HABLEMOS DE LA TELE. Sin espíritu crítico

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El gobierno de ultraderecha de José Antonio Kast cumple un mes en medio del desorden, el caos, las improvisaciones y los “errores no forzados” (en términos tenísticos). La televisión chilena ha sido -hasta ahora- testigo mudo, irresponsable y también silenciador de las transgresiones, errores y pésimas decisiones de las nuevas autoridades.

José Luis Córdova. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 8/4/2026. El gobierno de ultraderecha de José Antonio Kast cumple un mes en medio del desorden, el caos, las improvisaciones y los “errores no forzados” (en términos tenísticos). La televisión chilena ha sido -hasta ahora- testigo mudo, irresponsable y también silenciador de las transgresiones, errores y pésimas decisiones de las nuevas autoridades.

Los estudios de televisión han mostrado nítidamente que varios animadores de programas, locutores y comunicadores no han dejado de mostrar sus preferencias por el oficialismo o la oposición.

Personajes como José Luis Reppening, Priscila Vargas, Rodrigo Sepúlveda y Davor Djuranovic no han tenido empacho a inclinarse públicamente por las posiciones más reaccionarias y de repudio al anterior gobierno tan democráticamente electo como el actual. Pero durante la administración del presidente Gabriel Boric mantuvieron el recato arguyendo una mentirosa “imparcialidad”.

Hoy en día, curiosamente hay “rostros” que han optado por posiciones “críticas” igualmente sospechosas como los casos de Mónica Rincón, Iván Núñez, Iván Valenzuela y Julio César Rodríguez.

También resulta extrañísimo el cambio de giro de personajes como los supuestos “expertos” internacionales, como Libardo Buitrago, Carlos Zárate, José María del Pino, Andrea Aguilar y la mismísima Constanza Santa María que hoy se permiten criticar abiertamente y hasta mofarse e indignarse en cámara con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Los desaguisados de estas últimas semanas -tanto de Trump como de Kast y sus ministros- han sido tan evidentes que no han podido evitar el llamado “fuego amigo” y la efímera “luna de miel” tradicional luego de la instalación de un nuevo gobierno.

Para colmo, la vocería a cargo de la secretaría general de gobierno en manos de la inexperta actriz, influencer y cantante Mara Sedini “no da el ancho”, según lo reconocen representantes de los partidos oficialistas, dirigentes de la derecha que le solicitan mayor preparación y acuciosidad, sobre todo en pantalla desde La Moneda o en los estudios de televisión.

En tanto, el primer mandatario continúa impertérrito, defendiendo a sus “cachorros” -léase- la exfiscal Trinidad Steiner, Iván Poduje, Judith Marín y -obviamente también- al ministro Jorge Quiroz, quien ha tenido que dar pie atrás, pausar y anunciar cierto gradualismo en una serie de medidas por decreto que se habían anunciado.

Mientras en el Parlamento esperan un gran paquete de medidas anunciados de polémicos y discutibles proyectos de ley para beneficiar a las grandes empresas sin cumplir con el compromiso fundacional de la candidatura de Kast, de llevar adelante un gobierno de emergencia y una rápida reconstrucción de las zonas afectadas por los trágicos incendios de Viña del Mar, Biobío y la Araucanía.

Promesas que se están llevando el viento ante un periodismo que tiende a la parcialidad, la indiferencia y en poner el acento en temas baladíes, de farándula política y haciéndose eco de engaños comunicacionales como que “Chile se cae a pedazos” y que la caja fiscal quedó vacía al terminar el anterior gobierno.

Como ha dicho el inefable sociólogo concertacionista Eugenio Tironi a menos de un mes de gobierno, las encuestas muestran un desplome en el apoyo que superó a la administración de Boric. Lo atribuye a errores de comunicación, a la inhumanidad ante el alza de los combustibles.

El analista arguye que las nuevas autoridades muestran “una severidad que deja entrever cierta suficiencia respecto de sus predecesores”. Pero la crisis desatada por Trump y Netanyahu obligaron el flamante mandatario chileno a modificar su agenda, cambiar sus prioridades, haciendo que los costos lo paguen todos los chilenos, sin que un medio de comunicación masivo tan importante como la televisión tome el mismo palco donde hace precisamente cuatro años se instalara la entonces senadora demócrata cristiana Ximena Rincón, hoy flamante ministra de energía.

Cuando los y las colegas la entrevistan evitan cuestionarla y la dejan limitarse a informar sobre las medidas adoptadas en su secretaría de estado sin espíritu crítico alguno, típico de la televisión chilena.