A favor de un quinto retiro con responsabilidad


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Las consecuencias que una crisis económica tendría para nuestro pueblo son devastadoras, más aún considerando que muchas familias todavía no se recuperan de la caída en ingresos o pérdida del empleo que conllevó la pandemia.

Daniel Núñez. Senador. 17/04/2022. Los proyectos de ley del quinto retiro -uno de origen parlamentario y otro del Gobierno- que se tramitan en la Cámara de Diputados y Diputadas han encendido un acalorado debate público.

Uno de los argumentos más reiterados en esta discusión es el reclamo sobre lo contradictorio que resultaría entre quienes apoyaron los anteriores retiros -como los diputados PC y FA, y el propio Presidente Gabriel Boric-, que ahora impulsen un quinto retiro con fines acotados.

Este reclamo parte de la premisa de que quienes apoyaron los anteriores retiros deben sí o sí respaldar nuevos retiros bajo cualesquiera condiciones. Por tanto, quienes aprobaron los anteriores retiros no sólo deberían aprobar el quinto, sino también el sexto y, eventualmente, el retiro total de los fondos de las AFP, como si esta herramienta fuera una política pública “mágica” que resuelve por sí sola los problemas de la gente y acaba con los abusos del neoliberalismo.

Lamentablemente, la realidad es mucho más compleja. Aún con todos los retiros que se puedan imaginar aprobados, las injusticias y penurias que vive nuestro pueblo continuarán e, incluso, pueden agudizarse. Además, hacer de los retiros una política pública permanente tiene otro “pequeño” inconveniente, pues la demanda de retiro total -que se avizora muy próxima- dejaría sin recursos al sistema de pensiones y el financiamiento de un nuevo modelo recaería exclusivamente en el Estado. A la larga, los retiros amenazan la sustentabilidad financiera para transitar hacia un cambio estructural que ponga fin al sistema de AFP y entregue pensiones dignas.

Es bueno preguntarse si el país vive las mismas condiciones que cuando se aprobaron los anteriores retiros. Es evidente que hoy la situación es distinta a lo que se vivió el 2020 con la pandemia: No hay cifras de cesantía formal de dos dígitos; No tenemos la proliferación de ollas comunes de ese entonces; No estamos confinados. Incluso, a fines del año pasado, la economía logró una importante recuperación.

Pero está claro que eso no quiere decir que la gente la esté pasando bien, pues continúa el agobio y existe un sinfín de necesidades urgente que resolver. El capitalismo neoliberal genera un permanente sobreendeudamiento. Son millones los chilenos y chilenas que están acogotados por las deudas o por las cuotas que pronto vencerán.

Por eso apoyaré el quinto retiro del Gobierno, porque justamente permite pagar esas deudas y alivia en algo la presión que ejerce el usurero capital financiero sobre los y las trabajadoras. El quinto retiro del Gobierno también se hace cargo de otra tremenda injusticia, como es el desamparo en que se encuentran miles de mujeres que han quedado solas en el cuidado de sus hijos o hijas, y no han podido cobrar la pensión alimenticia que se les adeudan. Este retiro permitirá hacer efectivo el pago de dichas deudas por pensión alimenticia. Además, creará un mecanismo permanente de cobro con cargo a los fondos previsionales del deudor.

Pero también apoyaré este quinto retiro con fines acotados por la gran amenaza que constituyen las alzas, especialmente el aumento en el precio de alimentos como el pan, el aceite y la carne, lo que golpea en forma directa la capacidad adquisitiva de los sectores populares.

Cuando se aprobaron los primeros retiros la inflación era apenas de un 3%. Por tanto, el impacto en un mayor IPC fue leve. Por el contrario, el 2021 la inflación llegó a un 7,2%, y continúa al alza, acumulándose en marzo un IPC de 9,4% anual. Si bien es efectivo que la inflación está vinculada a situaciones externas, como la intermitencia de la cadena logística en la postpandemia y a la guerra entre Rusia y Ucrania, en ella también influyen componentes locales.

Aprobar un quinto retiro tradicional tendrá como efecto inmediato un alza en el precio del dólar, -que se acercaría a los 900 pesos-, y un fuerte incremento del consumo privado. Por tanto, se debe asumir que un quinto retiro sin restricciones de ningún tipo generaría un espiral inflacionario, con alzas mucho más pronunciadas en la canasta de consumo básica.

Una inflación del 10% equivale a rebajar el salario real de los trabajadores en un 10% y, en el caso de los salarios más bajos, esta rebaja de su poder adquisitivo es más pronunciada, pues ellos dedican una parte mayor de su salario a gastos en alimentación. Desde el punto de vista político, imaginen lo cuesta arriba que sería enfrentar el plebiscito de salida del 4 de septiembre, en un escenario de alzas descontroladas de los alimentos y otros productos de primera necesidad.

Aparte del encarecimiento de la vida, hay otro perjuicio que provocaría esta posible espiral inflacionaria. El Banco Central ya ha anunciado que de mantenerse alta la inflación volverá a subir en forma agresiva la tasa de interés. Ello encarecerá el crédito para las Pymes, para comprar vivienda y postergará la inversión. En definitiva, una mayor tasa de interés tendrá como efecto un brusco frenazo en la recuperación económica que se viene exhibiendo postpandemia, poniendo al país ante una inminente recesión.

Las consecuencias que una crisis económica tendría para nuestro pueblo son devastadoras, más aún considerando que muchas familias todavía no se recuperan de la caída en ingresos o pérdida del empleo que conllevó la pandemia.

Una crisis de este tipo pondría nuevas trabas al cumplimiento del programa de Gobierno, ya que la derecha junto a los grupos económicos rentistas aprovecharían la oportunidad para exigir la postergación de las anheladas reformas al sistema de pensiones, tributaria, a la salud, entre otras. La desestabilización económica es una de las armas más poderosas con que cuenta la derecha para boicotear a los gobiernos transformadores. Al que tenga duda, que vea la realidad del proceso Bolivariano en Venezuela o se remonte a nuestra historia reciente y vea la experiencia durante la Unidad Popular.

¿Me quedaré tranquilo, entonces, si se aprueba el quinto retiro del Gobierno? En ningún caso. El impacto que hoy tienen las alzas en la ciudadanía requiere medidas inmediatas y mantener una actitud vigilante, pues en ninguna circunstancia aceptaré que los costos de una mayor inflación la paguen las y los trabajadores.

En este sentido, el ejecutivo ya ha anunciado algunas acciones. Se aprobó en el Parlamento un suplemento de 750 millones de dólares a los fondos del Mepco, lo cual impedirá un alza desmedida del precio de la bencina. Además, está comprometida una medida similar en el caso de la parafina, un combustible de uso popular que ha subido escandalosamente de precio, y que es muy demandado a medida que avanza el invierno.

El Ministro de Hacienda, Mario Marcel, también anunció el envío en abril de un proyecto de Ley que impediría un alza desmedida del gas licuado. Estoy expectante ante tal anunció, pues Marcel adelantó que en dicho proyecto también se abordarían los problemas de concentración que manifiesta el mercado del gas, donde existen variadas denuncias sobre alzas artificiales de los precios por colusión.

Sin embargo, queda pendiente la situación de los alimentos. Chile ha dejado en un segundo plano la producción de alimentos para el consumo interno, por tanto, somos importadores de gran parte de los alimentos que consumimos. Por ejemplo, en el caso del pan, más del 90% del trigo que se utiliza provienen del extranjero. Esto obliga a diseñar innovadoras medidas para evitar que se sigan presentando alzas desmedidas en los alimentos. Sin especificar ahora cual es la solución más adecuada, hay que señalar sin titubeos que de continuar dicha tendencia alcista, habrá que estar dispuesto a soluciones inmediatas y efectivas, como puede ser bonos extraordinarios dirigidos a quienes poseen menor poder adquisitivo.

Jamás seré indiferente al sufrimiento de nuestro pueblo, pero también es mi responsabilidad  velar por soluciones eficaces, y no promover medidas inmediatistas que generen carestía, y donde los que tienen menos, sufran más. Estoy comprometido y jugado con las transformaciones de fondo que contemplan el programa y con superar de una vez por todas, el nefasto neoliberalismo.

 

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