Para el excandidato presidencial “el sólido fundamento que tiene la izquierda para constituir sus programas y perspectivas inmediatas y mediatas, es nuestro saber utópico”, pero advierte: “Si algo me inquieta es que el torbellino que vivimos nos lleve a dejarlo de lado”. Opinó que “no veo una izquierda indefensa o desorientada” e indicó que “está claro que la magnitud de las transformaciones, que provoca un vértigo por las múltiples interrogantes que emergen en muchos campos, no nos libera de la tarea de diseñar las bases de la sociedad que proponemos y las formas de alcanzarla”. Sobre el proceso de discusión que está viviendo el Frente Amplio, partido donde milita, dijo que “hay en curso un intenso debate” y sostuvo que “no observo síntomas de autocomplacencia. Lo que predomina sin contrapeso es un sano espíritu crítico”. Ante a lo que se define hoy como batalla cultura, el también exministro señaló que “requerimos fortalecer una estrategia más molecular de medios de distinta categoría, defender la educación pública, incentivar la lectura, hacer del arte y los creadores parte esencial de nuestra estrategia”. Sobre la contingencia planteó que “el gobierno carece de liderazgo y de consistencia” y recalcó que “lo que quieren es traspasar riqueza de los sectores de más bajo ingreso a los más ricos. A los ricos hay que cuidarlos, como dijo Pinochet”.
Hugo Guzmán. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 10/5/2026. Están apareciendo análisis, columnas, entrevistas, de académicas y académicos, de dirigentes, que plantean que la izquierda está sin proyecto realmente, que tiene un déficit en propuestas para esta nueva sociedad y se está quedando en políticas públicas circunscritas al período de un gobierno, en criticar a la derecha, en posiciones reactivas, a la defensiva. ¿Coincides con ese diagnóstico, crees que ahí hay un desafío grueso para la izquierda chilena?
Las sociedades siempre se han sorprendido con los descubrimientos geográficos o científicos o los cambios inesperados. En el tiempo que vivimos es una percepción compartida que descubrimientos, inventos y cambios sociales y culturales se están produciendo vertiginosamente, a toda velocidad, un día tras otro, con un ritmo nunca antes conocido. Entonces, ¿quién tiene un proyecto para el futuro que aquilate las consecuencias del cambio climático, de la severa conmoción geopolítica en curso, de la investigación que estudia como alargar la vida o cómo rejuvenecer, o de la revolución que en todos los ámbitos traen consigo la inteligencia artificial y la cibernética cuántica? Está claro que la magnitud de las transformaciones, que provoca un vértigo por las múltiples interrogantes que emergen en muchos campos, no nos libera de la tarea de diseñar las bases de la sociedad que proponemos y las formas de alcanzarla. Y que no se trata de un tema de teoría o de imaginación literaria sino de pensar, en nuestro caso concreto, en nuestro país, nuestro continente y nuestros conciudadanos. No veo una izquierda indefensa o desorientada porque creo vigente nuestra visión de mundo. Esa que aspira a que la Humanidad entera se prepare y proteja del cambio climático, que la reorganización política y económica del planeta se logre sin hegemonías basadas en la fuerza y con el respeto por todas las comunidades humanas y los seres vivos, que todo aquello que aporte nuevos conocimientos se traduzca en beneficios compartidos, que si algún día la vida llega a ser más larga lo sea para todos y mejor. Me imagino una sociedad igualitaria que reconozca las justas diferencias, donde se extienda la libertad y nos reconozcamos como seres que sobrevivimos en colectivo, fraternal y solidariamente. ¿Utópico? Sí, en el más noble sentido. El sólido fundamento que tiene la izquierda para constituir sus programas y perspectivas inmediatas y mediatas, es ese: nuestro saber utópico. Si algo me inquieta es que el torbellino que vivimos nos lleve a dejarlo de lado. En este marco, el desafío para la izquierda es consolidar sus señas de identidad y sobre esa base elaborar programas contemporáneos y transformadores que apunten a avanzar a nuestro horizonte.
Manuel Antonio Garretón, en entrevista reciente, planteó que debe haber una transformación profunda de la izquierda. ¿Es así? ¿Por dónde llevar ese camino?
Coincido con Manuel Antonio en su inquietud por hacer a la izquierda más vigorosa y representativa de las aspiraciones mayoritarias de la población y también sobre la necesidad de enriquecer nuestro pensamiento y evitar el anquilosamiento. Pienso que para que ese esfuerzo sea eficaz debemos partir, como ya señalé, de reivindicar lo que hemos sido y somos. Memoria, historia, experiencias, nos permiten entender mejor. Aciertos y errores son también fuente de nuevas ideas y propuestas. El avance en el mundo occidental de expresiones de la vieja ideología autoritaria y discriminatoria que en el siglo pasado condujeron al mundo a una guerra sangrienta y a acciones genocidas, es un hecho. Algunos las llaman “iliberales”, pero para ser más claro prefiero hablar de neofascismo, de tendencias facistoides o, para usar nuestra clara expresión popular, lisa y llanamente “fachas”. La izquierda debe considerar este fenómeno con rigor. Esta ultraderecha registra avances y retrocesos. En los días que corren creo que se notan más los retrocesos, pero sería un error confiar que esa será una tendencia irreversible. Depende mucho de lo que nosotros seamos capaces de hacer. Y, sí, eso exige que las distintas vertientes de izquierda sean capaces de actualizarse y de pensar y actuar conjuntamente.
Se armó una batahola porque Lautaro Carmona, presidente del Partido Comunista, reivindicó el legado de Lenin. Dos cosas: ¿tiene valor el legado teórico, conceptual, el pensamiento de Lenin?; ¿crees que desde la izquierda es reivindicable?
Su legado es importante y reivindicable, si bien en la izquierda chilena y mundial no hay una sola perspectiva para analizarlo y valorarlo. Es natural que pueda haber miradas no siempre coincidentes, como las hubo en la izquierda rusa durante el período revolucionario, sobre las actuaciones de Lenin. Pero lo que es innegable es que Vladimir Ilich fue el más destacado dirigente de la primera revolución anticapitalista y socialista triunfante, y que legó una experiencia histórica cuyos aciertos y errores es indispensable conocer para impulsar futuros proyectos socialistas.
Están en procesos de reflexión y de evaluación del último período el Frente Amplio y el Partido Comunista. Se llegó a hablar de hacer críticas descarnadas, de reformular algunas ideas programáticas, de buscar caminos para reencantar a la gente. Pero a la hora de lo concreto, poco se ve de eso, queda como una promesa reflexiva. ¿Se está reviviendo la autocomplacencia, se está realmente encarando el nivel de desafío que hay, se pueden esperar respuestas realmente novedosas y efectivas de los procesos del FA y el PC?
No estoy interiorizado de los procesos internos del Partido Comunista aunque estoy seguro que han de estar abordando con dedicación los desafíos de esta hora. En cuanto al Frente Amplio, partido en que milito, hay en curso un intenso debate para el Primer Congreso que culminará a fines del mes de junio. Todo está en discusión, sobre la base de los principios definidos en la fundación del FA que seguramente serán perfeccionados. Participo en mi “unidad congresal” en mi condición de militante y veo con entusiasmo un marcado espíritu socialista, el despliegue de las ideas feministas, una fuerte adhesión a una democracia profunda que respete la autonomía de organizaciones y personas. Los frentes están también muy activos, entre otros el Frente de Trabajadores que ha tenido un avance notable en su breve existencia. Hasta ahora, no observo síntomas de autocomplacencia. Lo que predomina sin contrapeso es un sano espíritu crítico.
Durante la entrevista hemos estado hablando de la izquierda. Pero alguien sostenía hace poco que en realidad en Chile lo que hay, en el marco de los partidos institucionales, son fuerzas socialdemócratas, progresistas. ¿Cómo ordenar la arquitectura, aunque sea algo antojadizo, entre socialdemocracia e izquierda?, ¿son dos grandes sectores que conviven hoy en Chile, se mezclan?
Sí, creo que conviven, en algunos casos dentro del mismo partido. Debo decir que en el momento que vivimos celebro cuando alguien en algún lugar del mundo se proclama “socialdemócrata”…Quedan en Europa fuerzas, incluso en el gobierno, que se definen como tales y que, ante la avalancha de ultraderecha, han marcado algunas posiciones significativas. Pienso en (Pedro) Sánchez en España, por ejemplo. No ignoro que los socialdemócratas alcanzaron un altísimo logro con el “Estado de bienestar” en la postguerra del siglo XX. Con todo, sigo pensando que la socialdemocracia es una postura que ha limitado su empeño a forzar formas de humanización avanzadas del capitalismo y que, en cambio, socialistas y comunistas mantienen un horizonte indispensable: “otra sociedad”, una sociedad distinta a la actual que se basa en el dinero, el mercado y la competencia, que concentra riquezas e ingreso, que explota y discrimina.
En lo general, ¿cómo estás viendo el desempeño de la oposición?
Me alegra el carácter aguerrido de la dirección del Frente Amplio y de sus parlamentarios, alcaldes y concejales y también la de los compañeros y compañeras comunistas y humanistas. No hay defecciones ahí. Son fuerzas cohesionadas y activas, más allá de legítimas diferencias internas. En el FA intentamos llegar con nuestro mensaje a la ciudadanía mediante las redes sociales, los medios audiovisuales y el cara a cara. Hemos volanteado en algunos lugares para la difusión de ideas sobre la coyuntura con buena aceptación ciudadana. Al mismo tiempo desarrollamos un programa de formación política para nuestros militantes que ha sido exitoso. Tenemos que lograr que los otros partidos que participaron en el gobierno de (Gabriel) Boric o lo apoyaron se concierten para actuar juntos. Por eso aprecio expresiones de lucha que surgen del Partido Socialista o la Democracia Cristiana. O del PPD (Partido por la Democracia), el radicalismo o el mundo verde. La marcha del 1 de mayo me dejó optimista. Hay que perseverar y multiplicar la actividad de las organizaciones y movimientos sociales.
“El gobierno carece de liderazgo y de consistencia”
¿Cuál es tu mirada de lo que se define como la actual batalla cultural? ¿Va la extrema derecha a la cabeza, la izquierda se quedó atrás?
La ultraderecha ha ganado terreno. Aprovechó bien la idea de la educación superior como negocio y creó universidades que en algunos casos se han ido consolidando, aparte del lucro. Ha logrado casi monopolizar los medios escritos impresos y los canales de televisión abierta. Ha generado una camada de columnistas y protagonistas televisivos que se han dado a conocer. En fin, si bien la izquierda mantiene los frentes abiertos, la disputa con quienes concentran el dinero es siempre difícil. Requerimos fortalecer una estrategia más molecular de medios de distinta categoría, defender la educación pública, incentivar la lectura, hacer del arte y los creadores parte esencial de nuestra estrategia. Y, sin duda, acompañar todas las batallas feministas, ecologistas, de las disidencias sexuales y de los jóvenes y las jóvenes. La batalla cultural se da en todos los terrenos.
¿La ultraderecha y particularmente José Antonio Kast están instalando el iliberalismo en Chile?
Aunque, según leo en la prensa (de derecha), los liberales clásicos siguen intentando forzar las razones para apoyar a Kast, ese discurso no me convence. Kast es lo que es: un ultraconservador que creció en una familia de sello nazi marcada por el autoritarismo, que se ha identificado durante su vida con los sectores más reaccionarios de la Iglesia Católica, que apoyó y aplaudió la dictadura de (Augusto) Pinochet -tiene dos ministros que fueron abogados del dictador-, que se siente identificado con la ultraderecha internacional, una de cuyas organizaciones presidió por dos años, se dice que financiada por Víctor Orban desde Hungría. Piensa que (Miguel) Krassnoff Martchenko es una buena persona y que no es responsable de los crímenes por los que se le ha condenado a un total de mil años de cárcel. No veo por ningún lado su adhesión a los contenidos básicos de la democracia liberal. Por el contrario, desconfío de su actuación.
¿Cómo evalúas las capacidades de gestión del gobierno de Kast en estos dos meses?
Bien lamentables. El gobierno carece de liderazgo y de consistencia. Su fuerte es un Ministro de Hacienda que es el único que cree que bajar impuestos a los empresarios significará inversión y crecimiento suficientes para compensar el regalo que les hace…No lo cree el Fondo Monetario Internacional ni el Consejo Fiscal Autónomo, ni ningún derechista con mínima formación económica y dos dedos de frente. Aunque Quiroz parece creerlo, pero los demás no. Porque simplemente lo que quieren es traspasar riqueza de los sectores de más bajo ingreso a los más ricos. A los ricos hay que cuidarlos, como dijo Pinochet.
