“Tenemos la obligación de no regalar el proceso constituyente”

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Pierina Ferreti, directora ejecutiva de la Fundación Nodo XXI, planteó que “tanto el movimiento social como la izquierda política, tenemos el desafío de pelear el proceso constituyente, de no abandonarlo, de no soltarlo”, pese a mirar “con decepción, con desánimo el acuerdo que se firmó” para el proceso constitucional. Sobre la discusión que vendrá del texto de nueva Carta Magna, advirtió que los sectores transformadores deben llegar “con una estrategia clara hacia dónde avanzar, tener claridad de contenidos y tener las líneas rojas muy claras”. En todo caso la académica precisó que todavía está en debate la reforma que dará paso al trámite constitucional y no desconoció que “hay elementos que nos hacen pensar que puede haber un retroceso en el carácter democrático del proceso”.

Hugo Guzmán. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 30/12/2022. ¿El país termina el 2022 con más o menos democracia, con más o menos derechos?

Es un final abierto ante esa pregunta. En todo caso, creo que está amenazado el avance que venía de manera clara desde la revuelta social hasta el anterior plebiscito, con un proceso participativo que incluyó sectores sociales que no habían estado en la política institucional, con mucho protagonismo de organizaciones sociales, territoriales, ambientalistas, feministas. Tuvimos una Convención Constitucional que fue un órgano más democrático que otros órganos de la República. Veníamos en un camino que parecía ascendente e ininterrumpido, y la derrota del Apruebo en 4 de septiembre marca un hito, un punto de inflexión del que todavía como izquierda no nos reponemos del todo, estamos procesando esa derrota. El 2022 termina con esa historia todavía abierta. 

Hay elementos preocupantes del nuevo proceso constitucional desde el punto de vista de su carácter democrático, que no termina porque todavía estamos en la reforma, pero hay elementos que nos hacen pensar, sin espacio para la duda, que puede haber un retroceso en el carácter democrático del proceso.

Pero me preguntabas también si hubo más derechos, si hubo avances o retrocesos. En eso también está abierta la historia porque en el proceso constituyente que viene todavía está abierta la capacidad que tengamos para disputar ahí los derechos sociales que están en el corazón de las demandas que estuvieron en la revuelta social y después. Si hay espacio para una pelea por un Estado democrático y social de derechos, por derechos sociales universales, esa es una disputa. Ahora, el 2022 termina con buenas noticias, tenemos el aumento del salario mínimo, donde tuvo que ver el desempeño del Ministro del Trabajo, dialogando con los trabajadores, con los empresarios, con las pequeñas y medianas empresas, y estamos avanzando en la iniciativa de las 40 horas de jornada laboral semanal, lo que sería una ampliación de derechos para las y los trabajadores. Está caminando una reforma tributaria y una reforma de las pensiones, que van a significar avances en derechos para las chilenos y los chilenos. 

Desde la revuelta social, con el proceso constituyente anterior, el trabajo de la Convención y la movilización de la gente, se vivió un ciclo democratizador, progresista, transformador. ¿Se cerró ese ciclo y después del plebiscito caímos en un ciclo conservador, contra/transformador?

No me atrevería a decir que se cerró de manera definitiva, sin vuelta atrás, ese ciclo de avance democrático. Sin dejar de dar cuenta que sufrimos un tropezón, un golpe duro. Uno podría decir que la revuelta social fue un momento que surgió por el abuso, la injusticia, contra una elite que acapara, que se enriquece, que abusa. Hubo demandas concretas que tenían que ver con pensiones, con salud, con educación, con derechos de las mujeres, con salarios, hubo un reclamo fuerte contra la corrupción de las elites, de que la justicia es para unos y no para otros, eso estaba en las calles, en las pancartas, en las consignas y hubo algo bien de clase. Entraron al ruedo los sectores organizados de la sociedad, los partidos de la izquierda histórica y la izquierda nueva, los movimientos sociales, los sindicatos, el feminismo, todos con programas más claros. Y había algo central que era el cambio de la Constitución, porque la actual es un cerrojo para establecer derechos sociales universales, constitucionaliza el Estado subsidiario, la arquitectura institucional del neoliberalismo. Por eso pusimos énfasis en aprovechar esa enorme energía social, esa oportunidad histórica, para acabar con esa arquitectura, con esa Constitución, que es la pared de hormigón armado con la que chocamos durante décadas. Esas demandas sociales y esa reivindicación de nueva Constitución siguen ahí. Por eso creo que es apresurado decir que se cerró por ahora un ciclo de democratización, creo que sufrió un traspié, pero las posibilidades de rearticularnos, rearmarnos, de seguir insistiendo en avanzar en derechos, están abiertas. 

Creo que va a tardar bastante tiempo el reconstruirnos. Creo que los movimientos sociales, territoriales, ambientalistas, feministas, quedaron golpeados y los partidos tuvieron la obligación de articularse rápidamente porque la negociación de continuidad del proceso constituyente empezó al tiro. La verdad es que el mundo social y de la izquierda quedó golpeado y va a demorar tiempo reconstruirlo.

 

“Seguimos teniendo la obligación de dar la pelea”

¿Y qué hacer con este nuevo proceso constituyente? ¿Los sectores sociales y populares, los partidos de izquierda, los sectores transformadores, deben participar de este proceso, posicionar ideas para el nuevo texto constitucional? ¿Cómo encarar este nuevo proceso?

Los sectores de la izquierda tienen una responsabilidad enorme de defender los derechos populares en un contexto muy complicado, muy incómodo, por las características del Acuerdo Político para este proceso. Una buena parte del mundo de la izquierda, de ese 38% que votó Apruebo, mira con decepción, con dolor, con desánimo el acuerdo que se firmó. Ahora bien, me parece que a pesar de los elementos que contiene el acuerdo y que decepcionan, seguimos teniendo la obligación de dar la pelea en ese espacio que va a existir, para hacer avanzar los intereses populares y buscar dignidad para nuestro pueblo. 

Tenemos la obligación de no regalar el proceso constituyente, de no dejar a la derecha y los sectores conservadores con manga ancha, sin ningún contrapeso al interior del proceso, de las comisiones de Constitución y la de expertos. Habrá gente de nuestro mundo que no querrá que estemos ahí, pero me parece que tenemos una responsabilidad no sólo hacia nuestro campo, sino hacia el pueblo chileno, porque el pueblo chileno según todos los sondeos y datos, cree que necesitamos una nueva Constitución, y los derechos sociales siguen teniendo una alta adhesión. Si no somos nosotros los que vamos a esos espacios a luchar por aquello, ¿quién lo hará? Habrá que participar, llegar a las instancias de ese proceso.

¿Un punto importante para asumir en eso?

Me parece que debemos llegar con una estrategia clara hacia dónde queremos avanzar, tener claridad de contenidos y tener las líneas rojas muy claras porque, por ejemplo, la propuesta se puede transformar en un Estado subsidiario 2.0, con cara de Estado social de derechos, pero que al final termine expandiendo el modelo de Estado subsidiario, donde haya servicios privados financiados con platas públicas, y que siga avanzando el mercado sobre dimensiones de la vida de las personas, en pensiones, salud, educación…Además de disfrazado, validado. Por eso habrá que estar atentos, ponernos a discutir desde ahora lo que vamos a considerar como avances, qué vamos a ir a plantear y a pelear, y qué vamos a considerar un retroceso. Tenemos que ponernos a discutir bien abiertamente, estar muy preparados, porque la disputa está brava.

 

“El peligro del crecimiento de la ultraderecha lo estamos viendo”

Volviendo a algo anterior. Hay ofensiva de la derecha, hay una instalación de ideas conservadoras, hay una incidencia de la extrema derecha.

Estamos en una situación compleja. No podemos olvidarnos de un dato que nos golpeó, pero después con la victoria de la segunda vuelta lo olvidamos rápido, y es que José Antonio Kast ganó la primera vuelta. No podemos olvidar que eso fue después de la revuelta social y después de la elección de la Convención Constitucional, con la composición que tuvo, con alta presencia de la izquierda social y política. Kast ganó después de todo eso, era un dato que teníamos que ver con cuidado y no seguimos ahondando en qué ocurrió, y qué procesos estaban ocurriendo en el fondo de la sociedad y qué estaba larvando, madurando, que hacía posible que un candidato de la extrema derecha ganara la primera vuelta presidencial en el contexto en el que estábamos. 

El peligro del crecimiento de la ultraderecha lo estamos viendo en muchas partes del mundo, con contextos distintos y no equiparables con Chile. Veamos lo de (Jair) Bolsonaro en Brasil, que perdió la elección pero tiene una base de apoyo social y electoral enorme y preocupante, y tiene fuerza en el Congreso. Tenemos que preguntarnos cuáles son las condiciones que son caldo de cultivo para el crecimiento de la extrema derecha, por qué crece, qué nivel de desprotección, de inseguridad siente un porcentaje importante de la población que se inclina a adscribir a discursos y políticas autoritarias, misóginas, xenófobas, conservadoras. Creo que hay que construir espacios de protección social, que generen condiciones de vida más seguras y estables. 

¿No hay también factores culturales, sociológicos?

Bueno, en Chile siempre ha existido una cultura conservadora y una derecha fuerte y muy orgánica. Eso no es una novedad. Pero esta aparición del Partido Republicano, de Kast, de otros grupos, se logra comer a la derecha tradicional, y mete hasta la derecha liberal (Evópoli), a la UDI (Unión Demócrata Independiente), detrás de una candidatura presidencial. Hay que reconocer elementos nuevos y la adhesión social que suscitó la candidatura de José Antonio Kast. Hay que preguntarse sobre las condiciones materiales que permiten ese surgimiento, incluso en el campo popular, no sólo en las elites. 

Ahora, dentro de la derecha vemos cierto desorden, lo vimos en la discusión constitucional, cuando ganó el Rechazo y se habló de un nuevo proceso, se vio un sector de la derecha a favor de un órgano constitucional cien por ciento electo, mientras otros sectores, y la ultraderecha, bombardearon y arrastraron hacia posiciones antidemocráticas. Hay que ver las presiones que hubo dentro de la derecha y el papel de un pinochetismo que sigue incrustado en la derecha. Hubo mucho vaivén.

 

Articulación y organización en el movimiento social

Parece más o menos claro por donde debería ir el Gobierno, el Congreso, los partidos políticos, el próximo año. ¿Qué papel está llamado a jugar el movimiento social?

Me parece que tanto el movimiento social como la izquierda política tenemos el desafío de pelear el proceso constituyente, de no abandonarlo, de no soltarlo, de apretar los dientes y correr con viento en contra, empujar con viento en contra los intereses populares. En la izquierda estamos acostumbrados a que pocas veces en la historia corremos con viento a favor, sabemos lo que es correr con viento en contra. No debemos dejar ese proceso en manos de la derecha y los sectores conservadores. 

Habrá que estar en el órgano constitucional, pero también desde fuera habrá que estar presionando, estimulando debates, manteniendo el interés sobre el proceso de nueva Constitución, sin irse para la casa y habitando lugares incómodos. 

Pero el movimiento social tiene más abanico y espacio que el entorno del nuevo proceso constituyente…

Tienes razón y creo que están en otros espacios, ya están. Se ve en las feministas, en los ambientalistas, en los territorios, en los sindicatos, en los pobladores, y creo que se quieren mantener articuladas y articulados, se han realizado encuentros, asambleas, habrá actividades en el verano, y me parece muy bien. Se ve la voluntad de mantener la organización, la articulación, que crezcan, y esa es una tarea que han asumido las organizaciones sociales, de no irse para la casa y seguir insistiendo en su funcionamiento y la elaboración de una política propia, lo que toma tiempo. 

¿Y cómo ves el panorama para el Gobierno? ¿Estará cruzado nuevamente por el proceso constituyente? Porque hay objetivos de programa y de agenda, como las reformas y la seguridad pública. 

Se trata de establecer una dicotomía entre preocuparse de la seguridad pública y del crimen organizado, y el proceso constituyente, por decir algo. Pero ha quedado claro en estos meses que hay que ir haciendo las dos cosas al mismo tiempo. Hay que preocuparse de la seguridad y buscar que las chilenas y los chilenos se sientan más seguros y más protegidos por el Estado, y eso no se debiera oponer al empuje de la reforma tributaria, de pensiones, de salud, ni oponerse al proceso por nueva Constitución. Hay que transitar respecto a elementos de corto plazo, con otros de mediano o largo plazo al mismo tiempo. Por cierto que el corto plazo es fundamental, porque tiene que ver con lo que las personas sienten diariamente, y entonces el Gobierno tiene el desafío de seguir robusteciendo los apoyos y ayudas para que las familias chilenas no tengan que pagar la crisis por los problemas económicos, sino que sientan a un Estado que está presente, que no abandona a las familias. Que se note que hay una izquierda que está en el Gobierno y que va a apoyar a los trabajadores. Eso tiene que ver con lo inmediato. También ver cómo el Gobierno va a empujar las reformas, como tributaria, de pensiones, salud y las 40 horas. Por ejemplo, mira lo que sucede con la reforma de pensiones, que si sale, la gente verá cómo le aumentó la jubilación a la mamá o el papá, a la abuela o el abuelo, eso es importante, es muy fuerte, además que ante eso la derecha se queda medio muda. 

Me parece que por esas vías, además, podemos reconectar con la sociedad, y recuperar la confianza de la sociedad en la capacidad de la política para procesar y solucionar problemas sociales. La gente quiere ver a los políticos resolviendo los problemas materiales y sociales. 

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