Rocío Alorda, cuando la entidad gremial cumple 70 años de existencia, abordó temas controversiales sobre el sistema medial y el periodismo chileno, la influencia de la era digital, la ética, la colegiación profesional, la IA y los fenómenos de desinformación y noticias falsas. Advirtió, en todo caso, que “el mayor desafío no es tecnológico, sino democrático”. “Llegamos a estos 70 años con preocupación por el futuro del periodismo, pero también con la convicción de que contamos con más herramientas para enfrentar estos desafíos”, afirmó. Apuntó que persisten “situaciones de precariedad laboral y despidos injustificados. Otro gran desafío es el deterioro de las condiciones para ejercer el periodismo” en el país y contó que “el reciente estudio de la Fundación Gabo y la Universidad Diego Portales reveló que el 47,5% de las comunas del país son desiertos informativos, es decir, territorios donde no existen medios periodísticos o donde los medios operan sin periodistas profesionales”. Insistió en que “es urgente y necesario avanzar en la recuperación de la tuición ética de los colegios profesionales”. Alorda puso el acento en la necesidad de que las y los periodistas sean parte de su organización gremial y resaltó que “nosotros no competimos ofreciendo descuentos comerciales o convenios de consumo. Lo que ofrecemos es algo distinto y, a nuestro juicio, mucho más relevante: una comunidad profesional que defiende el ejercicio del periodismo”.
Hugo Guzmán. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 11/7/2026. ¿Cómo llega el Colegio de Periodistas a sus 70 años, dónde situarías sus principales desafíos?
Llegamos a estos 70 años con preocupación por el futuro del periodismo, pero también con la convicción de que contamos con más herramientas para enfrentar estos desafíos. La crisis de sostenibilidad de los medios de comunicación y el avance de la Inteligencia Artificial han generado profundas transformaciones. Si bien representan riesgos, también han abierto oportunidades para que periodistas desarrollen proyectos periodísticos en plataformas digitales, con propuestas innovadoras, mayor diversidad y una relación más cercana con los territorios y las comunidades. Uno de los principales desafíos sigue siendo la precarización laboral, una realidad que arrastramos desde hace al menos dos décadas. Sus causas son múltiples: la crisis de sostenibilidad de los medios y el traspaso de la torta publicitaria hacia espacios digitales, la ausencia de una política robusta de fortalecimiento de los medios públicos y la falta de una estrategia para el desarrollo de una industria de medios plural y sostenible. Hoy el Estado es uno de los principales empleadores de periodistas y, aun así, seguimos observando situaciones de precariedad laboral y despidos injustificados, como ha ocurrido en los últimos meses. Otro gran desafío es el deterioro de las condiciones para ejercer el periodismo. La violencia contra la prensa, el acoso digital a periodistas, la utilización de acciones judiciales para inhibir investigaciones y el avance de iniciativas legislativas restrictivas, como la denominada “Ley Mordaza 2.0”, generan un escenario preocupante para la libertad de prensa y el derecho de la ciudadanía a estar informada. Frente a ello, como Colegio de Periodistas hemos impulsado una fuerte labor de incidencia pública y legislativa para frenar normas que limiten el ejercicio periodístico y promover mecanismos de protección para quienes ejercen esta labor.
¿Cambió mucho el ejercicio profesional con la era digital, la IA, los fenómenos desinformativos y de noticias falsas?
Sí, ha cambiado profundamente. La transformación digital modificó la forma en que se produce, distribuye y consume la información. En muchas redacciones, la automatización y las herramientas de Inteligencia Artificial han asumido tareas que antes eran manuales, lo que ha cambiado las dinámicas de trabajo y, en muchos casos, ha significado nuevas exigencias para las y los periodistas. Pero el mayor desafío no es tecnológico, sino democrático. La era digital ha facilitado la circulación masiva de desinformación, la creación de contenidos falsos o manipulados y el uso de plataformas para amplificar discursos de odio y campañas de desinformación. Los algoritmos suelen privilegiar aquello que genera mayor interacción, sin distinguir necesariamente entre información verificada y contenido engañoso, lo que además refuerza sesgos y dificulta el debate público. En ese escenario, el periodismo profesional adquiere aún más relevancia. Nuestro desafío es producir información rigurosa, verificable y contextualizada, manteniendo altos estándares éticos y fortaleciendo la confianza de la ciudadanía. Hoy necesitamos más periodismo, no menos. Un periodismo comprometido con la verdad, la democracia y los derechos humanos, capaz de ofrecer información de calidad frente a la sobreabundancia de contenidos que circulan en el entorno digital.
¿Cómo plantean hoy el tema de la tuición profesional, que vuelvan a tenerla los colegios profesionales?
Creemos que es urgente y necesario avanzar en la recuperación de la tuición ética de los colegios profesionales. No se trata de restablecer privilegios corporativos, sino de fortalecer los mecanismos de autorregulación y de responsabilidad profesional, algo especialmente necesario en un contexto donde la confianza en las instituciones y en los medios de comunicación se ha visto debilitada. En el caso del periodismo, la ética no es un aspecto accesorio sino que es el principal patrimonio de nuestra profesión. En tiempos de desinformación y creciente polarización, la ciudadanía necesita tener la certeza de que quienes ejercen el periodismo lo hacen conforme a principios éticos claros y con mecanismos que permitan revisar y sancionar las faltas cuando corresponda. Hoy los colegios profesionales tenemos un rol orientador, formativo y de promoción de buenas prácticas, pero carecemos de herramientas suficientes para resguardar el cumplimiento de nuestros propios códigos de ética. Recuperar la tuición profesional permitiría fortalecer esa función, impulsar una cultura de mayor responsabilidad y contribuir a elevar los estándares del ejercicio profesional.
Se comenta la baja colegiación de los periodistas, que no participan de su gremio, que incide que el Colegio “tiene poco que ofrecer”. ¿En qué punto está la colegiación de los periodistas, cómo incentivarla?
Los colegios profesionales somos organizaciones que, en su gran mayoría, funcionan gracias al trabajo voluntario de sus dirigencias. A diferencia de los sindicatos, no contamos con fuero laboral ni con estructuras permanentes financiadas. Lo que sostiene nuestra labor es el compromiso con la profesión y con el bien común. Es cierto que hoy vivimos en una sociedad donde se ha instalado con fuerza una lógica individualista, que también ha permeado al periodismo. Sin embargo, el Colegio de Periodistas sigue siendo una organización viva, con presencia desde Arica hasta Magallanes, más de 15 consejos regionales activos y un fuerte trabajo territorial. Mantenemos un vínculo permanente con las escuelas de periodismo, entregamos cada año cientos de credenciales a estudiantes y anualmente se incorporan entre 100 y 150 nuevas y nuevos colegiados. Muchas veces se evalúa a los gremios preguntando “¿qué beneficios ofrecen?”. Nosotros, efectivamente, no competimos ofreciendo descuentos comerciales o convenios de consumo. Lo que ofrecemos es algo distinto y, a nuestro juicio, mucho más relevante: una comunidad profesional que defiende el ejercicio del periodismo, entrega apoyo legal y psicosocial a colegas que enfrentan situaciones de riesgo o precariedad, impulsa formación continua y representa a la profesión en los principales debates sobre libertad de prensa, ética y políticas públicas. Creo que el desafío es recuperar el sentido de lo colectivo. Los gremios no solo existen para entregar beneficios individuales; existen porque hay causas que solo pueden defenderse de manera organizada. La pregunta no debería ser únicamente “¿qué me ofrece el Colegio?”, sino también “¿cómo contribuyo a fortalecer la profesión de la que soy parte?”.
¿Cuál es la mirada del sistema de medios en Chile, contribuye a la pluralidad, al equilibrio informativo?
Es evidente que el ecosistema de medios en Chile atraviesa una profunda crisis. La alta concentración de la propiedad de los medios limita el pluralismo informativo y reduce la diversidad de voces, especialmente fuera de los grandes centros urbanos. A ello se suma un fenómeno muy preocupante. El reciente estudio de la Fundación Gabo y la Universidad Diego Portales reveló que el 47,5% de las comunas del país son desiertos informativos, es decir, territorios donde no existen medios periodísticos o donde los medios operan sin periodistas profesionales. Esto significa que miles de personas tienen dificultades para acceder a información local confiable sobre los asuntos que afectan directamente su vida cotidiana. Si queremos un ecosistema de medios sano y democrático, necesitamos garantizar diversidad en la propiedad y en los modelos de comunicación. Eso supone fortalecer la convivencia entre medios privados, públicos, universitarios, comunitarios e independientes, porque el pluralismo no surge espontáneamente: requiere políticas públicas que lo promuevan y lo protejan. A pesar de ese escenario, veo una enorme esperanza en los medios regionales, locales e independientes así como en proyectos que lograron encontrar nichos de sostenibilidad en espacios digitales. En muchos territorios son periodistas quienes, con enorme esfuerzo, han creado proyectos que descentralizan la agenda informativa, fiscalizan el poder local y garantizan el derecho de las comunidades a estar informadas. Pero ese esfuerzo no puede depender únicamente de la voluntad de quienes los impulsan. Chile necesita políticas públicas robustas de fomento al periodismo y a los medios de comunicación, porque fortalecer el periodismo es fortalecer la democracia.
