rubio emigraron en 1956, antes de la revolución.

Ekman lo vincula además con “los círculos de Miami” ligados a la Fundación Nacional Cubano-Americana, a la que se le acusa de haber estado detrás de los atentados con bomba en hoteles y bares de La Habana en los años noventa, “lo que describe muy bien Percy Alvarado en su libro”. Alvarado es un exagente de la Seguridad cubana que infiltró esa organización; la Fundación siempre negó su participación en aquellos atentados, cuya autoría material reivindicó el fallecido exiliado Luis Posada Carriles.

La escritora recuerda que Trump no siempre tuvo una agenda contra la isla. “Antes de ser presidente, él quería establecerse como empresario en Cuba, hacer cadenas de hoteles, campos de golf. No sé si fue él mismo o si mandó una delegación a ver cómo podría establecerse ahí”, dice. En las primarias republicanas de 2016, Trump ridiculizaba a su rival llamándolo “Little Marco” -“el pequeño Marco”-. “Al final ganó Trump y admitió después a Marco Rubio dentro de su gabinete. Ahí fue que cambió la política”, sostiene Ekman.

Según la escritora, en Washington saben que la vía militar es inviable. “Con bombas no van a lograr nada: van a destruir las casas que ellos mismos dicen reclamar, van a lograr un montón de destrucción y un montón de muertos, pero no un cambio de régimen”, argumenta. Una invasión a gran escala, añade, sería costosa y arriesgada -menciona el reciente revés estadounidense en Irán- y plantearía un problema adicional por la cercanía geográfica: “Ellos no saben si Cuba, con sus cohetes, puede lograr a lo mejor atacar metas en la Florida. Crear una situación caótica tan cerca no les conviene”. Ese escenario no es ajeno al debate en Washington: durante una visita a la base de Guantánamo en junio, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, advirtió a Cuba que no buscara “misiles ni otras armas que pudieran alcanzar a Estados Unidos”, según recogió el Financial Times.

Ekman sitúa esta ofensiva en el espejo de Venezuela, donde Estados Unidos capturó en enero a Nicolás Maduro y Delcy Rodríguez asumió como presidenta interina. “Lo que pudieron con Venezuela no pueden con Cuba. Eso es lo que me dice mucha gente allá: ‘Cuba no es Venezuela, en Cuba no hay traidores’”, relata, y asegura que en el propio entorno de Rubio se habría reconocido que no han encontrado dentro del poder cubano una figura equivalente dispuesta a facilitar una transición. No hay constancia pública de esa admisión en esos términos; lo que sí se ha reportado es que los negociadores estadounidenses no estarían logrando avances significativos con los dirigentes cubanos -pese a contactos que, según el medio estadounidense Axios, han incluido al nieto de Raúl Castro-, y el propio Rubio ha desmentido versiones de un acuerdo de transición: “Cualquier reporte sobre Cuba que no provenga de mí o del presidente es mentira”, dijo en marzo.

Propaganda con Inteligencia Artificial

En paralelo al estrangulamiento económico, Ekman describe una campaña de propaganda digital que dice haber detectado durante su estancia. “De repente empiezan a aparecer como sugerencias reels hechos con Inteligencia Artificial donde La Habana se ve como una ciudad de lujo, con un puente hacia Miami, restaurantes de lujo, todas las casas restauradas y pintadas, cadenas de hamburguesas. Y el texto dice: ‘Esto es lo que todos los cubanos quieren’”, relata. “Si tú ves la cuenta, todo viene de Miami”. El objetivo, interpreta, es alimentar el descontento material de la población.

A esa dimensión digital Kaysa suma otra: la cambiaria. El sitio “elTOQUE”, un medio digital cubano fundado en 2014 y radicado en el exterior, que se define como una plataforma de periodismo independiente y  abiertamente crítico del gobierno, tiene una aplicación móvil -la más conocida de sus herramientas- que permite consultar en tiempo real la tasa de referencia del mercado informal de divisas (dólar, euro y MLC), con gráficas de tendencia y calculadora, además de leer sus noticias sin conexión, acceder a asesoría jurídica y sortear los bloqueos de acceso. Esa tasa se ha convertido en la referencia de facto para el precio del dólar en Cuba, donde el mercado oficial apenas ofrece divisas.

“Esa aplicación, por desgracia, decide cuánto vale un dólar”, sostiene Kaysa Ekis, que la considera parte de la estrategia de Washington, en línea con las acusaciones del gobierno cubano, que atribuye al medio financiamiento de agencias estadounidenses como la Fundación Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés) que es una organización legalmente privada y bipartidista (dirigida por demócratas y republicanos), que recibe casi la totalidad de su dinero del Congreso de los Estados Unidos, funcionando como un canal para los objetivos de la política exterior estadounidense fuera de sus fronteras, de esta manera lo compara con el papel que jugó DolarToday en Venezuela. El sitio “elTOQUE” rechaza esas acusaciones: niega cualquier manipulación, defiende que su tasa no se fija, sino que se mide -refleja la mediana de ofertas reales de compraventa monitoreadas en redes sociales- y que la metodología está supervisada por el economista Pavel Vidal, doctor en Ciencias Económicas.

Lo que está fuera de discusión es la magnitud de la depreciación que Ekman describe: el dólar informal, que cotizaba a unos 42 pesos cubanos en 2020, llegó a 435 en enero de 2026 y tocó un máximo histórico de 695 el 21 de junio, para moverse desde entonces entre 600 y 670 pesos. “El sueldo de un cubano de repente ya no vale nada”, resume la escritora. “Si el cubano no puede consumir y el turista no viene, la economía sufre. Y ahí la necesidad de atraer capital extranjero”.

Ni Estado fallido ni rifles en las casas

Uno de los relatos que Ekman se propone desmontar es el de Cuba como “Estado fallido”. “El mismo Donald Trump dijo hace un par de meses que los aviones no podían salir, que los turistas estaban atrapados. Eso es un mito: tú puedes ir y volver tranquilamente. Hay muchas aerolíneas que siguen yendo; van a recargar en República Dominicana, en Panamá o en México, y luego rumbo a Europa, a Chile o a donde quieran”, asegura. En su vuelo de regreso, cuenta, viajó con cubanos que iban a visitar a sus familiares en Canadá haciendo escala en México.

Para la escritora, el propósito de esa campaña es secar la principal fuente de divisas de la isla: el turismo. “Si tú escuchas que no van los aviones, que siempre hay apagones, que no hay comida ni agua, obviamente no vas a ir de vacaciones. Y el país de verdad vive del turismo”, dice. El desplome es real: entre enero y abril de 2026 Cuba recibió un 55,8% menos de visitantes que en el mismo período del año anterior, con más de 1.700 vuelos cancelados.

La infraestructura crítica, subraya, se mantiene en pie: “Los hospitales tienen un sistema eléctrico especial. Yo tuve la suerte de vivir cerca de un hospital y toda la semana que estuve no hubo un solo apagón. Cuba está sufriendo muchas dificultades, pero no es un Estado fallido. Estado fallido podría ser a lo mejor Haití; Cuba tiene un sistema que funciona”.

Esa respuesta institucional incluye medidas de adaptación. La cifra que maneja Ekman -“ya como el 20% de la electricidad proviene de los paneles solares”- coincide con los datos disponibles: según un reporte de IPS-Cuba, la energía fotovoltaica pasó de representar el 5,8% de la generación a principios de 2025 a superar el 20% en febrero-marzo de 2026, impulsada por importaciones de paneles chinos que se dispararon a 117 millones de dólares en 2025.

En las tiendas, cuenta la escritora, se venden equipos de aire acondicionado que se comercializan junto con su propio panel. En el transporte, el gobierno abrió licencias para que cualquier dueño de un triciclo eléctrico pueda trabajar como taxista. “Ahora en La Habana abundan los triciclos eléctricos. Tú lo cargas casi gratis en tu casa, porque la electricidad casi no cuesta nada”, observa. “Aparte de una manera de superar la falta de petróleo, ha sido una forma de ingresos para la gente que tiene triciclo”.

Kaysa también sale al paso de uno de los rumores más difundidos en redes: que Cuba estaría recibiendo armas de Rusia, Corea del Norte, Hamás o Hezbolá, y que el gobierno habría repartido un rifle a cada ciudadano. “Me entrevisté con varios miembros del Parlamento cubano y ellos negaron eso rotundamente”, explica. “Imagínate: si cada uno tiene un rifle en casa, puede surgir un pleito, o pasar como en Estados Unidos, donde los niños matan a gente en las escuelas. Cuba es un país serio. En realidad, cada hombre que ha hecho el servicio militar y tenga menos de 42 años puede ser alistado: si pasa algo, va a recibir una orden y va a saber dónde ir a recoger su arma. Pero las armas están guardadas, no es que estén en las casas”.

El peligro de ese mito -advierte- es otro: “Es una manera de preparar a lo mejor una invasión, para después decir que los civiles asesinados no eran civiles, sino que disponían de armas”.

Las heridas de la crisis

Ekman no maquilla la gravedad de la situación. La falta de combustible paraliza la maquinaria agrícola, “ahí no puedes cambiar a máquinas de paneles solares, porque eso simplemente no existe”, y dificulta el transporte de carne y verduras hacia las ciudades. La falta de petróleo afecta también al bombeo de agua en los grandes edificios: “La gente que vive en el octavo piso o más arriba a veces no recibe agua. Hablé con gente que no se había duchado en varios días”, cuenta.

“Es verdad que hay una crisis de la basura”, admite. “Los camiones que la recogen no tienen petróleo, y eso no se puede resolver con paneles solares, así que el gobierno ha mandado al Ejército a recoger basura. También vi muchas cosas tristes, como gente buscando comida en la basura. Eso es muy triste”.

Pese a todo, dice no haber visto protestas contra el gobierno. “La gente se queja de su situación en la calle -‘ay, yo no tengo luz’-, pero no vi ni una sola marcha ni una manifestación en contra del gobierno. El descontento se dirige más a la situación como tal”, describe, y lo atribuye a la memoria histórica: “La gente ya ha vivido siete décadas de hostilidades y bloqueos. Vivieron el periodo especial, que muchos dicen que fue hasta peor”.

El pragmatismo económico

El cerco financiero se endureció en cuestión de semanas. El 3 de junio, el Banco Central de Cuba anunció que las tarjetas Visa y Mastercard dejarían de funcionar en la isla a partir del día 6: el banco extranjero que procesaba esas operaciones cortó su relación con la financiera Fincimex -perteneciente al conglomerado militar GAESA- para no exponerse a las sanciones de la Orden Ejecutiva firmada por Trump el 1 de mayo. “Si tú quieres viajar, tienes que traer dinero en efectivo, preferiblemente euros o dólares, y cambiarlos allí”, advierte Kaysa.

La escritora asegura además que la inclusión de Cuba en la lista de “patrocinadores del terrorismo” ha llegado a impedir que la ONU concrete ayudas por millones de dólares ya aprobadas, por la imposibilidad de efectuar las transacciones. A ello se suma un éxodo empresarial: las hoteleras Meliá, Iberostar y la canadiense Blue Diamond, junto a navieras y la minera Sherritt, cortaron o redujeron sus operaciones para no perder acceso al sistema financiero estadounidense.

Como contramedida, el Parlamento cubano aprobó a mediados de junio un paquete de urgencia de 176 reformas, el mayor giro económico desde 1959. Las medidas autorizan por primera vez la banca privada -bajo supervisión del Banco Central y en igualdad regulatoria con la estatal-, permiten a los cubanos residentes en el exterior invertir en igualdad de condiciones con el capital extranjero, y extienden el derecho de superficie hasta 99 años y el usufructo de tierras a más de 50 años para la inversión foránea.

Ekman celebra el giro pero rechaza que suponga una transición al capitalismo: “Cuba es un país serio, controlado, no es un país anárquico. No se están vendiendo tierras: el que quiera invertir va a poder usar un pedazo de tierra, alquilarla, pero no va a poder comprar nada. No van a venir extranjeros a comprar toda Cuba”. Muchas de las personas con las que habló -dice- celebraban las medidas, que podrían atraer también capital chino, ruso o indio. El presidente Miguel Díaz-Canel defendió las reformas como una actualización del modelo socialista, aunque admitió que parte de los obstáculos “no vienen de afuera, ni del bloqueo”, sino de la lentitud y la burocracia internas.

La nostalgia de la era Obama

En el imaginario de la isla, asegura Ekman, sigue viva la breve apertura que trajo la normalización de relaciones impulsada por el expresidenta de Estados Unidos, Barack Obama. “Todos los cubanos dicen que esa fue como la mejor época de sus vidas. Fue como experimentar cómo podría ser vivir sin bloqueo. Durante esos años la gente no se quejaba del gobierno ni de nada, porque la economía florecía”, evoca. “Había tanto turismo que no alcanzaban los hoteles: la gente empezó a abrir sus casas y aun así los turistas dormían en carpas en la calle”. El gobierno, recuerda, invirtió entonces en construir hoteles; luego llegaron la pandemia y la reinclusión de Cuba en la lista de “patrocinadores del terrorismo” decidida por Trump, y los hoteles quedaron vacíos.

“Hay que hablar más de la belleza de Cuba”

Kaysa Ekman reserva una crítica para los corresponsales e influencers que, a su juicio, viajan a la isla solo a documentar la crisis. “Sacan fotos de una tienda vacía, fotos donde siempre es de noche y hay apagón. Si tú estuviste más de una semana, no siempre hubo apagón, yo sé que no. Tú viste tiendas llenas, viste fiestas, viste bailes, viste el Malecón donde las parejas se están besando. Y eso a lo mejor no lo grabaste. Solo grabando la crisis, ¿qué vas a lograr? Que no venga nadie”, reprocha.

Contra el relato del miedo, opone su propia experiencia: “Llevaba meses viendo los reels y pensé que iba a encontrar un país caído, traumatizado, en pánico de una invasión. Llego y la gente está tranquila; obviamente sufre, pero igual. El Festival de la Salsa estaba lleno, no había boletos: música a tope, bandas tocando”. En medio de los apagones, dice, se celebró también el Orgullo Gay, y la gente encuentra tiempo para manifestarse por Palestina o conmoverse con una noticia trágica ocurrida en Brasil.

Destaca, además, la seguridad de la capital: “La Habana es una ciudad completamente segura. Tú puedes caminar como mujer, sola, en medio de la noche, con tu celular, incluso con apagón, y nadie te roba. A lo mejor hay algún piropo divertido, nada más”.

Y resume su impresión con una escena: “Fui a un bar donde voy siempre. En un momento hubo apagón y la gente siguió festejando; el mesero se tomó una pausa y se puso a leer un libro”.

¿Qué necesita Cuba hoy? Ekman responde con tres cosas. “Primero, solidaridad: mostrar que Cuba no está sola, que no solo estamos en lo de Palestina sino también en lo de Cuba. Segundo, enviar sobre todo petróleo: si Chile puede enviar petróleo, estaría muy agradecida. Y tercero, turismo, porque del turismo depende casi todo el país. Cuando se habla de Cuba hay que hablar de lo bello: del milagro que es Cuba, de su poder de resistir durante tanto tiempo, de su humanidad”.