Este fin de semana millones de chilenas y chilenos se están enterando del recorte o término de más de un centenar de programas que les benefician, lo que se suma al alza de los combustibles, la subida de precios de productos y servicios, y ninguna señal segura de que habrá más empleos, mayores salarios y mejores servicios en salud, educación, seguridad, vivienda y otros rubros.
“El Siglo”. El Editorial. Santiago. 26/2/2026. Es objetivo que el gobierno está planeando e implementado medidas que afectan directamente al pueblo.
Esto se está haciendo por la vía de achicar el gasto de ministerios, recortar programas sociales en muchas áreas, reducir los ingresos del Estado afectando el gasto social, quitando presupuestos a programas como de alimentación escolar, seguridad pública, servicios de salud primarias, PRAIS, y ayudas a adultos mayores. El Ministerio de Hacienda está instruyendo recortar o suprimir más de un centenar de programas sociales. El gobierno está bajando impuestos a empresas y grupos financieros multimillonarios quitándole al Estado más de 4 mil millones de dólares para gasto social. Se reduce la cobertura y eficacia de servicios públicos. Hay elementos preocupantes como que desde La Moneda se aseguró que el eje de sus acciones es generar empleo, y después desde ministerios se indicó que eso no está garantizo y que quizá las metas lleguen cuando esté terminando esta administración.
Para materializar todas esas medidas, que son objetivamente regresivas y antisociales, el gobierno está instalando relatos como que hay “estrechez fiscal”, que es “necesario reducir el gasto estatal”, que se paga un “fraude social” de la administración anterior, que se traerá más inversión y mejora de salarios, que se debe actuar “con responsabilidad”, que habrá más empleos y que se trata de concretar la “reconstrucción nacional”.
Sin embargo, todo lo conocido hasta ahora afecta a la mayoría de la población y beneficia a un segmento muy minoritario. La receta que se aplica es la de los años ochenta, la que causó alto porcentaje de desempleo y de pobreza, que aumentó el costo de la vida y la inflación, que no generó industrialización ni inversiones productivas, y que golpeó a sectores socioeconómicos medios y bajos.
Este fin de semana millones de chilenas y chilenos se están enterando del recorte o término de más de un centenar de programas que les benefician, lo que se suma al alza de los combustibles, la subida de precios de productos y servicios, y ninguna señal segura de que habrá más empleos, mayores salarios y mejores servicios en salud, educación, seguridad, vivienda y otros rubros.
Esta situación puede devenir en afectaciones muy severas para amplias capas de la población, en negativas condiciones sociales para las familias trabajadoras, en alza del costo de la vida sin aumento de ingresos, en críticas situaciones para los sectores más pobres, en disminución de capacidades de ministerios y municipalidades para atender necesidades del pueblo, en desmedro radical de la garantía de derechos sociales.
Se asiste así a las consecuencias de tener una administración de extrema derecha, refundadora del neoliberalismo extremo, autoritaria y despreocupada de atender necesidades y demandas de amplios sectores sociales, priorizando por el segmento más enriquecido y poderoso financieramente.
