El legado de Lincoln

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Haciendo honor a tan ilustrados antecedente -el de Monroe, por cierto- la hoy generala aseguró en su momento que esta región es muy rica en petróleo, oro, plata, cobre, litio y otros minerales, así como en agua, floresta y biodiversidad y sostuvo, en esa línea, que esos recursos no podrían beneficiar a “potencias extra continentales”,  si no sólo a ellos. “Nos pertenecen”, aseguró, haciendo honor a parte de sus funciones que le permiten también cautelar los intereses de los Estados Unidos “ante el avance de China y Rusia”. 

Gustavo Espinoza M. Periodista. Lima. 25/10/2023. “Mi capitán no contesta, están sus labios pálidos e inertes; Mi padre no es consciente de mi brazo, no tiene pulso ya ni voluntad…”

Walt Whitman en su hermoso homenaje a Abraham Lincoln  nos anuncia que el legado del valeroso leñador, se ha extinguido, o está punto de perecer. Recogiendo las expresiones de los actuales voceros del Gobierno de los Estados Unidos, pareciera que esta dolorosa premonición, se cumple. En todo caso,  hoy está más lejos que nunca.

Podría suponerse que en la Fuerza Armada de los Estados Unidos se ha impuesto el feminismo, o que ha ganado puntos la lucha por la igualdad de género, tan cara en nuestro tiempo. Pero no es propiamente así. Una golondrina no hace el verano. Y el hecho que la señora Laura Richardson sea la 32 jefe del Comando Sur, no constituye sino la excepción a una regla debido a la cual los altos mandos en el Ejército imperial, son ocupados sólo por hombres.

Pero la señora Richardson no es tampoco flor de cualquier jardín. Tiene, lo que bien podría denominarse una brillante foja de servicios en el Ejército norteamericano, donde detenta una especialidad: la Aviación Militar.

Como el símbolo del Comando Sur es el Cóndor, y ella es la golondrina quizá podría afirmarse irónicamente que la señora asoma como un ave de alto vuelo. Y es que su función no tiene límite.

Cuando en ese país se habla del sur, no se alude a los estados ubicados al sur de su espacio geográfico, como podrían ser Texas o Florida, sino a los países ubicados entre el Río Bravo y la Patagonia, es decir, a todo el continente.

La señora Richardson, la generala, veterana de diversas guerras, y que sirviera en su momento en Corea del Sur, Irak -“Operación Libertad” 2003- y Afganistán, mira hoy con singular preocupación el extenso territorio que James Monroe considerara que les pertenece, ya en 1823.

Haciendo honor a tan ilustrados antecedente -el de Monroe, por cierto- la hoy generala aseguró en su momento que esta región es muy rica en petróleo, oro, plata, cobre, litio y otros minerales, así como en agua, floresta y biodiversidad y sostuvo, en esa línea, que esos recursos no podrían beneficiar a “potencias extra continentales”,  si no sólo a ellos.

“Nos pertenecen”, aseguró, haciendo honor a parte de sus funciones que le permiten también cautelar los intereses de los Estados Unidos “ante el avance de China y Rusia”, que les escarapela el cuerpo.

Si una declaración así hubiese sido hecha por un funcionario de la Casa Blanca, podría considerarse expresión de la voracidad proverbial del Imperio; pero dicha por un alto jefe militar de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos -hombre o mujer- luce como una grosera agresión que atenta contra las riquezas básicas de países independientes y soberanos.

Esta declaración, hace poco fue acompañada por otra: la señora Richardson se tomó la libertad de atacar a Telesur, la agencia de noticias latinoamericana que le quita el sueño, a  RT y a otras agencias internacionales de noticias no vinculadas a  los intereses de Washington.

Para ella, sus trasmisiones amenazan la seguridad de los Estados Unidos, que al decir de Foster Dulles, no tiene amigos, sino intereses, y soliviantan a los pueblos. En otras palabras, ponen en riesgo a las grandes corporaciones y la inversión norteamericana; en suma, desestabilizan al capitalismo en el plano mundial.

En ese marco confuso y convulso, Dina Boluarte ha operado un giro notorio en la política exterior peruana. Se ha sometido servilmente a los designios de USA. Y eso, que asomó desde las iniciativas de Lisa Lane -exagente de la CIA y embajadora norteamericana en el Perú- se vio sobre dimensionado a partir de la presencia de la señora Richardson aquí.

En los últimos meses, los ministros del Interior y de Defensa han viajado a los Estados Unidos para “intercambiar ideas” referido a la “lucha contra el narcotráfico y el terrorismo”. Obviamente, ese “intercambio” fue desigual. Ellos se fueron sin ideas, y volvieron con las de la Casa Blanca.

¿Qué puede aportar en materia de narcotráfico el país que consume más droga en el mundo? ¿Y qué en lucha contra el terrorismo, el país más terrorista del planeta?

Antes que la DEA operara en el Perú, el tráfico de drogas registraba niveles muy bajos. Hoy, es uno de los más altos de la región. Y en cuanto al terrorismo, se registran altos índices en USA donde cotidianamente personas desquiciadas matan a niños en escuelas y barrios.

Si a esta ya enfermiza relación entre Biden y el régimen de Boluarte y Otárola le sumamos la presencia de tropas norteamericanas que operan aquí en secreto, y  que serán acompañadas por navíos de guerra y nuevo armamento, tendremos la imagen de un vínculo belicista que responde a una política completamente ajena a los intereses del país.

El negocio de la guerra, no está inscrito en el ADN del Perú. Por lo demás, el legado de Lincoln, entre nosotros, no ha muerto.

En América Latina entera, bien puede esperarse con Pablo Neruda “que despierte el leñador…”.