“Las expresiones de la extrema derecha han puesto la batalla cultural al centro de sus discursos”: Paulo Slachevsky

Compartir

El fundador de la conocida editorial LOM, añade que ese sector ideológico se dio cuenta que “vía relatos, por los medios, por los libros, por las redes, se pueden construir y naturalizar visiones de mundo en las y los ciudadanos”. En esa línea sostiene que “ideas del orden, posiciones racistas, concepciones autoritarias, se van a instalar con mayor fuerza desde este gobierno, ellos van a potenciar su batalla cultural”. En contrapunto, apunta a que en la izquierda “ha faltado una mirada y una respuesta sobre esto, una mirada crítica, una apuesta propia. Falta potenciar sus relatos, sus ideas y sus capacidades, y no permitir que la manipulación se instale o que la extrema derecha gane la batalla cultural”. Enfatiza que “para construir un país más justo y humano, con derechos, hay que apostar por una construcción cultural diferente”, que es “una batalla primordial y requiere una voluntad política que en Chile ha faltado”. El también periodista y fotógrafo señala que, en este contexto, “hay muchas y muchos que han sido ganados por una tecnoutopía que apunta a que todo pasa por las redes sociales, a que estés conectado, y han dejado de lado las expresiones más clásicas y totalmente vivas y vigentes de la cultura”. Sostiene que “falta una conciencia por parte de los actores del mundo político, por parte de las instituciones públicas, y de apostar mucho más por los actores locales, por una independencia cultural, por un anticolonialismo, considerando que el colonialismo cultural sigue existiendo muy fuerte. Falta promover que seamos un país productor a nivel cultural, generador de cultura”.

Hugo Guzmán. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 15/3/2026. La extrema derecha está hablando mucho de incentivar la batalla cultural. Eso solía promoverlo la izquierda.

Los movimientos de la extrema derecha, las expresiones de la extrema derecha, han puesto la batalla cultural al centro de sus discursos porque se han dado cuenta que vía relatos, por los medios, por los libros, por las redes, se pueden construir y naturalizar visiones de mundo en las y los ciudadanos. Ese discurso de que “el país se cae a pedazos”, que fue base en la campaña de (José Antonio) Kast no se afirmó en nada consistente, pero logró instalarse porque controlan los medios, porque usan las redes, porque trabajan sobre la batalla de ideas, construyen estrategias y discursos para representar ideas. En cuanto a la izquierda, ha faltado una mirada y una respuesta sobre esto, una mirada crítica, una apuesta propia. Falta potenciar sus relatos, sus ideas y sus capacidades, y no permitir que la manipulación se instale o que la extrema derecha gane la batalla cultural. Cómo aborda la extrema derecha la batalla cultural y la perspectiva desde la izquierda, diría que hay miradas radicalmente diferentes. Mientras una busca instalar el miedo y el odio a los otros, el nacionalismo y el individualismo, desde la izquierda predomina una mirada de la cultura como un espacio liberador, que permite ponerse en la piel de las y los otros, construyendo comunidad, potenciando las capacidades de cada una y cada uno.

Después del discurso de Kast en Europa, cuando era presidente electo, se ve que ellos se van a preocupar mucho de la batalla cultural.

Se han preocupado hace rato, lo han hecho explícito en muchos de sus discursos, de proyectos y, sin duda, se abre un escenario donde, por ejemplo, los temas de la memoria, de los derechos humanos, de la diversidad, de los derechos, van a quedar desplazados, donde las lógicas de las ideas y los temas de la extrema derecha se van a naturalizar mucho más. Ideas del orden, posiciones racistas, concepciones autoritarias, se van a instalar con mayor fuerza desde este gobierno, ellos van a potenciar su batalla cultural.

En estos tiempos, desde la izquierda se menciona que las derrotas políticas y electorales tienen que ver con derrotas culturales. Pero se observa una contradicción, porque no se ve una preocupación real, prioritaria en este tema.

Cuesta entenderlo. Fíjate que si vemos los inicios del movimiento obrero, de los partidos de izquierda, de los movimientos revolucionarios de diversas banderas, lo primero que hacían era crear su periódico, su medio de comunicación propio, hacer teatro, ver cómo difundir sus ideas, sus textos. Apostaban a que por ahí se iba generando conciencia, respaldo, simpatía, y se podía trabajar para cambiar el estado de las cosas. Hoy, cuando es evidente que vía las redes sociales, las plataformas, el control de los medios de comunicación, se instalan las ideas conservadoras, de la extrema derecha, se instalan versiones falsas como si fueran las realidades, la izquierda abandonó ese camino y cuesta entenderlo.

Podrían hacer uso de las nuevas tecnologías, de los instrumentos digitales, junto a los medios de comunicación propios, herramientas más tradicionales, o el incentivo del teatro, del libro, de la cultura.

Por supuesto, ahí está. Articulando, combinando, usando nuevas tecnologías y soportes más tradicionales. Hay que combinar. Eso lo hace la extrema derecha. La única razón para no hacerlo o que me explicaría un poco es, en el fondo, un total entreguismo. Esa idea de que es mejor tratar de publicar en los medios de ellos, de los otros, es mejor estar en las redes de ellos que potenciar, desarrollar y usar espacios propios. El problema es que el costo de eso, a mediano y largo plazo es total. Bueno, ya lo vemos.

Estoy recordando que hace unas semanas estuvo Salma Hayek, la actriz mexicana, en una actividad junto a la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, valorando la decisión del gobierno de apoyar a la industria del cine mexicano. Hay un incentivo a medios de comunicación alternativos, incluso en considerarlos en las coberturas. Hay ejemplos de eso en otros países, en otros proyectos de la izquierda.

Es evidente que hay mecanismos y caminos desde los Estados para promover la cultura, los medios alternativos, eso es claro, pero requiere de voluntad política. No es fácil, pero para construir un país más justo y humano, con derechos, para construir un horizonte diferente, hay que apostar por una construcción cultural diferente, por un espacio en los medios que sean diferentes, sin ello es casi una batalla imposible. Si bien eso tiene dificultades de recursos, que la derecha te va a presionar, la dificultad de que hay que enfrentar las lógicas dominantes, de los grandes consorcios dominantes, es una batalla primordial y requiere una voluntad política que en Chile ha faltado, eso en Chile no se ha dado y tiene un costo enorme en la política diaria y que se expresa en los triunfos y las instalaciones de la extrema derecha. Además, decirte que la cultura no se limita a las expresiones culturales y menos al quehacer de las industrias culturales. Las políticas culturales sin duda deben atender los diversos sectores, como el libro, el cine, la música, el teatro, pero por sobre todo deben promover más allá de una democratización cultural, el avanzar hacia una democracia cultural, donde todos seamos efectivamente protagonistas en el que hacer cultural. En tal sentido no podemos quedar encerrados en un tema de consumo cultural.

Hay comentarios recurrentes. Que la gente no lee, que a la gente no le gusta el teatro -aparte que es muy caro ir a funciones-, que la gente no le interesan los libros, que todo radica hoy en las redes sociales. Eso parece afectar a la extensión de la cultura. Hay todo un tema allí.

Creo que hay muchas y muchos que han sido ganados por una tecnoutopía que apunta a que todo pasa por las redes sociales, a que estés conectado, y han dejado de lado las expresiones más clásicas y totalmente vivas y vigentes de la cultura, como el libro, el teatro, la música. Al final, desde esa perspectiva, terminan apoyando políticas culturales como algo obligado, con una mirada romántica, sin mayor impacto, lo que me parece un brutal error. Antonio Gramsci, encerrado en la cárcel del fascismo italiano, decía que todos somos intelectuales, todos tenemos cerebro, pero en ese cerebro se pueden instalar las ideas dominantes en la sociedad que vivimos, o podemos instalar nuestras ideas, nuestra propia mirada del mundo e intervenir sobre el mismo. Esas ideas, esas palabras, eran verdades ayer y son verdades hoy, y cuando no apostamos, por ejemplo, a que las niñas y los niños potencien sus capacidades críticas, donde la lectura es un elemento fundamental, estamos posibilitando que la gente muy fácilmente caiga en lo que hoy domina, las fake news, los mensajes fragmentados y manipulados, se caiga en discursos de odio, racistas, discriminatorios, y se instalen excusas falaces respecto de los problemas que tiene la gente en su vida cotidiana. Eso es un clásico, fue un clásico en la persecución a muchas culturas, en la persecución que ejercieron los nazis, y sabemos que fue en base a mentiras, a estigmatización, a construcciones discriminatorias, que solamente se enfrentan con educación, con desarrollo cultural, con capacidad crítica, con tener medios propios que den cuenta de otras miradas. En este plano, hoy, hay un gran abandono de la izquierda y del progresismo en nuestro país y muchas partes del mundo.

Tú eres parte del proyecto editorial de LOM. ¿Cómo caracterizarías la industria editorial, del libro, hoy en Chile?

Hace muchos años hemos vivido una explosión de nuevas editoriales, de nuevas librerías, de ediciones independientes. Desde la Asociación de Editores de Chile trabajamos muy fuertemente, desde que se creó, por una política nacional del libro que aborde sistémicamente los desafíos que tiene el libro de lectura y colocarlo en un sitio mucho más central en Chile. Se instaló la política nacional del libro en el segundo gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, se avanzó en varias cosas, pero estamos lejos de que se le haya dado al libro la importancia que tiene en una sociedad. A partir de la generación del movimiento estudiantil de 2011 se vieron muchos proyectos de nuevas editoriales, de gente que apostaba por el libro, y eso provocó una enorme diversidad editorial. Pero, en general, gran parte de estos proyectos viven en una gran precariedad porque no ha crecido a la par la lectoría en Chile. Han crecido más los proyectos en torno de los libros, de gente que se la ha jugado por la edición de libros, de lo que ha crecido la cantidad de gente que lee libros.

Frente a eso de que “la gente ya no lee”, nosotros en El Siglo acuñamos una frase, “Queremos que leas”, como incentivando a romper aquello y que se comprenda lo útil de la lectura. ¿Qué hacer para que la gente lea?

Ese es uno de los grandes desafíos que tenemos, es complejo y difícil en los tiempos que vivimos. Pero, por ejemplo, un punto básico es que en el sistema educacional se le de más importancia al libro y a la lectura, es empezar en la base. En la Educación se gastan cientos de millones de pesos en imprimir y repartir manuales de textos que muchas veces no son muy utilizados, pero no se invierte, no se potencia la posibilidad del libro, de la lectura libre y diversa. Que en vez de tantos libros de texto, se repartan diversidad de libros, no un libro, diversos libros y se apueste a generar la curiosidad, el entusiasmo en la lectura. Para motivar la lectura hay que empezar en el sistema educativo, y potenciarlo a todos los niveles. El libro de lectura, la comprensión lectora, juega un rol fundamental en el desarrollo educativo de las personas a través de toda su vida. Pero la curriculirización de la lectura dentro de los programas educativos, el dejar de lado las bibliotecas, no ayuda. El esfuerzo por motivar la lectura es mínimo en relación a la importancia que tiene para realmente potenciar las capacidades de las personas. Sin dejar de lado que hay que motivar la lectura en todas las personas, de todas las edades.

¿Tener bibliotecas en los territorios, tener metodologías para incentivar la lectura?

Eso es un paso fundamental. Hay que reconocer que se han multiplicado las bibliotecas públicas a través del país, en una política de que en las comunas de todo el país existan bibliotecas, pero no se apuesta a la diversidad en ellas. A la vez que se fomenta desde la institucionalidad la biblioteca que depende de una Municipalidad, o directamente del Ministerio de las Culturas, se deberían motivar las bibliotecas populares más arraigadas al territorio, ahí falta una apuesta. También falta contar con monitores en esos territorios, en las comunas, que incentiven la lectura, que la promuevan, los cuenta-cuentos por ejemplo. Llevar a las escritoras y los escritores a las escuelas, a las salas de clases, ampliar los programas de motivación de la lectura, buscar una relación viva, más cercana, del libro y la lectura con los niños y los jóvenes.

En Chile, como en todos los países de América Latina, hay grandes editoriales trasnacionales, que están en la industria y el mercado del libro, ¿tiene un efecto negativo para el desarrollo de la industria nacional del libro?

Claramente el dominio de los grandes grupos de la industria del libro y cómo transforman todo en un comercio, cómo transforman el libro básicamente en una mercancía, genera un profundo daño en la relación del libro como objeto cultural. Por eso nuestra asociación del libro surge en resistencia frente a esa brutal concentración y transformación de la cultura en una lógica de mercado. Ahí falta una conciencia por parte de los actores del mundo político, por parte de las instituciones públicas, y de apostar mucho más por los actores locales, por una independencia cultural, por un anticolonialismo, considerando que el colonialismo cultural sigue existiendo muy fuerte. Falta promover que seamos un país productor a nivel cultural, generador de cultura. En los años sesenta se hablaba del intercambio desigual, los países del norte nos enviaban tractores y nosotros enviábamos frutas; hoy casi no se habla del intercambio desigual, sin embargo, se ha multiplicado de manera brutal. Nos mandan unos chips y nosotros seguimos mandando fruta o minerales. Justamente para romper ese círculo vicioso, es necesario potenciar nuestra producción cultural propia, en los más diversos ámbitos. Por eso, entre otras cosas, es muy importante que exista preocupación y respuesta respecto a la cultura en los proyectos de izquierda y progresistas. Porque por ahí pasa también que tengamos independencia como país, tengamos capacidad para generar riquezas propias, y no estar dependiendo de los desarrollos tecnológicos, cognitivos y culturales de los países del norte.

¿Seguimos con el tema del impuesto a los libros?

Por supuesto, el 19% del IVA al libro. Es uno de los más altos en el mundo. Casi todos los países europeos tienen un IVA diferenciado de 4 o 5 por ciento, que es en lo que nosotros insistimos aquí en Chile, sobre todo desde el inicio de la política del libro de lectura, pero lamentablemente no hay ninguna voluntad de generar este cambio. Evidentemente el tema del IVA no lo resuelve todo, pero es un ejemplo de una medida que no sólo tendría un impacto económico, de incentivo de la lectura, sino que tendría un gran peso simbólico diciendo desde el Estado que la cultura, el libro, no puede ser tratado como cualquier objeto.