MENSAJES. Adiós compañero Santiago Cavieres Korn

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“El poema hablará por mi voz”

Santiago. 19/01/2023. A la Redacción de El Siglo, llegó el siguiente mensaje:

“El poema hablará por mi voz”

Adiós compañero Santiago Cavieres Korn

 El Colectivo de Escritoras y Escritores Comunistas Luis Enrique Délano, lamenta profundamente el sensible fallecimiento de nuestro querido compañero de las letras Santiago Cavieres Korn, quien fuera durante toda su vida militante activo de nuestro Partido, integrante de la célula de Escritores Comunistas Luis Enrique Délano y miembro de la Sociedad de Escritoras y Escritores de Chile.

“En medio del silencio de la noche/ alguien llama a mi puerta interior/ y desde el exterior le abro/”Soy sólo un poema” dice tembloroso/ “Busco las palabras que me harán vivir”/ y yo lo doy a luz como un ventrílocuo/ le presto las palabras que me dieron mis padres. /Es el poema el que habla por mi voz”. Con estos versos recordaremos por siempre a nuestro querido compañero de ruta Santiago Cavieres Korn, rodeado de palabras que han dado testimonio de su vida, de sus sueños, de su mundo interior, que se ha instalado en nuestros propios mundos interiores, con el arraigo que nos han dado las vivencias, los ideales en común, los diálogos que surgen desde cada rincón del pensamiento. Así nos vuelve a acerca su abrazo poético a través de cada uno de sus libros, entre los cuales destacamos: “El Son Cautivo”, (escrito en el campo de prisioneros políticos de Chacabuco), Poesía al Paso, Clepsidra, De Soledad y Trascendencia, Poemas y Sonemas, Faro Indiscreto y Senescencia, entre tantos más que han calado hondo en nuestra memoria emotiva y literaria.

Santiago Cavieres Korn escribió décimas, romances, sonetos. En su libro El Son Cautivo describe las dolorosas experiencias vividas en el campo de concentración Chacabuco. En ese período aciago de la historia de nuestro país, en donde miles de compatriotas vivieron la tortura, muerte y desaparición, de manos de la dictadura cívico militar, sin embargo, hubo seres humanos valientes que vencieron el horror a través de la poesía y la esperanza. Ellos fueron los poetas de las utopías, de las sensibilidades profundas, del sentir de los humildes y de la hondura de los tiempos y del ser. “Nadie los oiga/ nadie los mire. /Para los otros/ los seres cuerdos/ mis buenos pájaros/ son invisibles”.

Expresamos nuestras condolencias a sus familiares, amigos y compañeros de Partido.

Hasta siempre querido compañero

Honor y Gloria

Célula de Escritoras y Escritores Comunistas Luis Enrique Délano

Santiago Cavieres, entre una ronda infantil y un teléfono rojo

Oriana Zorrilla. Periodista. Santiago. 20/01/2023.   Santiago Cavieres Korn consideraba que era imposible que una periodista se quedara incomunicada en el año 2000 y le regaló el primer celular de su vida, 30 años antes pensó que era muy injusto que la hija de Guillermo Torres Gaona, compañero de prisión en Chacabuco, no tuviera para su hija un gran regalo el día de su nacimiento e hizo una partitura para crear una ronda infantil del poema escrito por el padre en honor a su pequeña.

Actos que dan cuenta de la increíble y generosa personalidad de un hombre cabal, visionario y gozador de la vida en cualquier tiempo o lugar donde estuviera.

El abogado y poeta eligió el día del cumpleaños de mi hija -17 de enero- para emprender su viaje al infinito. Creo que no fue una coincidencia, lo conocí como prisionero político y alegre músico en el Campo de Concentración de Chacabuco, cuando llevé a la recién nacida Valentina para que la conociera a su padre, y escuchara lo que ambos -autor y músico- trabajaron para dar forma a la ronda infantil “El elefante sin oreja”, ganadora de un Festival de Poesía y Música organizado en esa cárcel ubicada en pleno desierto. 

“El elefante muy acongojado, tenía una sola orejita desde niño, nadie le hacía ni siquiera un guiño, lloraba en su escondrijo desolado”, las notas alegres del acordeón hacían menos dramáticos los momentos de encierro alejados de la familia, del trabajo y de la libertad. Era una melodía pegajosa y tarareada por todos, que luego varios hijos de esos mismos prisioneros -quienes se fueron al exilio- la cantaban a coro en otros continentes.

Ni el campo minado del entorno, los fríos nocturnos, ni el sol abrumador del mediodía cuando eran obligados a permanecer durante horas en formación, pudieron socavar la ternura, la inteligencia, los valores de quienes fueron amigos y compañeros mientras estaban en prisión, lazos que se mantienen hasta hoy transformados en una amistad indestructible de “los chacabucanos”.

Unos miraban las estrellas y se transformaron en astrónomos aficionados, otros organizaban competencias deportivas, algunos daban clases en distintos idiomas, “Filistoque”-de quien nunca supimos su nombre- dirigía la banda de música de los militares; surgió un diario mural y un informativo leído a la hora “del rancho” hechos por periodistas; también había grupos de teatro y el infaltable coro que aliviaba las tensiones y seducía hasta a los militares que debían censurar las actividades programadas. 

Jaime Silva Iriarte describe con acierto a Cavieres: “Santiago usaba un sombrero alón, tenía un bigote distinguido, nadie bailaba tangos como él. Era un galán y un abogado de marca mayor, acompañó a Gladys Marín en su querella contra Pinochet, pero sobre todo era un gran narrador”.

Junto a todas estas cualidades, el serio y valiente abogado defensor de los derechos humanos tenía un sentido del humor y una capacidad festiva para animar reuniones, concitar cariño y estar a disposición siempre que era necesario en veladas culturales con cierto tono subversivo.   

Cumpleaños y fiestas que permitieran abrir espacios de libertad en los días obscuros de la dictadura. Y también después, cuando la democracia era esquiva para algunos, en particular, para los militantes comunistas, disciplinados y dispuestos a seguir avanzando en una democracia que les parecía precaria.

 

Cuando ya habían pasado más de 10 años de la salida de Pinochet, la persecución y el maltrato laboral en el Estado, aún era evidentes y sus nuevos huéspedes poco hicieron para modificar esas malas prácticas. 

Estaba yo aislada en una biblioteca de una institución pública, sin teléfono, cumpliendo tareas ajenas al oficio periodístico, pese haber sido contratada para tales labores, cuando Santiago Cavieres -en complicidad con una de sus hijas-  me entregó un regalo impresionante: un teléfono celular rojo para romper con la incomunicación a la que estaba sometida. Visionario como pocos, no dudó en poner a mi disposición la tecnología de alto costo, en ese entonces, con el propósito de evadir el aislamiento al que estaba sometida.

Generoso, elegante, amaba la música clásica, no se perdía las jornadas en el Aula Magna de la USACH. De risa fácil y bailarín de tango, elocuente en piropos, Santiago Cavieres dejó la célula de los abogados para desarrollar su trabajo político con escritores y poetas. 

Para decirle adiós en el lugar de sus amores, la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), estaban todos: abogados, chacabucanos, amigos y amigas, una gran familia con hijos e hijas, nietos, sobrinas, compañeros, todos en una fiesta de canciones, poemas y solidaridad una fiesta de amor para cumplir con su deseo de “busco las palabras que me harán vivir”.

 

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