Las medidas restrictivas de Ortiz, los traspiés de Sedini, las controversias de Steinert, las decisiones de Rabat, los embrollos de Pérez, los enojos de Poduje, marcan un escenario complicado para el gabinete ministerial de José Antonio Kast. Un efecto de los problemas es que en la semana que se inicia, casi todos están citados a rendir cuentas al Congreso. Es plausible pensar que en la rápida caída de aceptación del gobierno de Kast, jugaron un papel al menos una decena de sus ministras y ministros. Muchos de los temas controversiales en torno de ellos, continúan como negativos flancos abiertos.
“El Siglo”. Santiago. 5/4/2026. Por sus dichos y acciones, varias ministras y varios ministros están, apenas a tres semanas de asumir sus cargos, en medio de polémicas y cuestionamientos.
Entre ellas y ellos, la vocera de gobierno, Mara Sedini, la titular de la Mujer y Equidad de Género, Judith Marín, el jefe de Hacienda, Jorge Ortiz, Iván Poduje a cargo de Vivienda y Urbanismo, la encargada de Seguridad Pública, Trinidad Steinert, el Canciller, Francisco Pérez, y el titular de Justicia y Derechos Humanos, Fernando Rabat.
Junto a las críticas a sus vocerías y errores o traspiés comunicacionales, los dardos apuntan a decisiones respecto a políticas a implementar con el sello ultraconservador de la administración de José Antonio Kast. Se están presentando problemas de forma y de fondo.
Reflejo de lo anterior es que para la semana que se inicia, están citados al Congreso un grupo de ministras y ministros para dar cuenta de sus actos. Desde la oposición e inclusive desde el oficialismo, hay dudas y críticas en cuanto a gestiones ministeriales. Para presentarse en comisiones del Legislativo y otras instancias, fueron citadas y citados, entre otros, las y los titulares de Hacienda, Jorge Ortiz, de Justicia, Fernando Rabat, de Medio Ambiente, Francisca Toledo, de Defensa, Fernando Barros, de Salud, May Chomalí, la vocera Mara Sedini (a comisión de Cultura), Ximena Rincón, titular de Energía, y de Vivienda, Iván Poduje.
Se evidencia que se le apareció al gobierno de Kast el fantasma de una mala partida de gestión, ni siquiera llegando al primer mes al mando del país. En eso aparecen con responsabilidad varias y varios integrantes de su gabinete, como Sedini, Marín, Ortiz y Rabat. Un dato de la causa es que en los últimos días, el propio Presidente Kast tuvo que salir a defender y apuntalar a dos ministras (Vocera y Seguridad) ante los extendidos y difundidos reproches a sus actuaciones.
Ministras y ministros sacados al pizarrón
Jorge Ortiz es uno de los que está en el ojo del huracán por las decisiones tomadas desde Hacienda como quitarle el 3% de presupuesto a todos los ministerios, decretar el alza en el precio de los combustibles y promover el proyecto para reducirle el pago de impuestos a las grandes empresas. Sin olvidar que en algunas de las medidas se tuvo que echar marcha atrás, como la reducción de dineros para ministerios, empezando por dejarlo en nada en el caso de Seguridad Pública, lo que podría extenderse a otras carteras. Es claro, en todo caso, que detrás de las decisiones de Hacienda está directamente ligado el Presidente Kast, al punto que se afirma que Ortiz no es más que “el escudero” del mandatario. Las críticas a Ortiz han sido transversales e incluyeron la exigencia de la senadora Daniella Cicardini de que renuncie al cargo. En lo comunicacional, a Jorge Ortiz se le define como prepotente, agresivo, y quizá él pensó que lo hacía bien, pero no cayó muy bien que dijera que no quiere ser simpático, ni popular, mostrando cero empatía con los negativos efectos hacia la ciudadanía por sus decisiones. De hecho, legisladores del oficialismo plantearon que había otras formas de comunicar las malas noticias. Por lo demás, no logró instalar una buena relación con las y los legisladores.
Judith Marín abrió un delicado flanco cuando despidió -aunque se precisó que la orden provino de la presidencia- a Priscilla Carrasco, directora del Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género (SernamEG), en circunstancias que la funcionaria estaba con un cáncer en desarrollo, provocando un rechazo transversal a la medida tomada, calificándola de inhumana, improcedente, arbitraria y hasta poco cristiana, aludiendo al compromiso religioso de la ministra de la Mujer y la Equidad de Género. El ministro del Interior, Claudio Alvarado, tuvo que salir a señalar que “estaba en pausa” el despido, conocida la licencia médica de Carrasco. Pero el bochorno se instaló con fuerza. Comunicacionalmente hay una instalación de que Marín no avanzará en derechos de las mujeres, por su oposición, por ejemplo, al proyecto de aborto legal, y a derechos sexuales y reproductivos.
Semanas convulsas para Trinidad Steinert. La salvó que La Moneda echara atrás la baja del 3% de presupuesto del Ministerio de Seguridad Pública, porque el no gastar 72 mil millones de pesos en el área le estaba afectando en su gestión. Sin embargo, el aumento del 20% de homicidios (en comparación a igual período en 2025), una seguidilla de hechos criminales y violencia a lo largo del país, así como el señalamiento a que no se ven acciones concretas en seguridad pública, a pesar del “gobierno en emergencia” (incluidas críticas desde la derecha y medios afines), la tienen en la mira. Otro flanco que tiene complicada a Steinert es la baja que se ordenó de la Prefecta Consuelo Peña, que se desempeñaba como Subdirectora de Inteligencia de la PDI. Resulta que hay todo un entramado bochornoso en el caso, donde al final de cuentas no está claro el rol que jugó la ministra en esa destitución y donde podría existir incluso motivaciones personales de su vínculo con un detective. Hay indicios de que Steinert se metió en asuntos internos de la PDI. Comunicacionalmente se le ve dubitativa, poco fluida y con imágenes algo torpes, como presentarse en un campamento con chaleco antibalas.
Fernando Rabat -a quien se sigue criticando por haber sido abogado defensor del dictador Augusto Pinochet- está a cargo de la cartera desde donde fueron despedidas tres funcionarias de la Unidad de Programas de Derechos Humanos y Plan Nacional de Búsqueda, lo que acentuó la inquietud de que este gobierno hará poco o nada en la búsqueda de más de mil 400 restos de detenidos desaparecidos. Si bien esa decisión estuvo en manos de la Subsecretaría de DDHH, claramente debió pasar por la aprobación de Rabat quien, además, dio el respaldo al retiro desde Contraloría del Tercer Plan Nacional de Derechos Humanos (PNDH) 2026-2029. Este ministro ya se ganó la desconfianza de las agrupaciones de familiares de ejecutados y detenidos desaparecidos y de colectivos de derechos humanos y Sitios de Memoria. En su momento se hizo ver que es absolutamente contradictorio que el ministro de Justicia y Derechos Humanos haya defendido a Pinochet en causas de violaciones a los DDHH y por delitos de corrupción. Un flanco que Rabat mantiene y posiblemente mantendrá abierto. Además, este ministro tendrá que encarar el tema de los indultos a violadores de derechos humanos y autores de crímenes de lesa humanidad que podría promover el jefe del Ejecutivo.
El encargado de Vivienda y Urbanismo no sorprendió porque es conocido su estilo confrontacional y agresivo, lo que se vio en estas semanas en peleas que tuvo con vecinas y vecinos al visitar campamentos y villas y querer explicar la demolición que se hará de casas levantadas en zonas afectadas por fenómenos naturales. Sus enojos incluyeron el decirle a un poblador que mejor se fuera del país, acusar a una pobladora de proteger a una empresa constructora, y acusando “fanatismo ambiental”. Iván Poduje abrió un intenso debate al anunciar que no se expropiarían terrenos de Colonia Dignidad, que fue un centro de detención, tortura y desaparición durante la dictadura. Desde el punto de vista comunicacional es uno de los ministros más riesgosos para el gobierno y el oficialismo.
Sobre la vocera de La Moneda nadie sostiene que esté bien posicionada, por el contrario, hay versiones de que no está firme en el cargo, que está a prueba o, cuando menos, “en marcha blanca”. Tiene, en redes sociales, un verdadero récord de memes burlándose de sus vocerías, lo que incluye una huida de los reporteros por escaleras de La Moneda. Tiene claros problemas de construcción de frases, un deficiente uso de la gramática, ha cometido errores como decir que en España el barril de petróleo estaba a dos euros o que Galvarino Apablaza estaba “condenado” por el asesinato del senador Jaime Guzmán; situaciones nada menores tratándose de quien transmite las comunicaciones de La Moneda. Se vio envuelta en un bochorno con aquella cuña de que “el Estado está quebrado” porque a parte del desliz mediático, se comprobó que la están pauteando desde el Segundo Piso presidencial, a pesar de que ella es la ministra vocera. Las cosas no andan muy bien para Mara Sedini, al punto que el Presidente Kast tuvo que salir a defenderla y decir que confía en ella.
Aunque sin mucho impacto mediático, el Canciller Francisco Pérez tuvo que cargar con la decisión de Kast de no respaldar la candidatura a la secretaría general de Naciones Unidas de la expresidenta Michelle Bachelet, lo que tuvo un efecto político y diplomático negativo para el gobierno, al punto que personeros de la derecha sostuvieron que habrían apoyado a Bachelet. Un punto algo bochornoso fue que el comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores dio como razones para no continuar con el apoyo a la postulación de la exmandataria, como que había muchos candidatos en carrera y que se gastaría mucho dinero.
Es plausible pensar que en la rápida caída de aceptación del gobierno de Kast, jugaron un papel al menos una decena de sus ministras y ministros. Muchos de los temas controversiales en torno de ellos, continúan como negativos flancos abiertos.
