La Ley de Reconstrucción Nacional solamente viene a confirmar y profundizar sus ímpetus de renovación del neoliberalismo criollo.
Hernán González. Profesor. Valparaíso. 8/4/2026. En días recientes, el gobierno de Kast ha subido el tono y el riesgo de sus apuestas. La Ley de Reconstrucción Nacional solamente viene a confirmar y profundizar sus ímpetus de renovación del neoliberalismo criollo. Para sus fanáticos razonamientos, el crecimiento económico funciona con piloto automático y nunca va a ser suficiente para satisfacer la codicia de los grandes empresarios. Los números son sagrados y no importa lo que pase en la realidad sino solamente que estos cuadren, aun cuando aquella sea un mar de lágrimas o esté en llamas.
Por cierto, esta forma de razonar de los economistas neoliberales como Quiroz, su Ministro de Hacienda -lo que en principio se expresa en una lógica impecable que es lo único que le interesa- no le dice mucho a los populáricos que ven como sus escuálidos ingresos se van en puro pagar deudas.
Resulta un caso digno de análisis cómo ello no tiene todavía una expresión material, es decir en un estado de crispación y movilización social mayor y se manifieste solamente a través de mediciones, supuestamente, objetivas de la “opinión pública”.
Para la derecha y los liberales de diversas denominaciones -entre ellos Brunner, Tironi y un par más de antiguas glorias del liberalismo social-, es solamente producto de la conformidad de la sociedad con el actual orden de cosas. Pero como escribió Goethe “gris es el árbol de toda teoría y verde el árbol de oro de la vida”. Las razones son mucho más complejas que aquellas que se despechan el asunto con un par de encuestas o galimatías sociológicos.
Primero, el control de los medios de comunicación de masas por parte de la derecha, los empresarios y los sectores conservadores. Y esto no es una “tesis”. El nivel grotesco de concentración de la propiedad de los medios no es teórico ni su línea editorial pura buena intención. El actual gobierno, además, ha demostrado una aguda comprensión de su naturaleza y una notable capacidad de adaptárseles. Todo el mundo hablando de los intríngulis de la vocera; las pachotadas del ministro de vivienda o los gestos grotescos del propio Kast y la familia presidencial.
Las redes sociales después, los multiplican millones de veces y luego vuelven a ser comentados en los medios tradicionales multiplicándolos de nuevo hasta convertirse en tema de conversación en los trabajos, en los almacenes, en los barrios, consultorios y escuelas. Eso sin considerar que sean materia de chistes y rutinas de stand-up comedy, que los banalizan hasta naturalizar su crueldad.
Pero del contenido reaccionario de su política, apenas un par de declaraciones de desagrado, como si no fuera más que la expresión de un malestar subjetivo, casi un dolor de muelas.
Dicha política, efectivamente, no deja mucho espacio para las interpretaciones. Es un gobierno que partió recortando derechos sociales, incluidos los de la naturaleza, beneficiando impúdicamente a los sectores de más altos ingresos e imponiendo una doctrina de ajuste que tiene al país condenado a un bajo crecimiento del que deben hacerse cargo los más pobres a través de recortes de programas sociales, congelamiento de obras de infraestructura que mejoran su calidad de vida y encarecimiento del costo de la vida. A eso se suma el aumento de la inflación que va a terminar por licuar lo poco que quede de sus ingresos.
Los resultados del plan de Quiroz empiezan a ser evidentes. Y el carácter ideológico de sus impecables razonamientos, también.
Esto, sin embargo, no significa necesariamente que la anomalía que representa el actual gobierno derechista, sea la señal de un cambio de la tendencia política dominante después de las recientes elecciones. Esto nunca va a ser otra cosa que el resultado de una acción reflexionada y resuelta, no la evolución natural de los puros hechos, la acumulación del malestar o la “agudización de las contradicciones”. Antes que eso, como en Argentina, los que actualmente gobiernan están dispuestos, y es posible que lo logren, a arrasar con el medioambiente, los derechos de trabajadores y trabajadoras, arrebatar los derechos que mujeres y divergencias sexogenéricas han logrado arrancar al conservadurismo cultural de nuestra sociedad y que el grupo de fanáticos que hoy gobierna pretende restituir.
Resulta sorprendente por esa razón que al retiro de la ley de negociación multinivel por parte del Ministerio del Trabajo, no le haya seguido ni siquiera una convocatoria al Consejo Directivo Nacional Ampliado de la CUT o de la Asamblea Nacional del Colegio de Profesores al recorte de 3% del presupuesto ordenado por el ministro Quiroz, o los anuncios de los alcaldes de derecha de resistir la implementación de la Ley de Nueva Educación Pública, una acción abiertamente sediciosa. Esto, sin embargo, es solamente un síntoma.
La única manera de enfrentarlo es relevando el rol que debe cumplir una oposición política en democracia. Poner la diferencia y la contradicción. En este caso, a los demagógicos y pomposos anuncios de Kast, Quiroz y cía. de resolver mediante un plan de ajuste brutal problemas que ellos mismos crearon con su política pro-empresarial y que considera la acumulación de dinero y los equilibrios macroeconómicos, los fines últimos de la acción política.
Décadas de neoliberalismo y consenso en torno a la gobernabilidad democrática han terminado por disiparla haciendo de la estabilidad, como decía Lastarria a propósito de la República Conservadora “la palabra mágica que para la opinión pública representaba la tranquilidad que facilita el curso de los negocios, y el imperio del orden arbitrario y despótico”.
