El cobarde crimen de Nattino, Guerrero y Parada

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El 29 de marzo de 1985 agentes de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (Dicomcar) secuestraron a Manuel Guerrero, José Manuel Parada y Santiago Nattino, a la luz del día y con múltiples testigos, para luego degollarlos y dejarlos al borde de una carretera en las afueras de Santiago. Cuando se cumplen 39 años y con condenas perpetuas a los autores directos, no hay nadie en prisión por ese horrendo crimen.

 

Ana María Olivares. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 29/3/2024. Este 29 de marzo de 2024 es viernes, como en 1985. Pero entonces no era feriado de Semana Santa y todo el país estaba bajo un Estado de Sitio que se había decretado el 6 de noviembre de 1984, después de sendas jornadas de protestas que ocurrían desde 1983 contra el régimen dictatorial de Augusto Pinochet y sus secuaces.

Meses antes de ese fatal marzo de 1985, la Vicaría de la Solidaridad recibió una información sobre un organismo represivo desconocido hasta entonces. José Manuel Parada Maluenda, sociólogo, era el encargado en esa institución de reunir información sobre estos organismos y tenía un trabajo avanzado en esa materia. Fue a fines de agosto del 84 cuando la periodista Mónica González le pidió chequear una información que le había entregado un supuesto agente de la represión de sólo 28 años: señalaba que aparte de la DINA y la CNI, existía el Comando Conjunto, compuesto por distintos elementos de las Fuerzas Armadas e incluso civiles.

Efectivamente, Andrés Valenzuela alias “Papudo”, era un suboficial de la Fuerza Aérea de Chile, agente del servicio de inteligencia de esa institución y miembro del Comando Conjunto. El 24 de agosto de 1984 se presentó en las oficinas de la Revista Cauce y pidió hablar con la periodista Mónica González. Su objetivo era denunciar todo lo que conocía respecto a los agentes represivos y el paradero de detenidos desaparecidos.

Mónica González habló con la Vicaría para solicitar ayuda para este desertor y Valenzuela prestó declaración ante el abogado de derechos humanos Héctor Contreras Alday. Incluso recorrieron lugares que fueron centros de detención y tortura y otros, como la Cuesta Barriga, donde fueron enterrados prisioneros políticos. José Manuel se percató que la información era verídica y al parecer tenía vínculos con quienes habían detenido y torturado en 1976 a Manuel Guerrero Ceballos, profesor de historia, compañero de partido y amigo. Ambos militantes comunistas, junto a más profesionales de la Vicaría, se dieron a la tarea de completar el puzzle del Comando Conjunto.

En tanto, Manuel Guerrero siguió su trabajo como presidente de la Asociación Gremial de Educadores de Chile (AGECH) entidad gremial de los profesores que fungía de alternativa al cooptado Colegio de Profesores partidario del régimen dictatorial; sin embargo, las constantes protestas y el Estado de Sitio feroz había dejado una lista de más de 20 profesores dirigentes relegados en distintos puntos del país y a Manuel Guerrero en la clandestinidad por varios meses ya que pesaba sobre él una orden de arresto y expulsión del país.

Es a raíz del terremoto del 3 de marzo de 1985 que bajaron la orden de captura contra Manuel Guerrero y pudo volver a retomar su trabajo en el Colegio Latinoamericano en Santiago. No muy lejos, a no más de 200 kilómetros, en la costa, otro compañero también lograba su libertad a raíz del terremoto, pero en diferentes condiciones.

Ramón Arriagada Escalante era un militante comunista al que apodaban “Vincenzo”. Era un hombre sociable y conocido por muchos militantes públicos, especialmente en el Movimiento Democrático Popular (MDP), ya que trabajaba como dibujante en la oficina de arquitectura del entonces dirigente comunista Patricio Hales. Lamentablemente, tenía una costumbre muy peligrosa en esa época: en su agenda llevaba un recuento de reuniones con diferentes militantes consignando sus nombres y teléfonos.

El 30 de octubre de 1984, dos meses después de la deserción de Valenzuela, una oficina ubicada en San Antonio casi esquina con Merced en Santiago centro fue asaltada por los servicios de seguridad, era la sede del MDP. Como era usual, revolvieron y se llevaron documentos mientras amenazaban con armas de fuego a quienes se encontraban presentes.Uno de los documentos requisados fue la agenda de Arriagada y allí comenzó la tragedia.

“Vicenzo” colaboraba con Parada y también con Guerrero y, en su agenda, también consignaba a Santiago Nattino, militante comunista de 60 años y diseñador gráfico de profesión, que había colaborado con el Gobierno de Salvador Allende, pero que no tenía una responsabilidad política mayor en la estructura de su partido. Sin embargo, Nattino había tenido su taller de diseño en la calle Londres 75, que era ocupado en ese momento por el taller de arte de la AGECH y su teléfono estaba asociado en las guías telefónicas a esa dirección.

El 25 de febrero de 1985, cerca de la Plaza Italia, “Vincenzo” fue a presenciar una actividad en honor al natalicio de Manuel Rodríguez y fue apresado por dos civiles, quienes lo vendaron y lo llevaron a un recinto secreto en calle Dieciocho. Lo interrogaron sobre el MDP, el Frente Patriótico, sobre lo que sabía de las declaraciones del ex agente Valenzuela y también por las actividades y responsabilidades políticas de Manuel Guerrero y José Manuel Parada. Sobre este último, “Vincenzo” respondió a sus captores que: “José Manuel no estaba en nada especial, que trabajaba en la Vicaría, encerrado en una cuestión de computación, armando un organigrama del Comando Conjunto”.

Para elterremoto del 3 de marzo, “Vincenzo” aún estaba detenido y lo habían llevado a la costa, al parecer era una casa abandonada que pertenecía a Miguel Estay Reyno “el Fanta”, exmilitante comunista que, al ser detenido, terminó siendo un asesino de sus excompañeros integrando el Comando Conjunto. A los pocos días lo regresaron a Santiago y el 7 de marzo lo enviaron en bus a Cobquecura, donde vivía su familia. Debía quedarse ahí quince días, sin tomar contacto con nadie, pero igual envió un mensaje de advertencia a Santiago. Pocos días después lo fueron a buscar sus compañeros y lo llevaron de regreso a la capital, donde contó lo sucedido a Parada, quien encendió la alerta a Guerrero.

Sin embargo, nada fue suficiente para desbaratar el plan que urdió la dictadura para ocultar lo que se comenzaba a destapar tras las declaraciones del exagente Valenzuela, mientras en la Vicaría los militantes comunistas avanzaban en reconstruir su estructura desconocida hasta entonces.

El 28 de marzo de 1985, cerca del mediodía, Santiago Nattino salió de su hogar para hacer un trámite médico; al poco andar, en Badajoz con Apoquindo, un hombre forcejea con él y lo encañona para obligarlo a subir a un auto, otro le pone esposas y partieron con rumbo desconocido. Nadie acudió para ayudarlo a pesar de los numerosos testigos.

Lo llevaron a la calle Dieciocho donde antes funcionaba (y seguía funcionando) el Comando Conjunto, en lo que habían sido las oficinas del expropiado diario El Clarín. Allí lo colgaron de un parrón y lo torturaron hasta el día siguiente.

Eran cerca de las 21 horas de ese 28 de marzo, cuando agentes del mismo comando llegaron hasta Londres 75 y esperaron la llegada de los dirigentes de la AGECH. Allí fueron detenidos mientras revisaban y sacaban documentos, mientras también destruían el lugar. Tres profesores y una secretaria fueron llevados también a calle Dieciocho para ser torturados e interrogados. En horas de la madrugada fueron dejados en libertad en diferentes partes de la periferia de Santiago mientras regía el toque de queda.

Horas más tarde, un operativo encargado desde el alto mando de Carabineros se preparaba para salir a Los Leones 1401 en Providencia; era el Colegio Latinoamericano.

Ese viernes 29 de marzo de 1985, el sociólogo José Manuel Parada fue a dejar a su hija Javiera al colegio, mientras lo esperaban su esposa y su cuñada cerca de allí; se encontró con Manuel Guerrero dentro del colegio y caminaron conversando hasta la salida. De pronto se sintió el vuelo rasante de un helicóptero y alguien se lanzó sobre José Manuel y se lo llevó forcejeando; Manuel Guerrero retrocedió instintivamente hacia el colegio, pero lo alcanzó otro sujeto y se lo llevaron entre dos, todos armados.

Los profesores que vieron lo sucedido corrieron para ayudar y uno de ellos intentó forcejear con los secuestradores. Se escuchó un grito: “¡dispara!”. Y el profesor Leopoldo Muñoz cayó gravemente herido en el abdomen.

El auto stationwagon Opala que llevaba a Guerrero y Parada salió muy rápido gracias a que muy cerca, había un carabinero desviando el tránsito. Manuel Guerrero Antequera, de entonces 14 años y quien también estudiaba en el Latinoamericano, con un instinto tremendo llamó desde el colegio a la Radio Cooperativa y el periodista Sergio Campos lo sacó al aire para dar conocer la terrible noticia.

Parada y Guerrero fueron conducidos también a la calle Dieciocho donde fueron salvajemente torturados junto a Santiago Nattino, mientras los trabajadores de la Vicaría recorrían tribunales solicitando amparos y denunciando los secuestros; en el Colegio Latinoamericano preparaban acciones y velatones para exigir su liberación; los familiares buscaban apoyos y los amigos y compañeros denunciaban lo ocurrido culpando a la dictadura.

Esa madrugada del 30 de marzo los llevaron hasta Quilicura, a un sector camino al aeropuerto. Eran dos autos, un Chevrolet Opala con los detenidos: dos recostados en la maleta y uno en el asiento trasero. Al volante iba el cabo Claudio Salazar, como copiloto el cabo 1º Alejandro Sáez y atrás el sargento 2º José Fuentes. Un segundo auto, un Chevy Chevette, lo conducía el coronel Guillermo González Betancourt con Miguel Estay, el Fanta, de copiloto.

Avanzaron por la berma y bajaron a Santiago Nattino -60 años, casado, jubilado, padre de cuatro hijos- y ocurrió lo mismo, pero a manos del cabo primero Alejandro Sáez.

Finalmente, avanzaron un poco más y bajaron a José Manuel -34 años, casado, padre de cuatro hijos- a quien tendieron de espaldas, esposado y vendado. El cabo Claudio Salazar le hizo un profundo corte con el corvo en su abdomen y Parada gritó de dolor, por lo que Salazar se asustó. Miguel Estay, «El Fanta»  degolló y remató finalmente a José Manuel.

De todos los culpables, con seis de ellos condenados a cadena perpetua, no hay ninguno en la cárcel. A todos, menos al “Fanta”, se les accedió a dar libertad condicional. Miguel Estay Reino“El Fanta” murió en el Hospital San José durante el 2021 debido al Covid.

Este 7 de abril se realizará la tradicional caravana que parte a las 10 de la mañana desde la sede del Partido Comunista de Chile en Vicuña Mackenna 31 y llega hasta el Memorial de las Tres Sillas a las 12 horas para un sentido homenaje.