Otra vez, la derecha busca una Constitución fáctica hecha por un grupito

En contrapunto del trabajo de 154 convencionales elegidos democráticamente por la ciudadanía para elaborar nueva Carta Magna, se reunieron tres presidentes de partidos de derecha con un grupo de especialistas y salieron con propuestas de texto constitucional. Han conversado en quinchos para asados, reemplazando a las cocinas.

Gonzalo Magueda. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 13/07/2022. La imagen es elocuente. En un quincho para hacer asados, de una casa particular, los presidentes de tres partidos de la derecha, ellos tres solitos, decidieron lo que debe ser parte de una nueva Constitución.

En efecto, muy lejos de una escena de un encuentro social o ciudadano, Javier Macaya, Francisco Chahuan y Luz Poblete, timoneles de la Unión Demócrata Independiente (UDI), Renovación Nacional (RN) y Evolución Política (Evópoli), respectivamente, se juntaron en un patio para acordar por dónde debe ir un texto constitucional.

Se sabe, porque tampoco lo han transparentado del todo, que sus ideas provienen, en parte, de análisis de expertos, sobre todo abogados constitucionalista conservadores, que se hacen entre cuatro paredes de los institutos de estudio Libertad y Libertad y Desarrollo.

Es claramente un contrapunto o contrasentido de la labor de los 154 integrantes de la Convención Constitucional, elegidos democráticamente por la ciudadanía, en un proceso constituyente que incluyó la consulta y participación de cientos de representaciones de la sociedad civil, a favor o en contra incluso de una nueva Carta Magna, y votaciones para determinar las nuevas normativas constitucionales.

La derecha se fue por otro camino. Decisiones de sus expertos y sus presidentes de partidos. Todo a partir de la decisión asumida formalmente por el conglomerado conservador Chile Vamos, de votar rechazo en el plebiscito del 4 de septiembre, lo que objetiva e irremediablemente, deja vigente la Constitución elaborada e impuesta por un grupo de abogados e integrantes de la Junta Militar de Gobierno a partir de 1980.

Los tres presidentes de partido plantearon, entre otras cosas, diez puntos para incluir en una nueva Carta Magna, de los cuales varios están contemplados, pero con una visión progresista y moderna, en el texto que redactó la Convención.

Al mismo tiempo, la derecha ahora ya no quiere el quórum de los 2/3, que defendió a capa y espada durante tres décadas. Quiere, y rapidito, los 4/7 para hacer “reformas” y modificaciones a una nueva Constitución. Y sostienen los colectivos conservadores, que están “abiertos” a un nuevo texto constitucional que “sea bien hecho”, acribillando el actual que se someterá a plebiscito. Como guinda de la torta, sostienen desde la UDI, RN y Evópoli, que hay que rechazar para después hacer reformas y tener una nueva Constitución…

Es el llamado camino de “la tercera vía”, pero sobre todo, es el camino de armar una Constitución fáctica, construida desde las oficinas y los quinchos -que ahora reemplazan a las cocinas-, determinada por los timoneles de los partidos de la derecha y sus grupitos de expertos y especialistas.

En ese camino cuentan con el respaldo de los gremios empresariales, de los grupos financieros dueños de las Isapres y las Afp, de los medios de prensa conservadores, y de socialdemócratas conservadores y ex personeros de lo que fue la Concertación.

Claro que salieron muchísimas voces cuestionando la opción no participativa ni democrática de la derecha, su cinismo de ahora pasar de 2/3 a 4/7 cuando ven que no tienen las mayorías, la incredulidad de que resulta que ahora la UDI y RN sí quieren otra Constitución y el hecho que determinan que en base a sus diez puntos propuestos y otras propuestas, las de ellos, entonces sí es bueno el texto constitucional.

El senador democratacristiano, Francisco Huenchumillal, lo sintetizó de alguna manera: “Es objetivo que la derecha nunca estuvo disponible para hacer cambios sustanciales a la Constitución del 80. ¿Por qué hoy tengo que hacer un acto de fe, un acto subjetivo, sin un argumento objetivo”. Añadió que se trata de “un argumento marketero, de engaño a la opinión pública para que le diga ‘vote tranquilo rechazo porque después vamos a reformar’. Y eso yo no lo creo”.

Lo real, dadas las declaraciones de los personeros de Chile Vamos, es que junto con buscar el rechazo a la nueva Carta Magna, están haciendo un esfuerzo por imponer un texto fáctico, con respaldo de sus legisladores, ex concertacionistas, abogados y expertos conservadores y el mundo empresarial.

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