Cuando surgen voces que sugieren paridad de género y abren espacios a las mujeres, el miedo a perder el control desarrolla estrategias eficaces para revertir esta tendencia. Y ¿qué mejor táctica que darles una plaza donde es evidente que fracasarán?
Beatriz García-Huidobro M. Escritora, editora. Santiago. 14/6/2026. Hace poco unas mujeres comentaban que era una lástima que, con lo que costaba que ellas accedieran al poder, las dos ministras destituidas hubieran desperdiciado esta oportunidad. Los argumentos parecían razonables, pero revisando la historia se ve que el error estuvo en la designación, no en ellas.
No había que tener un magíster en ciencia política para darse cuenta de que no eran personas con las competencias necesarias para los cargos. Y este no es un juicio de valor hacia sus personas, pues aunque no comparta sus posiciones políticas, se debe reconocer que como profesionales han de tener cualidades y habilidades pero es evidente que no contaban con aquellas que requerían los ministerios. Y, como es bien sabido, errores de este tipo no existen casualmente y su ocurrencia está cargada de intención.
Es evidente que los dueños del mundo son hombres: poseen el capital y el poder. Y lo saben. Entonces cuando surgen voces que sugieren paridad de género y abren espacios a las mujeres, el miedo a perder el control desarrolla estrategias eficaces para revertir esta tendencia. Y ¿qué mejor táctica que darles una plaza donde es evidente que fracasarán? Al destituirlas la conclusión es evidente: “les dimos la oportunidad y no se la pudieron”. E implícitamente este mensaje contiene una supuesta incapacidad del género femenino para desarrollarse en las altas esferas del poder y, triste e inevitablemente, deben ser reemplazadas por hombres que sabrán manejarse de manera adecuada en este mundo para el cual ellas no tienen las destrezas necesarias y, menos aún, la fortaleza necesaria para sobrevivir en un escenario duro y competitivo.
Dejémoslas en los mandos medios obedeciendo las directrices de quienes sí están capacitados y tienen la mirada dirigida a un horizonte lejano y profundo. Que ejecuten, ordenen y archiven. No en balde administran hogares y saben darse vueltas en universos pequeños. Y ahora que asumimos, pongámosle recursos y que funcione el aparataje completo. Que se note que para grandes proyectos estamos nosotros.
Un mensaje triste y desalentador.
Foto: Modesto Gutiérrez.
