La soberanía informativa y las orgánicas de la izquierda y el progresismo

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En el asunto comunicacional no parece suficiente ni productivo quedarse en el diagnóstico sin pasar a las soluciones concretas y efectivas. El imperioso desarrollo de medios propios, el desafío en contenidos y sustentabilidad financiera. Dar cuenta de las tecnologías digitales, de la Inteligencia Artificial, de las nuevas plataformas y formatos de relatos. Se trata de aterrizar una estrategia comunicacional, no meras alusiones retóricas, de buena crianza, ambiguas, quejumbrosas e ineficaces finalmente.

Hugo Guzmán. Periodista. Santiago. 19/4/2026. En el tema de las comunicaciones y los medios de prensa, las orgánicas de izquierda y el progresismo, así como los comunicadores y periodistas vinculadas a ellas, parecen haber llegado a un tope. El tope del diagnóstico.

Eso levanta, por lógica, el desafío de pasar a las respuestas, a las soluciones, a las acciones, para encarar el tema con prolijidad, eficacia, profesionalismo e impacto.

En el asunto comunicacional no parece suficiente ni productivo quedarse en el diagnóstico sin pasar a las soluciones concretas y efectivas.

La evidencia de las características del sistema medial chileno, en toda su estructura y funcionamiento, está expuesta y repetida en diversidad de estudios, análisis, debates y denuncias.

Es claro que el sistema de medios y de comunicaciones en el país es, en su estructura y contenidos, fundamentalmente empresarial, trasnacional, conservador, hegemónico, unidireccional y concentrador.

A ello habría que añadir que hoy surgen nuevos factores, como la concentración industrial/corporativa digital, el fenómeno de la desinformación, el peligroso mal uso de la Inteligencia Artificial, la ausencia de conocimiento, la manipulación algorítmica, las lesiones graves a la diversidad, la extensión de relatos ultraconservadores, y el reforzamiento de estructuras comunicacionales/mediáticas privadas, conservadoras y contratransformadoras que llegan a tener alcance trasnacional.

Todo lo anterior no sólo complejiza sino que hace más inclinada la cuesta para proyectos/respuestas en materia comunicacional y de medios de prensa propios, en el ámbito de la izquierda y el progresismo.

Ya no sólo se trata, por ejemplo, de medios impresos, emisoras radiales, programas en YouTube, uso de redes sociales. Se trata de la incorporación/uso de la Inteligencia Artificial, de nuevos/modernos formatos digitales, de tecnología desarrollada y en cambio vertiginoso, del proceso de algoritmos, de plataformas digitales de distintas características.

Junto a aquello no se debe perder de vista las necesidades y respuestas a los contenidos, a la exposición de ideas y conceptos, al debate (ojalá crítico), a la gramática mediática, a la difusión de proyectos y realizaciones del sector, a la calidad y efectividad del discurso en todas sus expresiones, a la optimización de imágenes y señales.

Todo eso, por cierto, parte de una premisa. Que las fuerzas de izquierda y del progresismo, los comunicadores y periodistas afines, salgan del encuadre sistémico hegemónico, se decidan a hacer sus propias comunicaciones, con sus propios medios, sus propios relatos y sus propios recursos.

La antítesis a aquello, es definir (por lo menos que se defina y no se actúe por inercia, complejo o mediocridad) que la posibilidad de expandir el discurso y los hechos, es a través de los medios dominantes, privados, trasnacionales. O pensar que iniciativas personales, aprovechando las condiciones de la era digital, de proyectos individuales, con agendas no colectivas, es la respuesta.

El desafío, por mencionarlo/graficarlo de alguna manera, es promover la información soberana, instalar agendas propias e independientes, romper estructuras mentales acomplejadas y de subordinación, entender que este tema es clave en la batalla cultural, que existe un lenguaje y una conceptualización propia, que se deben desarrollar medios propios en un sentido de complementación, es decir, de que todos los medios (tradicionales, impresos, digitales, radiales, televisivos, tecnológicos, etcétera) son necesarios y útiles.

Hay en todo esto un elemento no abordado realmente, un elemento esquivo y, por cierto, complicado. Es el proveer la base material para el desarrollo del plan.

Se necesitan recursos financieros, inversiones, recursos tecnológicos, aseguramiento de profesionales/técnicos, gasto en tecnología para avanzar en el desarrollo de los medios, de las plataformas e instrumentos propios. Sin eso, todo queda en el papel, en la precariedad o, cuando mucho, en posibilidades desarrolladas apenas por grupos que deben batallar cotidianamente por la subsistencia. Y se registran situaciones de medios propios que tienen acotado su desarrollo, el uso de tecnologías, su expansión, por ausencia de recursos incluso básicos.

Por cierto, muchos estudios demuestran que, al final del día, esos costos no son tan altos como se visualizan y considerando realidades financieras de orgánicas de izquierda y del progresismo, no sólo se constata que son financiables, sino que hay mucho dinero circulando que no se prioriza en las comunicaciones que tanto se reivindican y sobre las que hay tantos lamentos y retórica. Un ejemplo de ello es que hay varias experiencias individuales que consiguen desarrollarse, apelando a recursos existentes, pero sectarizando el instrumento, convirtiéndolo incluso en un artefacto propio de una/un dirigente o de un grupito político, desestimando o privando proyectos colectivos.

En definitiva, se trata de aterrizar una estrategia comunicacional, no meras alusiones retóricas, de buena crianza, ambiguas, quejumbrosas e ineficaces finalmente.

Una estrategia que considere ser parte activa e incidente de la batalla cultural, de la batalla de las ideas; que contribuya a la expansión del relato y la gramática de la izquierda y el progresismo; que apoye la difusión de los proyectos y las realizaciones de los sectores transformadores; que instale una narrativa soberana; que genera una identidad propia, un sello notorio y que construya agenda y debate; una estrategia que considere la construcción y desarrollo de medios propios; la financiación y sustento de recursos para el área de las comunicaciones y la prensa propia; para la estructuración de un sistema comunicacional contrahegmónico; que posibilite disputar en lo local, lo regional, lo nacional e incluso lo internacional, el dominio comunicacional dominante.

Se trata de incidir, modificar y ojalá (estratégicamente) redefinir el actual sistema medial, para arribar a uno diverso, desconcentrado, veraz, legitimado socialmente, con cabida a las expresiones del conjunto de la sociedad.

En específico, al menos, avanzar en la construcción de medios, plataformas y herramientas de las orgánicas de izquierda y progresistas que cumplan un papel soberano, profesional, eficaz, generador de conocimientos, con credibilidad y alcance, en la tesis de la complementación de instrumentos tradicionales y contemporáneos.

Eso con la insistencia de que hay que pasar del diagnóstico a la respuesta, romper con la queja repetitiva e ineficaz, dejar la retórica de la pesadumbre, de amilanarse y acomplejarse y buscar espacios y reconocimiento en el sistema hegemónico.

Y comprender que hay que dar respuestas en contenido acorde a las nuevas realidades y construcción de instrumentos con sustentabilidad financiera y uso de las nuevas tecnologías.