El Día de la Victoria ruso: En primera persona sobre el desfile militar en la Plaza Roja

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El desfile también lo presenciaron veteranos: el mayor de ellos, de 103 años de edad, luchó en Stalingrado, una de las batallas decisivas de la Segunda Guerra Mundial ganada por Moscú en 1943. La continuidad de generaciones también quedó plasmada en la bandera de la Victoria llevada en andas por la plaza principal del gigante euroasiático, el mismo estandarte rojo alzado por los soviéticos sobre el Reichstag alemán en mayo de 1945.

Víctor Ternovsky. “Cuadernos de un Moscovita”. 10/5/2026. Este 9 de mayo, el desfile militar en la Plaza Roja por el Día de la Victoria fue especial, entre otras razones, por una amplia participación de combatientes de la operación militar especia rusa: se encontraban, tanto en las tribunas como también formando parte de las unidades que desfilaban a lo largo de las murallas del Kremlin. Muchos portaban medallas por el heroísmo mostrado en la defensa de la soberanía de su país, tal y como lo hicieron sus antepasados durante la Gran Guerra Patria.

De hecho, el desfile también lo presenciaron veteranos: el mayor de ellos, de 103 años de edad, luchó en Stalingrado, una de las batallas decisivas de la Segunda Guerra Mundial ganada por Moscú en 1943. La continuidad de generaciones también quedó plasmada en la bandera de la Victoria llevada en andas por la plaza principal del gigante euroasiático, el mismo estandarte rojo alzado por los soviéticos sobre el Reichstag alemán en mayo de 1945.

Fue el Ejército Rojo el que se llevó la mayor carga del peor conflicto bélico de la historia de la humanidad e hizo el aporte decisivo para aplastar al nazismo, subrayó en el desfile Vladimir Putin , mientras que denunció que el pueblo soviético fue víctima de un intento de genocidio, una evaluación que supone el endurecimiento de la postura rusa en cuanto al papel de la Alemania nazi y sus cómplices en la agresión contra la Unión Soviética.

Enfatizó, asimismo, que hoy los herederos de la generación de la Victoria se enfrentan a todo el poderío bélico de la OTAN, pero, no obstante, están avanzando. “¡La Victoria siempre ha sido y será nuestra!”, exclamó el jefe del Kremlin entre el poderoso “¡hurra!” ruso que recorrió la Plaza Roja ante la asistencia al desfile de líderes internacionales, entre ellos presidentes de las exrepúblicas soviéticas Bielorrusia y Kazajistán.

En cuanto a equipos bélicos, fue la aviación militar la que tiñó el cielo del tricolor nacional -es decir, blanco, azul, y rojo- mientras que otras armas no pisaron los adoquines del Kremlin. La novedad era que el arsenal ruso -desde todo tipo de blindados hasta sistemas de defensa antiaérea y antimisiles, drones y el músculo naval del país- fue mostrado en acción a través de gigantescas pantallas, una forma más que explícita de mostrar el potencial bélico en la práctica.

En medio del cada vez más evidente revanchismo europeo -tendencia en alza que se manifiesta a través de prácticas como penalizar la celebración del Día de la Victoria ruso, prohibir sus símbolos y hasta exhumar los restos de soldados soviéticos caídos, aparte de derribar monumentos en su honor- la visita a Moscú de figuras del Viejo Continente como el primer ministro eslovaco, Robert Fico, quien depositó flores en la Tumba del Soldado Desconocido, constituyó un mensaje importante. Y es que no todos en Europa olvidaron las lecciones de la Segunda Guerra Mundial. Y, por lo tanto, existe la esperanza de que los peores episodios del pasado no se vuelvan a repetir.