HABLEMOS DE LA TELE. Responsabilidad y conocimiento

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Un profesional del ramo no necesariamente es un buen conductor ni entrevistador. Un periodista toma una información, debe profundizarla en la mayoría de sus aspectos, contrastar situaciones similares o contrapuestas y explicarlas al público en forma simple, somera y convincente. Describir y narrar los hechos sin mayores metáforas ni menos hipérboles.

José Luis Córdova. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 19/5/2026. Conducir un programa de conversación en radio o televisión y realizar entrevistas en estos medios (incluidas hoy, las redes sociales) debe constituir una de las labores más exigentes para un periodista responsable. En la actualidad esta tarea es emprendida por personas que se destacan por su empatía, locuacidad, histrionismo y atrevimiento más que por sus reales capacidades periodísticas, son los llamados “comunicadores” (?).

Un profesional del ramo no necesariamente es un buen conductor ni entrevistador. Un periodista toma una información, debe profundizarla en la mayoría de sus aspectos, contrastar situaciones similares o contrapuestas y explicarlas al público en forma simple, somera y convincente. Describir y narrar los hechos sin mayores metáforas ni menos hipérboles.

No basta con poner la grabadora, el micrófono o el celular, pero tampoco se trata de confrontar al interlocutor, sino -por el contrario- de extraerle su opinión legítima, su posición real ante el hecho investigado o dado a conocer. Moderar un debate, por lo demás, es también una tarea diferente que exige la mayor imparcialidad y hasta cierta objetividad. En nuestro medio no tenemos, en general, buenos moderadores tampoco.

Para entrevistar a alguien es indispensable un estudio responsable de las circunstancias, el contexto y la historia del acontecimiento o situación que se pretende dilucidar con el entrevistado. No se trata de un emplazamiento ni juicio al respecto, sino de permitirle expresar libremente sus ideas.

Conducir un programa de conversación es aún más delicado. Se trata de permitir el libre desplazamiento de pensamientos confrontados, de dirimir o equilibrar el intercambio de ideas diversas expresadas con autonomía e imparcialidad durante el espacio de conversación. Es muy diferente a un debate sobre los mismos.

Tanto en el caso de entrevistas o conducción de un espacio, el periodista -o comunicador- tiene la responsabilidad de prepararse en los contenidos, en las alternativas de discusión, sin perder el norte de informar con la mayor objetividad los hechos en debate, manteniendo un diálogo fluido con altura de miras y responsabilidad.

Es posible orientar, pero nunca intervenir ni menos alterar el sentido de la conversación y, en el caso de entrevistas, es indispensable anteponer el conocimiento del personaje y su postura política y social. No se trata de recoger testimonios de un testigo ni el espontaneísmo de una declaración en la calle, en una manifestación. En este último caso, el periodista-comunicador se limita a transmitir lo que ve y oye.

Entrevistar y conducir un programa de conversación (por radio, televisión o redes sociales) son acciones que integran el género periodístico de opinión, más allá de la mera información o interpretación de hechos. Personajes como Iván Núñez, Iván Valenzuela, Mónica Rincón, Matías del Río y Tomás Mosciatti no son precisamente por ello buenos conductores ni menos entrevistadores, más bien opinólogos. Por el contrario, Cristián Pino, Ivo Goic, Mónica Sanhueza, Ramón Ulloa, Macarena Pizarro y Andrea Aristegui realizan a cabalidad estas labores.

El periodismo se ha desarrollado prácticamente desde la época de la invención de la imprenta y posteriormente, recurrió a métodos e instrumentos cada vez más sofisticados para informar, entretener y educar, Las tres tareas que hasta hoy en día tienen los medios de comunicación de masas.

El derecho a la comunicación va más allá de las libertades de prensa, de expresión y de opinión u otras formas en que nos enteramos de lo que ocurre en nuestro entorno, las tendencias del pensamiento racional y los avances científicos, éticos e institucionales. En este último término caben la actividad política, el ordenamiento jurídico, los sistemas democráticos de convivencia. No es llegar y entrevistas a algún personaje, no es llegar y conducir un programa de conversación o un debate público. Los periodistas estamos llamados a hacerlo con conocimiento y responsabilidad.