Soslayar factores como el carácter ideológico y la definición política de esta administración puede llevar a confusiones, omisiones y no entendimiento del real contenido e intención que está en desarrollo y sobre la mesa. No es un ejercicio teórico, sino la comprensión respecto a procesos políticos bien concretos. El real carácter ultraderechista del actual gobierno.
“El Siglo”. El Editorial. 12/7/2026. Sobran quienes profesan la supuesta desideologización de la política. Como si las distintas fuerzas partidarias -incluido el gobierno- no profesaran un conjunto de ideas que definen sus programas, sus pensamientos, sus propuestas y sus acciones. Afirmar que la política está desprovista de ideología, es una falsa noticia conceptual y un despropósito intencionado para esconder definiciones.
En los últimos tiempos lo anterior tomó cierta forma respecto al gobierno del abogado y ultraconservador José Antonio Kast. De improviso, pasó al closet el ideario ideológico del mandatario y su administración. De alguna manera, la exministra vocera de gobierno, Camila Vallejo, sacó de ese closet al gobierno de Kast, afirmando explícitamente que “el problema central es que hoy día en Chile nos gobierna la ultraderecha”.
En efecto, si se analizan las medidas e intenciones de esta administración en los pocos meses que lleva, se comprueba que hay una implementación de políticas de extrema derecha como ocurre en otros países, particularmente Argentina, Ecuador, Hungría, Italia y Estados Unidos.
Este gobierno da pasos en el desmantelamiento del Estado fusionando o desapareciendo ministerios y quitándoles presupuestos para políticas públicas; otorga altos beneficios a las grandes empresas, grupos financieros y gremios patronales; apunta a quitar sensibles derechos laborales a trabajadoras y trabajadores; apela al autoritarismo y la represión para enfrentar conflictos sociales, indígenas y populares (“escuela segura”, registro de vándalos”); busca gobernar por decretos saltándose hasta donde pueda al Congreso; minimiza o aborta planes respecto a derechos humanos y derechos de las mujeres; doctrinariamente vuelve a insistir en las políticas desarrolladas por la dictadura (la cual Kast respaldó, incluida la simpatía con violadores de derechos humanos), como “el chorreo” de recursos desde sectores millonarios hacia el pueblo; se suma a las acciones militaristas e injerencistas de Donald Trump; imprime sellos religiosos a sus actuaciones, criminaliza la movilización social, pone en una situación riesgosa a un sector político queriendo vincular a los comunistas a “la violencia” (el conocido anticomunista de la ultraderecha); deja de lado iniciativas para las minorías sexuales, e incluso, en su momento, apeló a la estética establecida por Augusto Pinochet.
Del actual mandatario salieron declaraciones como que “mientras más se habla de derechos se restringe la libertad”, y “nuestros hijos están amenazados por esta pseudolibertad”, en sintonía con las tesis de la ultraderecha mundial y que promueven organizaciones como la Political Network for Values (Red Política por los Valores), instancia que Kast presidió, y como el Grupo de Conservadores y Reformistas Europeos (ECR), la Conferencia de Acción Política Conservadora y Patriotas por Europa.
En esa línea doctrinaria, José Antonio Kast está por eliminar proyectos de ley relacionados con la legalización del aborto y permitir la eutanasia, así como ampliar derechos civiles; está por menor regulación y menor cobro de impuestos a los super millonarios y grandes empresarios; quiere echar atrás la ley de 40 horas de trabajo semanal (llegar a las 50), distorsiona la iniciativa de Salas Cunas y sacó de cuajo el proyecto de negociación ramal; asume como propia la batalla cultural colocando preceptos religiosos y ultraconservadores respecto a la familia y la individualidad de las personas, y construye relatos ultranacionalistas; hay una política de regresión en derechos sociales, civiles y humanos. Ni hablar que desde la orgánica política del mandatario se definió como “la derecha cobarde” a ciertos partidos, reforzando la zanja en el sector conservador, entre la extrema derecha y la derecha tradicional.
José Antonio Kast, en su momento, expresó ideas de extrema derecha al sostener que “está el ambientalismo extremo, que prioriza la naturaleza por sobre el ser humano; el animalismo radical, porque nadie puede decir que nosotros no queremos a los animales, pero ese radicalismo antepone a los animales sobre la dignidad del ser humano; el feminismo ideológico, que enfrenta a hombres y mujeres en lugar de dignificarlos por igual; y el indigenismo radical, que reemplaza a la valoración de todos los miembros de la sociedad independiente de su origen”.
No hay que dejar de ver. Soslayar factores como el carácter ideológico y la definición política de esta administración puede llevar a confusiones, omisiones y no entendimiento del real contenido e intención que está en desarrollo y sobre la mesa. No es un ejercicio teórico, sino la comprensión respecto a procesos políticos bien concretos.
