Nada nuevo bajo el sol. Es fascismo corriente, misma canalla que al tomar el poder en la ilustrada y tolerante Alemania del siglo XX la condujo a su destrucción material y moral en la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Misma política de pogrom a la que la policía política zarista echaba mano cada vez que se veía en dificultades, al igual que hicieron reyes, príncipes y nobles en Europa durante un milenio; en todos esos casos el chivo expiatorio principal no eran los venezolanos sino los judíos. Misma estrategia que ha desatado este pueblo de víctimas seculares; devenidos algunos de sus hijos en agresivos usurpadores de un enclave colonial, calificado oficialmente de “aliado modelo” por la principal potencia mundial; que perpetra por estos días un flagrante genocidio para exterminar a los habitantes de la Palestina conquistada.
Manuel Riesco. Economista. Vicepresidente CENDA. Santiago. 27/1/2026. Yaidy Garnica Carvajalino, madre venezolana de 43 años, fue asesinada de un disparo de escopeta a quemarropa en el cuello, frente a sus hijas, en medio de una celebración familiar por el Día del Padre, el 15 de junio del año 2025, en su domicilio de la comuna de Cerro Navia en la ciudad de Santiago, por uno de sus vecinos que, junto a una turba, reclamaban por el volumen de la música. Su asesino se entregó a la policía ese mismo día y se encuentra actualmente sometido a juicio por “homicidio simple”.
Este horroroso crimen de odio desapareció rápidamente de los medios de comunicación que a diario atosigan majaderamente a su audiencia con cualquier acto delictual. Mismos que tienen responsabilidad principal en la generación del clima de odio contra los inmigrantes que lo provocó, que a su vez forma parte de una, vil, fríamente planificada y deliberada, campaña de atemorizamiento de la población e identificación de este componente diferente, minoritario y más débil, de la población trabajadora, como chivo expiatorio. Sobre el cual desviar y justificar una represión generalizada de la justa y desatada ira popular contra los grandes abusos originados el 11 de septiembre de 1973 y contra el sistema político democrático; que en un tercio de siglo no ha sido capaz de intentar siquiera acabarlos, sometiendo a los grandes abusadores como es la misión esencial que lo legitima, en lugar de lo cual ha buscado su acuerdo y acabado gobernando para ellos; mismos que planifican y financian, consciente, explícita y descaradamente, toda esta gran canallada.
Nada nuevo bajo el sol. Es fascismo corriente, misma canalla que al tomar el poder en la ilustrada y tolerante Alemania del siglo XX la condujo a su destrucción material y moral en la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Misma política de pogrom a la que la policía política zarista echaba mano cada vez que se veía en dificultades, al igual que hicieron reyes, príncipes y nobles en Europa durante un milenio; en todos esos casos el chivo expiatorio principal no eran los venezolanos sino los judíos. Misma estrategia que ha desatado este pueblo de víctimas seculares; devenidos algunos de sus hijos en agresivos usurpadores de un enclave colonial, calificado oficialmente de “aliado modelo” por la principal potencia mundial; que perpetra por estos días un flagrante genocidio para exterminar a los habitantes de la Palestina conquistada.
Es canalla archiconocida para la Humanidad toda y está documentada hasta en sus detalles más espantosos y estadísticas más escalofriantes, así como en los juicios y condenas por delitos de lesa humanidad a sus principales perpetradores.
Hoy esta canalla está nuevamente en el poder y esta canallada es política de Estado, en la principal potencia del mundo y en el recién elegido gobierno de Chile. En ambos casos se trata de gobiernos que han asumido en medio de respectivas crisis políticas nacionales, es decir, deslegitimación generalizada de la autoridad, causada por elites frívolas y decadentes, ingenuas y equivocadas, incapaces de acabar con los respectivos grandes abusos sometiendo a los mayores abusadores. En contrario, han buscado explícitamente su acuerdo y acabado rescatándoles y gobernando para ellos. En ambos casos, el chivo expiatorio elegido son los inmigrantes.
Bien lo sabe un auténtico hombre del pueblo, Dn. Carlos G., lúcido campesino de la zona central de Chile, que sigue los asuntos públicos de cerca mientras trabaja duramente en medio del monte, quien tras la abrumadora derrota de su candidata en la reciente elección ha declarado: “El Kas..(sic) ganó porque habló contra los políticos y los venezolanos”. Así fue, tal cual. Hay que enfrentar y aplastar esta canalla para lo cual hay que abordarla en toda su gran dimensión y complejidad.
El desarrollo moderno del país, impulsado por las grandes e irreversibles transformaciones revolucionarias realizadas por diversas formas de la misma coalición de partidos democráticos y progresistas ayer derrotada, conduciendo sucesivas irrupciones del pueblo trabajador en política a lo largo del último siglo, ha generado una transformación impresionante de su pueblo trabajador. Este es hoy paritario en género, muy joven, razonablemente calificado y con un acceso a la información y comunicación sin precedentes. Su número se ha multiplicado por cinco, sus habitantes urbanos por nueve y el valor agregado por su trabajo, medido en el producto interno bruto (PIB), veinte y tres veces; en virtud, principalmente, del gran descubrimiento de Adam Smith que, al decir admirado de Marx, cambió el curso del pensamiento humano: sigue trabajando como antes de sol a sol y en forma aún más extenuante, pero ahora la mayor parte del producto de de su trabajo se vende en el mercado, acto preciso que otorga a sus manos el toque del Rey Midas.
Sin embargo, en lo que va del siglo XXI, por primera vez en su historia, se ha incorporado al pueblo trabajador de Chile un contingente importante, valioso e imprescindible, de personas de otras nacionalidades, oriundo principalmente de hermanas repúblicas latinoamericanas en plena urbanización hoy: el que explica la mayor parte del crecimiento del número y del valor económico agregado por su trabajo, del pueblo trabajador de Chile en su conjunto. Su presencia resulta indispensable puesto que el crecimiento numérico del pueblo trabajador no jubilado de nacionalidad chilena se ha estancado, llegando incluso a disminuir levemente en meses recientes.
Cómo se puede apreciar en el cuadro anexo, a septiembre del año 2025, las personas de otras nacionalidades se elevan a casi dos millones, un 16,6 por ciento, del total de poco más de 12 millones de personas afiliadas no jubiladas al sistema AFP. De estas personas, cerca de la mitad de las cuales son mujeres, un total de poco menos de 1,5 millones están identificadas por su RUT definitivo, asignado por el Registro Civil y poco más de medio millón está identificado por un RUT provisorio o NIC -número identificatorio para cotizar- asignado por la AFP mientras se completa el trámite de su situación migratoria.
Es decir, prácticamente no existen en Chile personas en edad de trabajar que sean “inmigrantes irregulares”, cómo los califica el presidente electo, al insultarlos de ese modo y pedir que se vayan voluntariamente porque en caso contrario los expulsará por la fuerza, igual que hace su mentor en los EE.UU. Puede que existan algunos casos aislados que no hayan accedido nunca a un empleo formal, pero su número muy reducido. Así lo comprueba la cifra total de afiliados, no jubilados y jubilados a los sistemas previsionales, la que coincide muy cercanamente con la población total del país mayor de 16 años.
Las fuerzas políticas democráticas y progresistas que conforman la coalición política recién derrotada en la elección presidencial, ha sido calificada con justicia como formidable por el principal medio de prensa de sus adversarios. En efecto, ella ha conducido, en diversas coaliciones formales e informales, todas las principales gestas del pueblo a lo largo un siglo, con la única excepción del reciente estallido social y los hechos que le siguieron y culminaron en la derrota reciente. Su unidad en la base está constituida por lazos firmes, tejidos en la mayor derrota que ha debido sobrellevar coalición política alguna, la que superó con una estrategia brillante que combinó todas las formas de lucha, en todos los terrenos, lección bien aprendida, practicada y ciertamente no olvidada.
Esta coalición debe enfrentar a la canalla fascista que pretende reprimir el descontento del pueblo en su conjunto so pretexto de expulsar “a los venezolanos”. Este intento debe ser impedido con toda decisión y aplastado, con la razón y la fuerza masiva del pueblo; la canalla no entiende de otra manera.
Contará para ello con el movimiento sindical y estudiantil, universidades, ONG y muy especialmente con la poderosa fuerza de las organizaciones e instituciones de DDHH construida heroicamente durante la dictadura, amparada también por instituciones religiosas, la cual en ocasiones claves asumió ella misma la conducción política, generando hechos como la detención del dictador en Londres, que abrieron paso a la verdadera democratización.
El enfrentar la canallada que se prepara contra el pueblo trabajador migrante es el primer punto, inmediato, urgente, imperioso, del programa de esta formidable coalición progresista y democrática de Chile. El segundo punto es encabezar la defensa de la soberanía de Chile, hoy amenazada por las redivivas ínfulas imperialistas del poderoso vecino del norte de América, so pretexto de garantizar su seguridad nacional frente a rivales que ya le superan en poderío económico. Para todo ello, lo fundamental es que esta coalición se convenza de encauzar la justa ira del pueblo realizando las reformas necesarias cuya larga postergación ha conducido a Chile a la hecatombe de la crisis política nacional en que hoy está sumido.
