Un Mundial de Fútbol manchado de sangre y sobornos

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Las investigaciones señalan que le pagaron un millón de dólares a delegados de la Concacaf, millón y medio a otros de la Conmebol, unos millones por Asia y Europa. La prensa denunció que Michel Platini, cobró 7,5 millones de dólares. Y el súper capo argentino Julio Grondona, se embolsó 10 millones de dólares por dar el sí a Catar. Diferentes organizaciones humanitarias precisaron que al menos 6.500 trabajadores fallecieron al construir los 7 estadios para el Mundial. “¡Por favor, concentrémonos ahora en el fútbol!”, tuvieron que suplicar directivos de la FIFA ante las acusaciones y rechazos a Catar.

Aram Aharonian (*). “CLAE”. 18/11/2022. Desde su designación como sede del Mundial de Fútbol 2022, Catar ha sido fuente de grandes controversias. Las acusaciones de sobornos para que el país del Golfo Pérsico fuera elegido comprometieron a una docena de dirigentes.

El de Catar es un mundial de fútbol manchado por sangre y corrupción. La difusión de esos hechos preocupa a los mandos de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) que, a menos de 20 días del comienzo del certamen, pidió a las selecciones que participan del torneo que se centren en el fútbol y no formen parte de “sermones” sobre moralidad, arrastrando al fútbol “a batallas ideológicas o políticas que existen”.

El presidente de FIFA, Gianni Infantino, y la secretaria general, Fatma Samoura, enviaron a las federaciones que participarán de la Copa del Mundo una carta que señala: “¡Por favor, concentrémonos ahora en el fútbol!”. Obviamente, no cita a los 6.500 trabajadores muertos en la construcción de los estadios ni los sobornos recibidos por los dirigentes del fútbol mundial para votar por Catar como sede.

Tampoco aborda la solicitud de Inglaterra y Gales, y otras seis naciones europeas, para que sus capitanes usen brazaletes multicolores “One Love” en la Copa del Mundo, que son una respuesta a las preocupaciones sobre las leyes anti-LGBTQ+ de Catar. Ambas naciones ya han dicho que desafiarían cualquier sanción de la FIFAY ya no está Diego Maradona, que seguramente protestaría contra tantos desmanes y explotación.

En estos días y con motivo de la guerra en Ucrania se han producido resoluciones y pedidos inéditos. A la exclusión -ya ejecutada- de Rusia, con motivo de ese enfrentamiento, ahora se le agrega la petición de Ucrania para que Irán sea eliminado y que su lugar lo ocupen ellos. ¿El motivo? Que Irán provee a Rusia de drones usados para atacar a su población. El pedido lo ha hecho el presidente de un club ucraniano. En las eliminatorias, justamente Ucrania había sido derrotada por la selección iraní.

 

¿Y América Latina?

Como estaba establecido, seis seleccionados latinoamericanos participarán en Catar2022: tres de ellos ya han sido campeones mundiales (Uruguay, Brasil, Argentina). La de Argentina es la 18° participación, con la superestrella Lionel Messi como mayor atracción, sabiendo que sus mejores resultados fueron los campeonatos obtenidos en 1978 y 1986.

Brasil participa por vigesimoprimera vez y es el máximo ganador de mundiales por los conquistados en 1958, 1962, 1970, 1994 y 2002. Lleva un equipo de superestrellas, entre quienes destaca Neymar, el amigo de Bolsonaro criticado por Lula por intentar evadir obligaciones impositivas.

Uruguay participa por decimocuarta oportunidad, tras conquistar los mundiales de 1930 y 1950, con un equipo plagado de leyendas y nuevos talentos.

Ecuador llega por cuarta oportunidad y su resultado más destacado aconteció en Alemania 2006, alcanzando los octavos de final. Costa Rica es la sexta vez que disputará la Copa, resaltando su participación en Brasil 2014, donde llegó a cuartos de final. Mientras, México es la decimosexta ocasión en la cual parte del Mundial: llegó a cuartos de final en 1970 y 1986 en torneos disputados en su país.

Sobre la situación de los derechos humanos en Catar no han dicho nada.

 

Sepultados bajo los estadios

Hay una gran división del mundo musulmán: sunitas y chiitas, hoy en día particularmente evidenciada por las actuales tensiones entre Arabia Saudita e Irán. Ambos comparten las mismas enseñanzas del Corán, pero para el mundo occidental los sunitas son buenos y los chiítas malos, aunque siguen las mismas reglas religiosas.

La joven Mahsa Amini, que había ido a visitar a su familia, fue detenida el martes 13 de septiembre a la salida de una estación de Metro de Teherán por la policía religiosa islámica iraní, acusada de infringir la ley que obliga a las mujeres a cubrirse el pelo con un pañuelo, y los brazos y las piernas con ropa holgada. La joven falleció días después en un hospital de Teherán, tras pasar tres días en coma. Y la información fue difundida por todos los medios hegemónicos, suscitando olas de protestas.

Pero la muerte de al menos 6.500 trabajadores oriundos de Bangladesh, India, Nepal y Filipinas, que murieron por el calor extremo y las duras condiciones de explotación laboral a las que fueron sometidos en la construcción de los estadios para el Mundial de Catar, fue ocultada por la autocracia catarí, el dinero de las seis grandes trasnacionales patrocinantes de la justa “deportiva”,  la prensa hegemónica occidental y, obviamente, los cómplices de la masacre, la FIFA.

“Muertes por causas naturales” (sin mediar autopsia), dijo Catar, repitió la FIFA y publicitaron los medios hegemónicos. En Catar la palabra democracia es un chiste de mal gusto. Allí la palabra está acaparada (como todo lo demás) por la familia real Al Thani. Y el jeque Tamim Bin Hamad Al Thani de 42 pirulos y “apenas” tres esposas (a la vez)…por ahora.

¿Patrimonio? Unos 350.000 millones de dólares. Los petrodólares han servido para construir fastuosos edificios en el desierto, comprar clubes de fútbol -como el Paris Saint Germian de Lionel Messi, Neymar y Mbappé, entre otros-, acallar a la prensa hegemónica, y sobornar a quien se les oponga.

 

Sunitas, chiítas, petróleo y EE.UU.

La división de los musulmanes no es nueva, ya que se remonta al año 632 y la muerte del profeta Mahoma, que derivó en una lucha por el derecho a liderar a los musulmanes. Aún hoy sunitas y chiitas mantienen importantes diferencias en materia de doctrina, rituales, leyes, teologías y organización y compiten por su influencia en especial en el oeste de Asia.

Sus respectivos líderes también acostumbran competir por influencia. De Siria a Líbano, pasando por Irak y Paquistán, muchos conflictos recientes -algunos aupados y financiados por Occidente- agravaron esta división, rompiendo comunidades enteras. Los sunitas son mayoría entre los musulmanes -entre el 86% y el 90%- y se ven a ellos mismos como la rama más tradicional y ortodoxa del Islam.

De hecho, el nombre de suní, o sunita, proviene de la expresión “Ahl al-Sunna”: la gente de la tradición, referida a prácticas derivadas de las acciones del profeta Mahoma y sus allegados, en contraste con los chiitas. Los maestros y líderes religiosos sunitas han sido históricamente controlados por el Estado, controlado mayoritariamente por monarquías nada democráticas.

Se estima que los chiitas actualmente suman entre 120 a 170 millones de fieles, aproximadamente una décima parte de todos los musulmanesSon mayoría en Irán, Irak, Bahréin, Azerbaiyán y, quizá también Yemen. Hay importantes comunidades chiitas en Afganistán, India, Kuwait, Líbano, Paquistán, Qatar, Siria, Turquía, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.

La revolución iraní de 1979, lanzó una agenda islamista radical de vertiente chiita que vino a retar a los gobiernos sunitas conservadores, particularmente en el Golfo Pérsico.

Estados Unidos reemplazó al colonialista Reino Unido como principal patrocinador y financista de seguridad de los Estados del Golfo Pérsico en los años 60 y 70, trabajando para garantizar un flujo estable de petróleo del Golfo.

Catar es una pequeña península dentro de una más grande llamada península Arábiga. El vocablo árabe para “península” es Al Jazeera, que significa “casi una isla”. Comparte un pasado común con el resto de pequeñas monarquías árabes -Kuwait, Baréin, Emiratos, Omán- de dominio otomano primero y del imperio británico luego.

Hubo un momento en que los persas mandaron en el país. Pero, en 1968, cuando los británicos se fueron retirando de algunas de sus colonias, los cataríes ingresaron a la federación de Emiratos Árabes Unidos, amor que duró apenas tres años, para constituirse como estado independiente al mando de la familia Al Thani.

En la siguiente década Khalifa bin Hamad Al Thani, abuelo del actual emir, nacionalizó la industria petrolera -dejándola bajo su dominio-, motor de toda la economía. Lo siguiente a independizarse fue jugar al fútbol para demostrarlo, contratando a jugadores y técnicos de todo el mundo. En junio de 1995, cuando el emir Khalifa estaba de vacaciones en Suiza, su hijo organizó un golpe de Estado sin derramamiento de sangre y se consagró como nuevo emir, quien en 1996 lanzó Al Jazeera, la primera cadena satelital de habla árabe.

A partir de 1992, Catar ha establecido vínculos militares íntimos con los Estados Unidos, y ahora en ese país se ha ubicado el cuartel general de avanzada del Comando Central de los Estados Unidos y el Centro de Operaciones Aéreas Combinadas. La base de Al Udeid, la más grande que tiene Estados Unidos en Medio Oriente, tiene capacidad para albergar más de un centenar de aviones y a más de 10.000 efectivos.

Al Udeid juega un papel fundamental en las operaciones militares estadounidenses en la región, incluyendo la lucha contra el autodenominado Estado Islámico (EI).

 

Sobornos, muchos

Desde su designación como sede del Mundial de Fútbol 2022, Catar ha sido fuente de grandes controversias. Las acusaciones de sobornos para que el país del Golfo Pérsico fuera elegido comprometieron a una docena de dirigentes. Fue acusado de pagar a los funcionarios de la FIFA 3,7 millones de dólares en sobornos para asegurar su respaldo, pero fue absuelto después de una investigación de dos años.

El entonces presidente de la FIFA, Joshep Blatter, apoyó la candidatura de Catar en ese momento, pero desde entonces aceptó la posibilidad de  haber tomado la decisión equivocada. Moraleja: Blatter enfrenta actualmente en Suiza un juicio por acusaciones de fraude, malversación de fondos y otros cargos de corrupción.

Las investigaciones señalan que le pagaron un millón de dólares a delegados de la Confederación Centroamericana (Concacaf), millón y medio a otros de la Confederación Sudamericana (Conmebol), unos millones por Asia y Europa. La prensa francesa denunció que la ex superestrella francesa Michel Platini, cobró 7,5 millones de dólares. Y el supercapo argentino Julio Grondona, titiritero del fútbol sudamericano,  se embolsó 10 millones de dólares por dar el sí a Catar 2022, antes de fallecer en 2014.

Varias ciudades de Francia se levantaron en señal de protesta contra el certamen por varias razones, y, lo más indignante, las cifras de personas que murieron para crear los estadios. Las polémicas giran en torno al impacto ecológico del torneo, los derechos de los trabajadores migrantes, las irregularidades en las construcciones de los estadios y los aspectos culturales que atentan contra los derechos humanos.

Catar promocionó al Campeonato Mundial como el primer evento sin emisiones de carbono de su historia, hablando ampliamente sobre el aire acondicionado alimentado por energía solar que enfriará los ocho estadios, su sistema de metro eléctrico, y demás. En mayo, la ONG europea Carbon Market Watch (CMW) contradijo las afirmaciones cataríes, acusándolo de aplicar una “contabilidad creativa” para alcanzar sus objetivos.

El gobierno catarí declaró que habían contratado a 30.000 trabajadores extranjeros únicamente para construir las ocho estadios del certamen. La mayoría de los empleados eran oriundos de Bangladesh, India, Nepal y Filipinas. Según diferentes organizaciones humanitarias, al menos 6.500 trabajadores fallecieron por el calor extremo y las duras condiciones a las que fueron sometidos.

 

Bikini, alcohol y homosexualidad, prohibidos

Obviamente, Catar no va a querer presentarse al mundo como un Estado que está abriendo las puertas a Occidente para hacer un Mundial y que luego termine gente presa o con ciertos derechos vulnerados. Van a tener que flexibilizar o…

A fines de 2021, Nasser Al-Khater, presidente del comité organizador de la Copa del Mundo 2022 reiteró que “la homosexualidad no está permitida” pero que los fanáticos LGTBIQ+ tendrán derecho a viajar, aunque aclaró que “las demostraciones públicas de afecto están mal vistas y esto se aplica a todos”.

El presidente de FIFA, Gianni Infantino, explicó en setiembre que las autoridades cataríes le dieron garantías que cualquier eventual inconveniente se manejará de acuerdo a las normas internacionales de derechos humanos. Nadie comprendió qué quiso decir o quizá fue una respuesta a la declaración de la selección australiana.

Los australianos pidieron a Catar implementar reformas en favor de los derechos humanos, incluyendo la despenalización de las relaciones entre personas del mismo sexo, de cara al Mundial.

En un vídeo colectivo, el cual fue publicado en las redes sociales oficiales del equipo, varios de los futbolistas alzaron la voz y expresaron su preocupación por el trato dado a los trabajadores inmigrantes, tras las denuncias por la muerte de miles de ellos, que trabajaron en la construcción de infraestructuras del mundial de fútbol Catar 2022.

El 3 de noviembre, a pocos días de iniciarse el torneo, Catar anunció que los servicios sanitarios del país no preguntarán a las mujeres que necesiten un tratamiento médico durante el Mundial 2022 si están casadas o no, en un país en el que las relaciones sexuales fuera del matrimonio están prohibidas. “No se preguntará a las personas si están casadas o no, su sexo, su nacionalidad o su religión”, indicó Youssef Al Maslamani, portavoz encargado de las cuestiones sanitarias del Comité organizador.

Una bocanada de humanidad, porque según las leyes de Qatar, las relaciones sexuales fuera del matrimonio son susceptibles de penas que llegan hasta los siete años de prisión.

(*)Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE).