“Es inevitable la confrontación áspera en esta campaña”: Jorge Arrate

El ex ministro y ex candidato presidencial, de cara al plebiscito por nueva Constitución, advirtió: “Espero que sectores de la derecha y la extrema derecha no ejecuten acciones muy negativas, para evitar la derrota que van a sufrir el 4 de septiembre”. Recalcó que “hay que tener los ojos muy abiertos, hay que seguir muy de cerca lo que está haciendo la derecha económica y mediática”. En todo caso, el dirigente de Plataforma Socialista aseveró que “va a ganar el apruebo y va a ganar por una diferencia significativa” y afirmó que será vital el movimiento social. Indicó que “hay en el pueblo chileno una consciencia (de) la idea de la dignidad. Este es un Gobierno que respeta la dignidad y la Constitución está hecha pensando en la dignidad de las personas”. En entrevista habló de los momentos que enfrenta la administración de Gabriel Boric y de análisis que no se hicieron.

Hugo Guzmán. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 25/06/2022. Estando en la gira por Estados Unidos, el Presidente Gabriel Boric, en una entrevista, se definió como “socialista igualitario”. ¿Qué te dice ese concepto?

Me gusta que se haya definido como socialista, cosa que hizo en oportunidades anteriores. Quizá hay cierta redundancia en ser socialista e igualitario, pero lo tomo como un subrayado. Un socialista que sigue pensando que el tema de la igualdad está en el corazón del socialismo.

Apareció hace un tiempo el “socialismo democrático”, nombre de un conglomerado. ¿Qué pasa con esto de ponerle apellidos al socialismo?

Todo el mundo tiene derecho a ponerle apellidos. En Italia se dividió, hace muchos años, el Partido Socialista y se formó a la derecha el Partido Socialista Democrático, así que cada cual le puede poner el apellido que quiera. En términos conceptuales habría que ver el “socialismo democrático” de qué democracia habla. Porque diría que hasta ahora, es socialismo democrático representativo, porque su límite es la democracia representativa liberal. Soy un socialista que aspira a avanzar hacia formas reales en el sentido de una democracia directa. Entonces, dentro de la idea de democracia, hay diferencias. Así que si hay un “socialismo democrático” hay que saber si es democracia representativa, o si es participativa.

A propósito de estos domicilios políticos, ¿cómo ves la convivencia de dos conglomerados dentro del Gobierno de Boric, Apruebo Dignidad y Socialismo Democrático? El primero con fuerzas como el Partido Comunista y las colectividades del Frente Amplio, y el segundo con el Partido Socialista, el Partido por la Democracia, el Partido Radical y el Partido Liberal.

Y en Apruebo Dignidad está Plataforma Socialista…Era una situación esperable que Gabriel Boric abriera espacios para los partidos que forman parte de la llamada convergencia progresista. Es evidente que la primera vuelta presidencial significó un fracaso. Es un hecho político del que nadie, hasta ahora, se ha hecho cargo. La primera vuelta fue una debacle parlamentaria, y salir en segundo lugar en la elección presidencial.

Ganó el candidato de la ultraderecha, José Antonio Kast. Como que todo eso se pasó por alto…

Sí, y pasó colado porque tuvimos que embarcarnos en la segunda vuelta. No hubo la autocrítica radical que se requería, y tiene que ver con algo básico, y es que en la primera vuelta de Boric, estuvo ausente el sujeto popular.

La “ñuñoización” de la campaña.

Sí, y fue demasiado evidente la ausencia del sujeto popular, que se corrigió, en parte, en la segunda vuelta por una decisión política, y en parte porque la propia gente reaccionó y se auto convocó a derrotar a la derecha y en particular a la extrema derecha.

Entonces, no me parece raro que tengamos dos coaliciones dentro del Gobierno, era esperable. ¿A qué apunta eso, seguirán así o habrá una sola coalición?, el tiempo dirá. Mi perspectiva es que hoy existen elementos diferenciadores que ninguna de las dos coaliciones está dispuesta a renunciar.

¿Como cuáles?

Creo que la coalición del Partido Socialista, el PPD, el Partido Liberal, el PR, tiene una tendencia a distanciarse del Partido Comunista. Eso los caracteriza. El PS, hasta hace poco, tenía como política un eje histórico que se le llamaba socialista-democratacristiano. En realidad, el único eje histórico que ha existido en la historia de la izquierda es el eje socialista-comunista, que tuvo momentos y momentos. El eje PS-DC fue un pacto político que algunos trataron de darle un contenido conceptual que va mucho más allá de lo que realmente era. Por un tiempo largo aspiraría a que Apruebo Dignidad mantuviera su perfil. Eso no impide el mantener la mejor relación posible con la otra coalición, porque tenemos objetivos comunes compartidos. Incluido estar en el Gobierno del Presidente Boric. Ahí es bueno que cada coalición muestre su vocación de apoyar al Gobierno, el programa. En ambos casos hay debilidades, cierto…

Además hay mucho fuego amigo…

Mucho, y hay debilidades un poco vergonzosas en algunos casos, como la actitud de algunos senadores socialistas en relación con la Convención Constitucional y la nueva Constitución. Es vergonzoso porque se apartan totalmente de la línea que le da cuerpo y consistencia a la idea del socialismo.

 

La contingencia comiéndose la agenda de fondo

¿No hace mucho ruido que la agenda prioritaria y de fondo del Gobierno, como las reformas de pensiones y tributaria, quedó postergada frente a una contingencia muy vertiginosa y compleja? Parece que la contingencia se comió la agenda de fondo.

Coincido con ese diagnóstico. Agrego que esa no es una responsabilidad del Gobierno, el Gobierno asumió con un vértigo de conflicto muchas situaciones, cuál más compleja que la otra. Tenemos el conflicto en la frontera norte de la migración irregular, en la Región Metropolitana hay un problema de delincuencia y de presencia del narcotráfico con caracteres alarmantes, hay problemas medioambientales serios como lo que ocurre con la Fundición Ventanas, y está el Wallmapu en una situación crítica, por mencionar lo principal.

Se puede agregar la inflación, el alza de precios, del costo de la vida.

Sin duda, eso está muy presente. El impacto de la guerra (Rusia-Ucrania) en el proceso inflacionario, que ha contribuido al empobrecimiento generalizado en los sectores populares. Ahí hay un golpe muy fuerte y habrá que hacerse cargo de eso, y que está impactando en los sectores de más bajos ingresos. El aumento del salario mínimo fue una buena decisión pero hay que considerar que con los altos niveles de inflación va perdiendo su significación.

Ahora, yo formulo una crítica al Gobierno. Creo que no utilizó a fondo los dos meses que tuvo en verano, de preparar la asunción. Da la impresión de que en esos dos meses no se elaboró la línea de acción inmediata en temas como el combate al narcotráfico y la delincuencia.

No se llegó con un plan de acción establecido.

No. Mi sospecha es que llevó mucho tiempo el tema de constituir el Gobierno, que no era fácil con dos coaliciones. Eso atrajo mucho la atención interna y externa y se llegó con falencias. Pero se ha ido corrigiendo en el camino, se están tomando medidas importantes que han sido positivas.

 

La experiencia en los equipos de Gobierno

Excusando a ti la pregunta, que ocupaste cargos en el Gobierno de Salvador Allende, que fuiste presidente del PS, ministro en Gobierno de la Concertación, ¿cómo ves esa observación de que al Gobierno le faltó colocar gente con más experiencia en varias áreas, no necesariamente que fueran los jefes, pero que estuvieran en ciertas posiciones? ¿Eso incide hoy?

Quizá en las asesorías, en los equipos ministeriales, quizá en cada Ministerio con alguien que hubiera tenido una mayor experiencia. Eso, por ejemplo, se corrigió en Interior. Pero tengo dudas con eso de la juventud, las generaciones y las inexperiencias. Una duda tiene un origen histórico y lo otro es una pregunta que me hago.

Sobre lo primero. Cuando nosotros triunfamos en 1970, no teníamos ninguna experiencia. La última vez que el PS había estado en un Gobierno, había sido nueve meses, en el Gobierno de (Carlos) Ibáñez y el PC había estado ilegalizado varios años.

Y el Gobierno de Allende tuvo varios ministros jóvenes.

Si pues y qué puedo decir yo que fui jefe de Codelco (Corporación del Cobre), cuando tenía 30 años. Muchos tenían esas edades. Asumimos sin tener experiencia y creo que lo hicimos bien. Después vino la dictadura, el exilio, varios años, y luego nos tocó asumir como Concertación, después de 17 años de dictadura que había refundado el país, había cambiado las regiones, la educación, la salud, las leyes, la previsión social. Asumimos todo lo que había que asumir, conociendo poco del nuevo Estado y su gestión. Éramos hijos de una cierta inexperiencia.

¿Y la pregunta que te haces?

Si acaso la experiencia contiene puras virtudes. Creo que hay virtudes y saberes en la experiencia, pero la experiencia tiende a ser cuidadosa, a pisar más sobre huevos. Cuando asumimos en 1990, con el Presidente (Patricio) Aylwin, desde la Concertación, pisábamos sobre huevos, porque teníamos la experiencia del golpe de Estado, y de la dictadura cívico-militar. Cuando uno mira hacia atrás, digo que pisábamos demasiado sobre huevos. No soy general después de la batalla, pero estoy tratando de poner en cuestión que la experiencia tenga sólo un signo positivo, también tiene signos negativos. Quita la audacia, la capacidad de ir hacia delante, la aminora.

 

Los cambios estructurales, las presiones

¿Y a este Gobierno no le falta audacia para instalar la agenda de transformaciones?

No sé si es audacia lo que le está faltando. O es tiempo. Porque creo que el Gobierno está, como dijiste, absorto en una contingencia que se le vino encima con mucha fuerza. Lentamente comienza a emerger su agenda, ya viene la propuesta tributaria que, por razonable que sea, va a suscitar, ya está suscitando, la reacción de la derecha y el poder económico en contra. Ya viene la reforma a las pensiones, cuyos adelantos también han sido recibidos por el poder económico de manera negativa, fuerte. Mira, el cierre de la Fundición Ventanas está en el programa de Gobierno, es una consecuencia natural de una situación, es un compromiso y mira cómo surgieron las críticas por haber dado este paso, incluso con la declaración de Codelco de que no van a abandonar a los 350 trabajadores de esa planta, que los van a redestinar o les van a dar un retiro especial.

¿No se está dejando de lado u olvidando que este es un Gobierno que tiene y tendrá mucha presión y ataque de la derecha económica, de los medios conservadores, incluso más de lo que se cuestionó al Gobierno de la Nueva Mayoría?

De eso no cabe duda. La Nueva Mayoría era un pacto donde si bien se enriqueció con la participación del Partido Comunista, seguía la Democracia Cristiana, donde algunos de sus personeros tuvieron un rol muy negativo, y fue un Gobierno que estuvo por debajo de las expectativas. Yo llegué a la conclusión de que la presidenta Michelle Bachelet hizo lo posible, pero enfrentó una Democracia Cristiana muy complicada, y eso se confirma cuando los personajes que la complicaron están hoy en el rechazo a una nueva Constitución.

Porque se repite que es un Gobierno que levantó muchas expectativas pero que no las puede cumplir, a pesar de que lleva sólo 100 días. Pero además, enfrentado a poderes muy fuertes si se consideran las reformas estructurales que hará.

Enfrenta presiones y poderes más fuertes que la Nueva Mayoría, porque en la Nueva Mayoría al poder económico le bastó poner trabas, poner cuñas en la rueda de la bicicleta, para que no pudiera girar. Ahora no es tan fácil hacer eso, más allá de algunos desvergonzados a los que me referí. Porque este Gobierno impulsa reformas estructurales.

 

El escenario de la nueva Constitución y la confrontación que trae

Y en el escenario se agrega que estamos ante una nueva Constitución. Es decir, un momento de cambios definitorios en el país. Eso podría llevar a no sorprenderse de tanta confrontación ideológica y política, tanto debate.

Creo Hugo que vivimos días extraordinarios. Personalmente me tocó vivir muchas cosas, desde los años cincuenta y sesenta, dos décadas doradas de la izquierda chilena, el triunfo de la Unidad Popular, el Gobierno del Presidente Salvador Allende, que nos marcó un antes y un después. Viví el exilio, la dictadura, el triunfo del NO, que es algo que guardo con mucho cariño, ese fue un gran momento. No pensé que me iba a tocar vivir un momento en que confluyeran dos fenómenos al mismo tiempo de tanta potencialidad: un Gobierno de izquierda, con un Presidente de izquierda, y una nueva Constitución. Es una combinación muy potente. Tengo un gran optimismo y una gran felicidad de vivirlo.

¿No estás temeroso ni pesimista con todos los ingredientes del escenario?

No, para nada. Creo que va a ganar el apruebo y que va a ganar por una diferencia significativa. Y si gana por un voto, gana por un voto. Hay en el pueblo chileno una consciencia que se funda en algo que el mismo pueblo levantó el 19 de octubre de 2019, que fue la idea de la dignidad. Este es un Gobierno que respeta la dignidad de las personas y la Constitución está hecha pensando en la dignidad de las personas. Luego, pienso que el pueblo chileno no ha perdido una dimensión social, y percibe que este es un país con profundas desigualdades, en que los que han mandado hasta ahora es el 1% de la población, que posee el dinero y el poder, y la mayoría de la población votará contra ese 1%.

¿En tu opinión, qué pasos hay que dar en estos meses antes del plebiscito de la nueva Constitución?

Bueno, hay dos procesos, que es la campaña contra el Gobierno y por el rechazo. Es inevitable la confrontación dura, áspera, de ideas en esta campaña. Espero que sectores de la derecha y la extrema derecha no ejecuten acciones muy negativas, para evitar la derrota que van a sufrir el 4 de septiembre, espero que no ocurra. Pero no dejo de pensar que es algo a lo que siempre hay que estar atentos. La izquierda tiene en esta materia una experiencia que debe recordar.

¿Y cómo ves los pasos tácticos de la derecha? Parece que la derecha económica manda más que la derecha política.

Lo primero, como ya lo conversamos, habrá una oposición férrea a las transformaciones estructurales, eso se ve. Y van a desarrollar una gran campaña por el rechazo donde, como te decía, espero que algunos sectores no caigan en acciones muy negativas.

Sin duda que en este cuadro la derecha económica manda más que la derecha política. Los que parecen perdidos son los partidos. Ese es un fenómeno que no es extraño en la derecha. Mira, desde el siglo XIX, después en el siglo XX, la derecha muestra una ensalada de partidos políticos, incluso con nombres que no revelan contenidos. La Unión Demócrata Independiente, ¿qué es lo que quiere decir? Renovación Nacional, Evolución Política, ¿qué dicen, qué representan esos nombres?

Para no hablar de la Unión de Centro Centro…

Claro, para la risa. En un momento había la izquierda socialista y comunista, los radicales, los liberales y los conservadores, y uno sabía de qué se trataba. Pero la derecha tiene una cosa camaleónica, desde sus nombres, que dice relación con lo que buscan. Al final es que la derecha siempre ha estado jodida a nivel de partidos, los partidos de la derecha nunca han sido atractivos para la ciudadanía, y hoy están más complicados, porque hay una crisis general de los formatos de los partidos y les afecta.

Entonces, hoy la derecha es el poder económico y el poder mediático. Es la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC) y el diario El Mercurio. Hay que ver cómo confluyen ese poder económico y ese poder mediático. Bueno, agreguemos que Televisión Nacional no ha cambiado de línea editorial, sigue en la misma línea. El Mercurio inventó y levantó a Los Amarillos, que rechazan la nueva Constitución, da notorio espacio a representantes del empresariado, de la CPC, a quienes están en contra del Gobierno y de la nueva Constitución, y a muchos los presentan como expertos. El Mercurio es el gran rector intelectual de la derecha y la CPC representa al gran poder económico, a través de los dirigentes empresariales. Todo eso está en movimiento. Es a eso a lo que hay que atender, porque tienen recursos para generarle problemas el Gobierno y al proceso de la nueva Constitución. Lo he dicho y lo vuelvo a decir, tengo temor por lo que ésta gente haga, por ejemplo, desde el gremio de los camioneros. Esa es una punta de lanza para cualquier acción subversiva, destinada a subvertir el proceso democrático.

Pueden generar un escenario de crisis y de gran conflicto una semana o dos semanas antes del plebiscito.

Sin duda que eso puede llegar a ocurrir. Entonces, atención, hay que tener los ojos muy abiertos, hay que seguir muy de cerca lo que está ocurriendo en esos ámbitos, lo que está haciendo la derecha económica y mediática, porque tenemos una experiencia, ya lo vivimos, y eso por una parte nos entrega saberes, y por la otra, nos hace ser cuidadosos.

¿Hay que prever un escenario de mayor confrontación y tensión en las semanas más próximas al plebiscito?

Yo pienso que sí. Por lo menos de intenciones de algunos sectores que querrán elevar la tensión. No sé si tendrán éxito o no. Mal que mal uno ve que dentro de esos sectores comienza a perfilarse una forma de matices, mientras que Moody’s dice que es mejor que gane el apruebo que el rechazo, y es la principal Calificadora de Riesgo a nivel mundial, hay otros que insisten en el rechazo, con una “tercera vía”, “la Comisión de Venecia”, Los Amarillos, “aprobar para reformar”, es increíble la cantidad de invenciones.

 

Movimiento social: clave

Pareciera que hay un déficit en la conversación política y comunicacional en este tiempo: el papel del movimiento social.

Hugo, eso es clave. Lo que está ocurriendo en Chile es por las movilizaciones sociales. Y no hubo movilizaciones impulsadas por los partidos políticos, desgraciadamente, porque las relaciones de los partidos con la sociedad civil -me disculpan las excepciones- están muy deterioradas. Entre otras razones la Ley de partidos, que pone muchas limitaciones a cambio de recursos financieros. Siempre el movimiento popular chileno se basó en que lo político y lo social eran nudos, un nudo inseparable. Podrán decir que los partidos tenían un rol dominante, que los sindicalistas se sometían, pero la existencia de un mundo social organizado era poderosísimo. Eso en el allendismo fue un elemento clave.

Ahora, en el caso de Chile, en tiempos recientes, fueron situaciones que se fueron sumando y acumulando. Los movimientos estudiantiles de 2006 y 2011, acompañados de manifestaciones fuertes de disidencias sexuales y medioambientalistas, las protestas de familias sin casa. Pero esto maduró con el mayo feminista de 2018. Eso fue dejado un poco de lado por el impacto enorme de la mayor manifestación que fue el 18 de octubre de 2019, el denominado estallido o revuelta social. El mayo feminista fue extraordinariamente importante, el rol de las mujeres fue extraordinario. Y así fueron expresándose distintos sectores y se desarrolló una activa y diversa movilización social. Sin embargo, ese movimiento social pareciera no tener el mismo vigor que tuvo para 2019 y que volvió a adquirir relevancia para la segunda vuelta presidencial. Son descansos necesarios. El movimiento social no es como el Parlamento, que funciona todos los días y se estudian y sacan leyes. El movimiento social trabaja y descansa, y estos dos meses va a iniciar una extraordinaria actividad.

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