Los desafíos de Chile 

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Uno de los desafíos más gigantescos: la corrupción, que ha irrumpido como una avalancha en el área política, profundizando aún más la falta de confianza que está corroyendo los pilares de la democracia chilena. Esta amenaza, al no ser dilucidada, es capaz de provocar profundas fisuras en la democracia y se convierte en caldo de cultivo para el desarrollo de políticas populistas y retrógradas.

Felix Mora(*). Ontario. 8/2023. Hoy Chile confronta una serie de desafíos: la inmigración ilegal, la criminalidad, un sistema de salud desigual e inalcanzable para el chileno medio, por sus altos costos; un sistema de pensiones que dista mucho de serlo, en la realidad, pues desde sus orígenes se constituyó como un negocio basado en el enriquecimiento de algunos a costas del empobrecimiento de millones.

Habría que agregar el inminente desafío del cambio climático, tales como sequías, incendios forestales incontrolables; las futuras pandemias, que sin duda nos asolaran y, como corolario, una política educativa que, pese a algunos avances, no logra cimentar una real continuidad, porque los programas y prioridades cambian con cada cambio de Gobierno.

Estamos ad portas de votar una nueva Carta Magna que, por la composición de sus constitucionales, sugiere que no avanzará en redactar una Constitución moderna, acorde con las necesidades de la sociedad chilena.

En este panorama adverso, se incorpora hoy uno de los desafíos más gigantescos: la corrupción, que ha irrumpido como una avalancha en el área política, profundizando aún más la falta de confianza que está corroyendo los pilares de la democracia chilena.

Esta amenaza, al no ser dilucidada, es capaz de provocar profundas fisuras en la democracia y se convierte en caldo de cultivo para el desarrollo de políticas populistas y retrógradas.

Fuerzas que se auto denominan del “orden” y representantes del “pueblo” esperan sacar provecho de los errores y acciones de dudoso propósito, concertadas en forma infantil, que solo logran debilitar al gobierno.

Ante las acusaciones de fraude, se hace imperativo actuar sin dilación, con respuestas transparentes y sancionar a los responsables, si la evidencia logra demostrar que existió dolo, más allá de toda duda razonable.

Nuestra frágil democracia está siendo socavada por los errores de unos y el aprovechamiento de otros. Es evidente que debemos resolver estos hechos en forma íntegra y ejemplar.

Situados en esta coyuntura, no podemos dejar de mencionar que quienes hoy enfrentan acusaciones de corrupción fueron otrora los que se alzaron como paladines de una moral más elevada, una moral superior, que llegaban a liderar por sobre otros/as que, en el pasado, habían hecho de la política una forma de usar el sistema para beneficio propio.

Es imperativo, entonces, que todos los recientes hechos de corrupción sean dilucidados con prontitud. No basta con esclarecerlos. Es necesario también que toda la información relacionada con estos hechos sea entregada con transparencia, para que no paguen justos por pecadores.

Una información rigurosa y veraz, que transparente el uso o mal uso de los recursos del Estado, si lo existió, debe ser entregada al conocimiento público.

Es el momento para que las instituciones públicas, los partidos políticos y los organismos del Estado, cumplan con su rol de liderazgo, priorizando los intereses del país, ejerciendo sus obligaciones con el más elevado rigor moral.

Las fuerzas políticas debemos dejar atrás nuestras divisiones y malas prácticas, si las hubiere, para avanzar en pro de la unidad de todos quienes se han propuesto como misión jugar un rol valioso y preponderante en beneficio de la sociedad en su conjunto.

Los partidos políticos, como representantes de la ciudadanía, no pueden seguir por el camino de exigir protagonismo, sin cumplir con sus obligaciones.

Cumplir un compromiso social que demuestre que este es nuestro Gobierno, el Gobierno de las mayorías y no el de las divisiones y los egoísmos personales. No podemos permitir que la ofuscación ante las injusticias sin sanciones cree una reacción que termine afectando el desarrollo del país.

Es el momento de fortalecer nuestra democracia, luchar contra la apatía, que es el mal que se esparce por la ciudadanía, cuando se producen hechos que crean un abismo entre representados y representantes, impidiendo avanzar en la construcción de una sociedad más justa e igualitaria.

¡La información debe ser veraz, efectiva y transparente, ahora!

Mañana, puede ser demasiado tarde.

¡La Justicia podrá ser ciega, pero no puede ser al mismo tiempo sorda y muda; y por sobre todo debe ser justa!

(*)Felix Mora es Juez de Paz de la Corte de Justicia de Ontario, Canadá, e integrante de la Secretaría de Relaciones Internacionales Partido Socialista de Chile.