Los lectores de noticias, conductores de programas especiales y animadores de espacios matinales se esmeraron en buscar sinónimos para referirse a la “extracción”, captura, detención o rapto del líder chavista. Ninguno de estos términos es un sinónimo del otro. Asimismo, la idea de referirse a una “operación” militar para evitar hablar un ataque contribuyó a una retórica diferente que le dio variedad a la información sobre el caso.
José Luis Córdova. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 6/1/2026. La televisión chilena tenía el script (libreto) listo para el caso de la agresión norteamericana contra Venezuela. Los comentarios “internacionales” coincidieron en el éxito del ataque armado condenable desde cualquier punto de vista político, ético y social como otro show a los que nos tienen acostumbrados.
Personajes como José Antonio Neme, Juan Manuel Astorga, Mónica Rincón -con excepción de Rafael Cavada- se sobaban las manos este sábado de madrugada haciendo mofa de una situación que muchos vivimos en Chile el 11 de septiembre de 1973 cuando pilotos de la FACH se permitieron bombardear el palacio de La Moneda para derrocar al presidente constitucional Salvador Allende.
En Venezuela, desde la flota norteamericana instalada en el Caribe, se lanzó un ofensiva aérea y terrestre contra instalaciones civiles y militares -donde habrían muerto 90 civiles y militares venezolanos y cubanos- en medio de la cual fue secuestrado Maduro y su esposa Cilia Flores.
Hasta ahora todo indica que una de las formas utilizadas para agredir a un país sudamericano es el pretexto de la lucha contra el narcotráfico, como si la salida de Maduro del poder significaba el término de esta lacra internacional, cuyo mayor consumidor está precisamente los Estados Unidos.
Los lectores de noticias, conductores de programas especiales y animadores de espacios matinales se esmeraron en buscar sinónimos para referirse a la “extracción”, captura, detención o rapto del líder chavista. Ninguno de estos términos es un sinónimo del otro. Asimismo, la idea de referirse a una “operación” militar para evitar hablar un ataque contribuyó a una retórica diferente que le dio variedad a la información sobre el caso.
Inclusive se llegó a autentificar el término “narcoterrorismo” que es una aberración jurídica que refiere a dos tipos de delitos absolutamente diferentes y exigirían procesos judiciales y condenas muy diversas.
Entre algunos “expertos” internacionalistas destacan los atrevidos “calumnistas” Libardo Buitrago y Carlos Zárate, que a menudo desplazan a especialistas en la materia como Raúl Sohr, Lucía Dammert, Guillermo Holzapfel y Alberto Rojas que realmente están en verdad preparados para evaluar este tipo de situaciones.
Varios de estos opinólogos parecen desconocer la historia de las relaciones de los EEUU con nuestro continente y otros dramáticos casos similares en Libia, Irak aparte de Guatemala, Panamá, Granada, Haití, El Salvador, en la era del llamado entonces “el gran garrote” cuando Washington se autoproclamó “gendarme” de toda América.
El gobierno chavista continúa en funciones pese a la ausencia de su líder, las Fuerzas Armadas y de orden, la institucionalidad vigente y el pueblo organizado se mantienen alertas ante los pasos siguientes. No bastan comentarios de matinales -por muy asertivos o divertidos que parezcan- que superen las llamadas “fakes news” (lisa y llanamente mentiras) con las estrategias comunicacionales habituales de nuestros medios de comunicación hegemónicos coordinados y centralizados.
Hasta ahora ni Donald Trump consiguió explicar el término “administración” (para diferenciarlo de ocupación) que pretende aplicar en Venezuela, salvo comprender la relevancia que el presidente norteamericano le da a la recuperación del petróleo, principal riqueza del país para sus intereses comerciales. Se trataría -no de imponer la democracia- sino de reiniciar la explotación directa de los pozos en manos de empresas norteamericanas y embolsarse las ganancias para paliar en parte las nuevas inversiones privadas en Venezuela sin ningún beneficio para su pueblo.
La televisión chilena olvida que, como medio de comunicación, tiene el deber de difundir el pensamiento crítico ante los procesos políticos, económicos, sociales y culturales. Por el contrario, centra su cobertura en la “justa” alegría de la emigración venezolana que salió a las calles celebrando, pero poniendo el centro en la emotividad, el sensacionalismo y el morbo sin respetar el drama humano de un pueblo hermano en el exterior ni en el interior de su país. Típico de la televisión chilena.
