Se convocó a marcha en Santiago para exigir la recuperación del agua como bien común esencial para la vida y la dignidad de las comunidades en Chile. La pérdida del bien común agua se consolidó a nivel internacional hace unos 50 años con la puesta en marcha de las políticas de ajuste estructural por parte del FMI y el Banco Mundial, tras la crisis del sistema financiero internacional entre 1971 y 1973, acompañadas de condiciones. Entre esas condiciones destaca la sujeción de la concesión de préstamos a la privatización del sector público, el agua en particular. Haber obligado a los países del Sur a confiar la gestión de bienes esenciales para la vida a las “fuerzas internacionales del mercado” ha tenido consecuencias nefastas. La más importante ha sido el crecimiento de las desigualdades entre el Norte y el Sur.
Lucía Sepúlveda. Periodista. OLCA. Santiago. 22/3/206. En el marco del Día Mundial del Agua, que se conmemora cada 22 de marzo, el Movimiento por el Agua y los Territorios (MAT), El Movimiento Socioambiental Comunitario por el Agua y el Territorio (MOSACAT), y el Movimiento de Defensa por el Acceso al Agua, la Tierra y la Protección del Medioambiente (MODATIMA), llaman a movilizarse para exigir la recuperación del agua como bien común esencial para la vida y la dignidad de las comunidades en Chile.
Bajo el lema ¡RECUPERAR EL AGUA ES RECUPERAR LA DIGNIDAD!, la jornada busca visibilizar el grave retroceso en materia de derechos hídricos, la regresión normativa y el negacionismo ambiental que permiten la sobreexplotación impune de ríos, cuencas y glaciares.
¡Sin agua no hay dignidad; sin lucha no hay justicia ambiental!
Convocamos a la Marcha por el Agua
Domingo, 22 de marzo de 2026
Hora: 11:00 horas
Punto de inicio: Metro Universidad Católica
Punto de término: Metro Universidad de Chile
En un país donde el modelo extractivista seca territorios enteros, privatiza el agua y vulnera los derechos de comunidades indígenas, rurales y urbanas, vivir con dignidad implica ecosistemas sanos, ríos libres y glaciares protegidos.
El agua no es solo un recurso: es la base de la soberanía alimentaria, la salud pública, la cultura y la supervivencia de pueblos originarios y localidades afectadas por la megaminería, la agroindustria y los megaproyectos de transición energética. Frente a esta crisis, la movilización colectiva se convierte en una herramienta indispensable para avanzar hacia una gestión democrática y sustentable del agua.
“La crisis hídrica es también de derechos humanos y justicia ambiental. Mientras poderosos intereses secan ríos y cuencas con impunidad, las comunidades resisten y exigen soberanía sobre el agua. Solo con lucha colectiva recuperaremos ecosistemas sanos y una vida digna para todas y todos”, indicó Lucio Cuenca, director del Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales.
Desde el OLCA, nos sumamos a este llamado. Invitamos también a la prensa, periodistas y comunicadores/as a cubrir esta marcha, registrar los testimonios de defensores/as y dar protagonismo a las demandas socioambientales.
La pérdida del agua como bien común público
Riccardo Petrella. “Agencia Internacional Pressenza”. Bruselas. 22/3/2026. Entre los principales “bienes comunes” esenciales para la vida, el agua ocupa un lugar central. El agua es una fuente de vida insustituible para el funcionamiento “sostenible” del clima terrestre y, por consiguiente, de todas las actividades humanas y formas de vida en la Tierra.
En los últimos tiempos, hemos perdido el bien común agua. Nos la han robado y nosotros mismos la hemos transformado en algo diferente, ajeno a nosotros. Francisco, el Santo de Asís, ya no podría llamarla “hermana”.
La primera forma importante de pérdida del “bien común” que es el agua comenzó en cuanto se la trató como “oro azul” en comparación con el petróleo, considerado “oro negro” desde el siglo XIX. Pensar en el agua como “oro” es invertir su concepción como “fuente de vida”. El oro es materialidad, riqueza, codicia, conquista, conflictos, violencia. Y cuanto más escaso es el oro, más pueden disponer de él únicamente los más fuertes. La sacralidad del agua deja de expresarse en referencia a la vida.
La pérdida del bien común agua se consolidó a nivel internacional hace unos 50 años con la puesta en marcha de las políticas de ajuste estructural por parte del FMI y el Banco Mundial, tras la crisis del sistema financiero internacional entre 1971 y 1973, acompañadas de condiciones. Entre esas condiciones destaca la sujeción de la concesión de préstamos a la privatización del sector público, el agua en particular. Haber obligado a los países del Sur a confiar la gestión de bienes esenciales para la vida a las “fuerzas internacionales del mercado” ha tenido consecuencias nefastas. La más importante ha sido el crecimiento de las desigualdades entre el Norte y el Sur.1
El gran cambio en relación con el agua se produjo, sin embargo, entre 1992 y 1994 a partir de la Primera Cumbre de la Tierra convocada por la ONU en 1992 en Río de Janeiro. Durante la Conferencia Internacional de la ONU sobre Agua y Medio Ambiente celebrada en Dublín en marzo de 1992 como preparación para la Cumbre, la comunidad internacional aprobó Los cuatro principios de Dublín sobre el agua. El cuarto principio, el más concreto y con mayor influencia política, estipula: “El agua, utilizada para múltiples fines, tiene un valor económico y, por lo tanto, debería reconocerse como un bien económico”.2
La Declaración de Dublín precisa: “En virtud de este principio, es primordial reconocer el derecho humano fundamental al agua potable y a una higiene adecuada a un precio asequible” ¡Es decir que el acceso al agua, aunque se reconozca como un derecho, debe ser pago! Se acabó la gratuidad de los derechos universales.3 A continuación, prosigue: “El valor económico del agua ha sido ignorado durante mucho tiempo (…). Considerar el agua como un bien económico y gestionarla en consecuencia, es abrir el camino a un uso eficaz y a una distribución equitativa de este recurso, a su preservación y a su protección”. Ahora bien, según la concepción económica dominante, la gestión de un “bien económico” debe garantizarse según los principios y los mecanismos del sistema económico capitalista de mercado. De ahí la generalización en todo el mundo de los procesos de mercantilización, desregulación, liberalización, privatización……
Por último, la financiarización de la naturaleza culmina la obra de la inversión. El principio de la monetización de la naturaleza fue aprobado por la Segunda Cumbre de la Tierra (Río+10) en Johannesburgo en 2002. Veinte años después, en Montreal, en diciembre de 2022, la COP15 sobre Biodiversidad de la ONU consagró oficialmente la financiarización de la naturaleza basada en el principio de que todo elemento de la naturaleza debe considerarse un “capital natural” y, por tanto, un “activo financiero”, gestionado según los principios y la lógica de los mercados financieros mundiales.4
El camino ha sido largo, pero, a pesar de la oposición de millones de ciudadanos y pueblos enteros no solo indígenas (pienso en Italia, donde, en junio de 2011, el 97 % de los votantes dijo no a la privatización del agua, mediante referéndum nacional),5 los “señores” del dinero han logrado hasta la fecha echar por la borda el principio del agua como bien común público, uno de los pilares sobre los que se había construido “una buena sociedad”.
¿Es posible regenerar el bien común público mundial que es el agua?
Contrariamente a lo que se afirma en La Declaración de Dublín, hay que constatar que, treinta y cuatro años después, hay que hablar precisamente de un Apocalipsis hídrico agravado, al que han sido conducidas la Humanidad y a la Tierra, por la sumisión de la gestión del agua al dominio de las concepciones capitalistas de la economía y las visiones tecnocráticas.6 Un informe reciente de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU) habla, en términos más moderados, de una quiebra hídrica global.7 Conocemos las cifras abrumadoras, de las cuales basta con una sola, la principal: 4.400 millones de personas carecen de acceso regular, suficiente y seguro al agua potable (¡lo cual hay que considerar junto con los 4.500 millones de personas que carecen de cobertura sanitaria básica!) Acabamos de saber que, en Oriente Medio, se han producido bombardeos mutuos de plantas desalinizadoras de agua de mar entre Irán y los demás países de la región. Ahora bien, todos estos países dependen en un 60-80 % de las desalinizadoras para su abastecimiento de agua dulce.
Una situación así no puede durar. El Apocalipsis no puede ser el futuro de la Humanidad y de la Tierra. Por todas partes se manifiestan signos de resistencia, de rebelión contra este mundo. Sí, el mundo cambiará, porque el anhelo de justicia e igualdad en la dignidad y la fuerza de la solidaridad y la paz son como las bacterias: nunca mueren.
Notas
1 A pesar de ciertas reformas, las condiciones siguen vigentes. Véase https://www.cetri.be/Economies-du-Sud-toujours-sous, 2022
2 https://www.google.com/search?q=Les+Quatre+principes+de+Dublin+cocncernant+l%27eau&oq
3 Por gratuidad del derecho al agua potable se entiende la asunción de los costes por parte de la comunidad a través de las finanzas públicas, como ocurre con los gastos militares
4 https://www.pressenza.com/fr/2023/02/cop15-biodiversite-et-financiarisation-de-la-nature/
5 https://altreconomia.it/inchiesta-acqua-pubblica/
6 Hace 17 años, en un artículo de opinión publicado en La Libre Belgique, ya hablé del “Apocalipsis hídrico”. Ver https://www.lalibre.be/debats/opinions/2009/04/22/comment-eviter-lapocalypse-hydrique-OSWDTBYUWZDH3GMLYC763DOFZM/
7 https://unu.edu/inweh/collection/global-water-bankruptcy
