Pocos recuerdan que el actual titular de Interior, Claudio Alvarado, duró apenas 52 días como ministro de la Secretaría General de la Presidencia durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera. Se suman los casos de Andrés Zaldívar, que estuvo sólo 120 días como titular de Interior en la administración de Michelle Bachelet y de Izkia Siches que alcanzó a estar 179 en ese mismo puesto en el gobierno de Gabriel Boric. Hay otros casos conocidos de poca duración y que en distintas administraciones fueron protagonistas de la extirpación rápida desde gabinetes ministeriales. Ese procedimiento, ahora, podría repetirse con las ministras Trinidad Steinert y Mara Sedini, de Seguridad Pública y Secretaría General de Gobierno, respectivamente, algo que está instalado en el ambiente político nacional por sus errores y deficitarias instalaciones en sus cargos. Quizá en La Moneda tomaron nota de la afirmación de la senadora Ximena Ossandón quien afirmó que al Presidente Kast “el país no lo va a medir por mantener un gabinete un largo tiempo, sino por tener a los mejores en el”.
Hugo Guzmán. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 10/5/2026. Claudio Alvarado, el actual ministro del Interior, duró 52 días como titular del Ministerio Secretaría General de Gobierno, en la segunda administración del presidente Sebastián Piñera. Andrés Zaldívar, a cargo de Interior, llegó a estar 120 días en ese puesto, en el gobierno de la expresidenta Michelle Bachelet, e Izkia Siches, permaneció 179 días al frente de esa cartera, durante la administración de Gabriel Boric.
Fuero situaciones de impacto político, generadas por errores y deficiencias de gestión. Se trató del síndrome de la extirpación rápida que puede afectar a un gabinete ministerial. En estas semanas, ese síndrome podría tocar a las actuales ministras de Seguridad Pública, Trinidad Steinert, y vocera de La Moneda, Mara Sedini.
Y es que ambas funcionarias del gobierno de José Antonio Kast quedaron expuestas ante la opinión pública y frente a fuerzas políticas tanto oficialistas como opositoras por cuestionamientos a sus salidas comunicacionales, sus gestiones ministeriales y episodios de alta controversia, que serían causales para una salida de sus puestos considerando experiencias de gobiernos anteriores.
Revisando hechos ocurridos durante gobiernos de Bachelet, Piñera y Boric, aparecen los casos de Alvarado que tuvo que irse ante el fracaso de impedir el acuerdo en el Congreso para los retiros de fondos previsionales; Zaldívar tuvo problemas con La Moneda y el oficialismo de entonces por la forma en que abordó las movilizaciones y demandas de los estudiantes en la “Revolución Pingüina”; Siches vivió el desastroso episodio de Temucuicui donde fue recibida con disparos, y luego cometió un error en entrega de información sobre un vuelo de migrantes. Los tres pagaron con su salida.
Otros episodios del síndrome de la extirpación rápida ocurrieron en los casos de Fernando Echeverría, que duró sólo tres días como ministro de Energía, y tuvo que irse por conflictos de interés, al estar relacionado con empresas privadas del sector; Mauricio Rojas estuvo tan solo cuatro días a cargo del Ministerio de las Culturas y el Patrimonio, una vez que se estableció que había señalado que el contenido del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos era “un montaje”; Macarena Santelices alcanzó a estar 34 días como titular del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, por declaraciones a favor de la dictadura, un caso no abordado por ella de acoso sexual y posturas sexistas; Jorge Insunsa no pasó de 27 días como ministro de la Secretaría General de la Presidencia, criticado por sus asesorías e informes a consorcios privados.
Situaciones que afectaron a gobiernos de distinto sello político, y donde se impusieron criterios de transparencia, control de gestión, consideración de errores y despeje de problemas para la administración de turno.
Malos números
Esos factores estarían presentes hoy en los casos de Trinidad Steinert y Mara Sedini.
Es así que, por ejemplo, en la cuarta edición del estudio “Pentágono Ministerial” del centro de estudios Attalus, Sedini tuvo la evaluación más baja de todo el gabinete, con 2.3, registrando los peores números en valoración de gestión, confianza, cercanía y conocimiento.
Igual de mal le fue a Steiner, con 2.5, quien cayó desde el cuarto lugar de ese estudio al nivel del piso. Se resaltó su incapacidad de instalar el tema de seguridad como prioridad, y obtuvo mala calificación, al igual que la vocera, en gestión, confianza, cercanía y conocimiento.
Ambas, por lo demás, marcaron en el último tiempo las más negativas posiciones en toda encuesta conocida, con una mala evaluación de sus desempeños, ganando en las posiciones de desaprobación.
Tanto la ministra de Seguridad Pública como la ministra vocera de Gobierno, transitaron en los primeros 50 días de la administración de Kast por caminos del bochorno y las críticas a sus respectivas gestiones, recibiendo dardos desde la oposición, algunos desde el oficialismo, columnistas y académicos.
Steinert, episodios enrarecidos y polémicos
Trinidad Steinert enfrenta críticas por la palidez y pocos avances en materia de seguridad y no estar cumpliendo con las expectativas trazadas por el gobierno en esta materia. De acuerdo a versiones de prensa, estaría por sufrir un cuestionamiento implícito desde la Contraloría General, al considerarse improcedente el despido de la jefa de Inteligencia de la PDI, lo que, según indagaciones y análisis, habría sido exigido por la ministra al jefe de la policía civil, caso que nunca quedó del todo claro en cuanto al rol de la funcionaria.
También en estos días, la titular de Seguridad Pública tuvo que reconocer el error comunicacional de su cartera al difundir en X un mensaje donde se afirmó que “Mientras el Gobierno anterior salía a balazos de Temucuicui, la ministra Steinert salió con 5 detenidos”, haciendo una comparación -más de campaña electoral que de función pública- sobre el episodio vivido por Izkia Siches y el reciente operativo en esa zona. El mensaje tuvo que ser borrado.
Otro momento controversial y delicado vivió Trinidad Steiner, cuando el diario La Segunda publicó una nota donde se informó que ella había conformado la sociedad “Inmobiliaria e Inversiones El Yunke Limitada” con su exesposo, Rodrigo Irrazabal, quien como abogado habría defendido a imputados por narcotráfico. La ministra declaró que esa sociedad “nunca tuvo movimientos”, pero desde el vespertino se indicó que “no es preciso” lo dicho por la funcionaria ya que “la sociedad Yunke Ltda. sí tuvo movimientos. De hecho, presentó contabilidad al Servicio de Impuestos Internos en 2002”. Ese episodio no quedó ahí, y se produjo un roce entre la titular de Seguridad Pública y La Segunda, ya que cuando ese medio dio a conocer la sociedad de Steiner con su exmarido, la ministra afirmó: “Una reflexión: en política no todo vale”. A lo que el diario respondió en un editorial, que la funcionaria incurrió “en una confusión al adjudicar a la información periodística ( ) el carácter de una operación política”.
Las críticas incluyeron mal posicionamiento comunicacional de la ministra y cuestionamientos a puestas en escena e incumplimiento de funciones, como cuando llegó con chaleco antibalas a un campamento de pobladores en el Cerro Chuño en Arica, o como cuando no concurrió a la citación en la Comisión de Hacienda del Senado para discutir la modernización de Carabineros. Ella misma hizo alusión a que “la falta de experiencia es un error que debo asumir” y que ha “faltado saber comunicar” bien su labor de estos casi dos meses en el cargo, pese a que quiso traspasar las críticas al apuntar a la “ansiedad” de la ciudadanía los cuestionamientos a su trabajo inicial.
Mara Sedini y seguidilla de traspiés
La ministra Mara Sedini tiene una seguidilla de errores y episodios polémicos a su haber, de todo lo que se pueda pedir. Desde fallas ortográficas en sus publicaciones en redes sociales a continuas fallas en la oratoria; en un mensaje de su vocería se colocó “suspención” con c, no con s, y en un punto de prensa indicó que el gobierno estaba “trabajando contra la seguridad”.
En los errores se cuentan episodios como afirmar que el exdirigente del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, Galvarino Apablaza, estaba “condenado” por el asesinado del exsenador Jaime Guzmán, lo que es falso; también estuvo equivocada cuando dijo que el precio del barril de petróleo en España estaba a 2 euros, cuando el precio oscilaba alrededor de los cien euros; incurrió en una mentira cuando afirmó que “el Partido Comunista…cree en la lucha armada. No lo digo yo, lo dicen en sus principios”, lo que resultó falso al leerse la Declaración de Principios de esa colectividad.
Uno de los bochornos más complicado de la titular del Ministerio Secretaría General de Gobierno, fue la difusión de la frase el “Estado está quebrado”, que provocó un transversal rechazo e incluso ministros dijeron no estar de acuerdo con esa definición. No sólo eso, sino que la Contraloría General instruyó un sumario administrativo en la cartera a cargo de Sedini porque la difusión en redes sociales institucionales de la frase, no cumplió con los estándares y se tiene que explicar el “fundamento normativo…y los sustentos fácticos de las afirmaciones contenidas en la publicación” de esa comunicación. El tema fue doblemente bochornoso para Mara Sedini ya que ella, como ministra, no fue la autora de la frase y más bien siguió una instrucción que vino de Cristian Valenzuela, jefe estratégico de comunicación y contenidos del segundo piso presidencial. Una ministra obedeciendo a un asesor. Las piezas comunicacionales de La Moneda incluyeron párrafos como “a nuestro país no lo detiene una guerra que impacta ni un Estado quebrado por una mala administración pasada” y “nos dejaron un Estado sin plata, endeudado y quebrado”. Uno de los peores momentos de la vocera de gobierno.
Un hecho que llegó hasta el nivel de memes para la risa se produjo cuando la ministra salió corriendo por escalares internas del palacio de La Moneda para evadir a los periodistas. En el colmo de lo que puede ocurrirle a una vocera o un vocero, el Presidente Kast tuvo que salir a defenderla y apoyarla ante los cuestionamientos por su mala gestión. El mundo al revés, porque uno de los roles clave de voceros o voceras presidenciales, es precisamente defender a un mandatario o mandataria, reforzar su mensaje y posicionamiento. Aquí fue lo contrario, algo insólito.
“El país no lo va a medir por mantener un gabinete un largo tiempo, sino por tener a los mejores”.
Frente a las situaciones vividas por Steinert, Sedini y otras ministras del gabinete ministerial, la coordinadora del Observatorio de Género y Equidad, Teresa Valdés, en entrevista con ElSiglo.cl, señaló que “sin duda que para las mujeres es difícil el trabajo, pero hay situaciones que no tienen que ver con el hecho de ser mujer, sino con el hecho de la gestión que están realizando”. Y añadió que “es lamentable, pero las ministras que puso este presidente tienen muy poco peso, tienen muy poca trayectoria, son muy poco políticas”.
La diputada Ana María Gazmuri, hizo ver que “ha sorprendido la pobreza comunicacional, expresiva y lingüística de las y los ministros, de las y los voceros, la falta de capacidad, de explicar las cosas adecuadamente, particularmente la vocera de La Moneda, para qué decir, no vamos a profundizar en eso, es de público conocimiento”. Y agregó: “La verdad es que han sido lamentables las vocerías, me extraña hasta la Ministra de Seguridad, que pone más nerviosa a la gente, las deja más inseguras que seguras”.
La senadora de Renovación Nacional, Paulina Núñez, hablando de deficiencias en gestiones y vocerías, señaló que, a nivel de ministras y ministros, “algunos están gobernando y otros están aprendiendo”, mientras otros legisladores y dirigentes de partidos de la derecha y la extrema derecha remarcaron en las últimas semanas que hay que mejorar las vocerías, las coordinaciones, que se tiene que notar más el liderazgo del mandatario, que hay que superar descuadres y mejorar las comunicaciones.
Como sea, a estas alturas resaltan los casos de Trinidad Steinert y de Mara Sedini a la hora de negativas evaluaciones del gobierno, desde su instalación a lo que a estas alturas ya sería el normal funcionamiento de la administración.
El rumor en los pasillos de la política apunta a ambas ministras que, por ejemplo, son continuamente señaladas cuando se especula sobre cambio de gabinete ministerial que, mirando a otros gobiernos, perfectamente se puede producir a pocos meses de gestión.
Quizá en La Moneda tomaron nota de la afirmación de la senadora Ximena Ossandón quien en entrevista con La Tercera afirmó que “el Presidente tiene que hacer los cambios de gabinete cuando él estime pertinente, independiente que sea al primer, al segundo o al tercer mes…El país no lo va a medir a él por mantener un gabinete un largo tiempo, sino por tener a los mejores en el”.
