Crónica del secuestro presidencial que pone en jaque la soberanía de Latinoamérica

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La batalla de los relatos: realidad vs. ficción hegemónica.

Jean Flores Quintana. Analista. Santiago. 6/1/2026.  Caracas amaneció bajo el asedio de helicópteros extranjeros y el colapso del derecho internacional en lo que constituye la fase más cruda de una guerra híbrida: el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa. Mientras la prensa hegemónica intenta blanquear este acto de piratería bajo el rótulo de “justicia”, la realidad revela una operación militar que violenta la soberanía nacional, orquestada por potencias que buscan decapitar al Gobierno Bolivariano para anular la idea misma de autodeterminación.

Desde un Palacio de Miraflores bajo alerta máxima, la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumió la conducción temporal del país con un mensaje de resistencia total: “No se han llevado a un hombre, han intentado robar la dignidad de un pueblo”. Rodríguez denunció que el mandatario se encuentra secuestrado por una potencia hostil, pero enfatizó que la Constitución permanece vigente y que la unidad cívico-militar está preparada para responder con la fuerza de la ley ante cualquier intento de generar caos interno.

Sin embargo, los responsables de este atropello no son solo los comandos que ejecutaron la operación, sino también la intelectualidad cipaya y los sectores timoratos que durante años pavimentaron el camino moral para esta invasión. Al deshumanizar al chavismo y validar narrativas de “narcoterrorismo” sin pruebas, estos actores construyeron la coartada perfecta para que hoy el imperio actúe como juez y verdugo, pretendiendo entregar las llaves de la patria al tutelaje colonial del norte.

La Batalla de los Relatos: Realidad vs. Ficción Hegemónica

Lo que ocurre hoy no es solo una operación militar, es una guerra semántica. Asistimos a un lavado de cerebro global donde el lenguaje es utilizado para anestesiar la reacción pública ante un crimen internacional. Es vital romper los eufemismos y llamar a las cosas por su nombre:

i.No es “Régimen”, es un Gobierno Soberano.

El Relato Hegemónico: El uso obsesivo de la palabra «régimen» busca despojar al Ejecutivo venezolano de su carácter institucional y legal, instalando la idea de un cuerpo ilegal que puede ser «removido» sin formalidades internacionales. La Realidad: Es un Gobierno Soberano con sustento constitucional y reconocimiento ante la ONU. Llamarlo «régimen» es una técnica de guerra cognitiva para justificar que un comando extranjero secuestre a un mandatario, ignorando la voluntad popular de una nación independiente

ii.No es “Extracción”, es Secuestro:

El Relato Hegemónico: Medios como CNN y El País utilizan «extracción» como un término clínico y aséptico para deshumanizar al objetivo, como si se tratara de extirpar un tumor bajo una supuesta precisión quirúrgica. La Realidad: Es un secuestro. El uso de eufemismos busca maquillar un delito de fuerza tipificado internacionalmente —donde comandos someten a una persona contra su voluntad— para hacerlo digerible a la audiencia occidental y ocultar la violencia del acto.

iii. No es “Justicia Universal”, es Extraterritorialidad Imperial: El Relato Hegemónico: Venden el «cumplimiento de la ley» y «órdenes de captura» para sugerir falsamente que los tribunales de Estados Unidos poseen una jurisdicción planetaria sobre cualquier nación. La Realidad: Es la Ley de la Selva. Ningún juez extranjero tiene potestad sobre un Jefe de Estado en su propio suelo; no es justicia, sino el ejercicio arrogante de una nación que actúa como policía global, violando la soberanía jurisdiccional de Venezuela.

iii.No es “Transición”, es Tutelaje Colonial: El Relato Hegemónico: Se impone la narrativa de un «vacío de poder» y la necesidad de un «gobierno de transición» para restaurar la democracia, justificando así la intervención externa. La Realidad: Es un golpe de Estado externo que busca instalar un virreinato administrado desde Washington. No existe vacío legal; existe un gobierno constitucional bajo ataque y una Vicepresidenta en pleno ejercicio de sus funciones.

iv.No es “Comunidad Internacional”, es el Norte Global: El Relato Hegemónico: «El mundo celebra». Titulares que sugieren un consenso planetario. La Realidad: Quienes celebran son Estados Unidos, la OTAN y sus satélites. El Sur Global -la verdadera mayoría demográfica del planeta- observa con terror e indignación cómo se pisotea la Carta de las Naciones Unidas.

v.No es “Liberación”, es Saqueo: El Relato Hegemónico: Venezuela ha sido “liberada” de la dictadura. La Realidad: Venezuela está siendo invadida para asegurar el control de la Faja Petrolífera del Orinoco. La historia enseña que estas intervenciones nunca buscan la libertad, sino garantizar el flujo de commodities baratos hacia las metrópolis en crisis energética.

Reacciones internacionales

i.Bloque de la Dignidad

La respuesta regional ha evidenciado una fractura tectónica. Más allá de las diferencias ideológicas con el gobierno bolivariano, el método utilizado por Washington ha encendido las alarmas desde el Río Bravo hasta la Patagonia: hoy es Maduro, mañana puede ser cualquiera que nacionalice el litio o el agua.

Gustavo Petro, presidente de Colombia, fue el primero en entender la gravedad histórica del momento. “América Latina debe ser una zona de paz. No se puede restaurar la democracia a punta de bayonetas extranjeras”, declaró, ordenando el acuartelamiento de tropas en la frontera y el cierre de pasos binacionales. “El secuestro de un presidente rompe el pacto de convivencia de la región. Si permitimos esto, regresamos a la época de las cañoneras”, sentenció.

Desde Brasil, Lula da Silva emitió una condena que resonó en el G20. El líder brasileño advirtió que “la fuerza bruta ha sustituido a la diplomacia” y calificó la operación como un “suicidio geopolítico” para la estabilidad del hemisferio. “Brasil no reconocerá ningún gobierno que emerja de un secuestro. La soberanía no se negocia con comandos extranjeros, afirmó Itamaraty.

Xiomara Castro (Honduras / CELAC): La mandataria convocó a una cumbre de emergencia de la CELAC. “Condenamos este acto de piratería. No somos el patio trasero de nadie. Las garras imperiales sobre Venezuela son una afrenta a la sangre de nuestros libertadores. ¡Exigimos la devolución inmediata del Presidente Maduro!”.

Luis Arce (Bolivia): Puso el dedo en la llaga sobre el verdadero motivo. “No vienen por la democracia, vienen por el petróleo, tal como vinieron por nuestro litio en 2019. Este secuestro es un aviso corporativo a todo aquel que se atreva a ejercer soberanía sobre sus recursos naturales”.

ii. La celebración del vasallaje y el silencio europeo

En la otra vereda, la abyección política tiene nombre y apellido. Javier Milei, en un acto de sumisión vergonzosa, festejó el operativo ofreciendo a Argentina como plataforma logística para la ocupación. “¡Tiemblen los tiranos! Argentina está del lado de la libertad, carajo”, escribió, validando la tesis de que para la ultraderecha, la soberanía es un estorbo.

Mientras tanto, la Unión Europea demuestra su irrelevancia histórica. Bruselas emite comunicados tibios donde “toman nota” de los hechos, incapaces de condenar un secuestro de Estado por miedo a molestar a la OTAN. Ese silencio los convierte en cómplices necesarios de la barbarie.

La Casa Blanca sigue con su guión de Hollywood, bautizando el asalto como “Operación Justicia Soberana” y encuadrando el secuestro bajo cargos de “narcoterrorismo”, una narrativa de ficción jurídica construida pacientemente para justificar el saqueo.

iii. El tablero global: La línea roja de Oriente

Fuera del hemisferio, la tensión escala a niveles pre-bélicos. Vladimir Putin no dudó en calificar el hecho como un “acto de guerra” y ha puesto en alerta a sus fuerzas estratégicas. “Washington ha cruzado una línea roja. Exigimos la liberación inmediata de Maduro o las consecuencias serán impredecibles”, advirtió el Kremlin.

China, a través de Xi Jinping, rompió su habitual cautela con un mensaje directo: «China se opone firmemente al uso de la jurisdicción de brazo largo. Urgimos a detener acciones que desestabilicen la región». Beijing sabe que este golpe no es solo contra Caracas, sino contra la seguridad energética del bloque multipolar.

La arquitectura moral del secuestro: La “pavimentación” del golpe

Este secuestro no comenzó con el estrépito de las hélices sobre Miraflores, sino con la persistente artillería de ablandamiento desplegada por la intelectualidad cipaya, las ONGs de bolsillo del norte y esos sectores timoratos que vendieron su dignidad a cambio de la comodidad del silencio. Ustedes, que durante una década oficiaron de repetidores mediáticos de la narrativa del “narcoterrorismo” sin una sola prueba judicial y legitimaron los bloqueos criminales como “presión democrática”, son los cómplices necesarios de esta barbarie. Al deshumanizar sistemáticamente al proyecto bolivariano, ustedes no solo escribieron editoriales; pavimentaron la pista de aterrizaje moral para que los comandos estadounidenses pudieran ejecutar este atropello impunemente.

Hoy, ante los hechos consumados, intentan lavarse las manos con comunicados tibios y “preocupaciones” de última hora. Es demasiado tarde para la hipocresía: el sicariato mediático que ustedes ejercieron fue el que antecedió y legitimó al sicariato militar. Al reducir a un gobierno soberano a la categoría de un “objetivo” despreciable, construyeron el monstruo retórico que hoy permite al mundo digerir la ley de la selva sin náuseas. Han demostrado que su “democracia” de salón y cóctel no ha sido más que la coartada perfecta para el retorno de la bota imperialista sobre nuestra soberanía.

Venezuela es hoy la trinchera definitiva del mundo multipolar. Si esta operación de piratería se consolida y se normaliza, la Carta de la ONU no será más que papel mojado en manos de los nuevos bárbaros. Defender a Venezuela hoy, exigir la libertad inmediata de Maduro y reconocer la autoridad de Delcy Rodríguez junto al pueblo bolivariano, no es una cuestión de afinidad política: es el único acto de dignidad posible frente a la prepotencia de un norte que pretende gobernarnos por el terror.