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HABLEMOS DE LA TELE. Redescubriendo a Ucrania

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Con total liviandad, Monserrat Álvarez, José Antonio Neme, Iván Núñez y Mónica Rincón disertan sobre la cultura rusa, la historia desde el Imperio hasta la Unión Soviética, sin la menor rigurosidad, propalando tesis especulaciones y conjeturas descabelladas y totalmente reñidas con la realidad.

José Luis Córdova. Periodista. Santiago. 25/02/2022. Mientras la Convención Constitucional debatía la propuesta del Colegio de Periodistas y otros sectores para incorporar en la próxima Constitución el Derecho a la Comunicación, los medios escritos, radiales y televisivos mostraban su peor cara para cubrir las informaciones sobre los luctuosos acontecimientos en Ucrania.

Está claro que hay conductores, animadores y periodistas que desconocían la existencia del conflicto en esa zona del mundo pero el grado de parcialidad, falta de pluralismo, prejuicios y desinformación sobre el caso llega a ser vergonzoso.

Los canales recurren a personajes como Libardo Buitrago, un señor Said -en vivo y en directo-, hasta el inefable Carlos Zárate, entre otros, para tratar de graficar la profundidad de la crisis que enfrenta una región como el Donbas, absolutamente desconocida para los chilenos que no hayan viajado a esa parte del globo.

Con total liviandad, Monserrat Álvarez, José Antonio Neme, Iván Núñez y Mónica Rincón disertan sobre la cultura rusa, la historia desde el Imperio hasta la Unión Soviética, sin la menor rigurosidad, propalando tesis especulaciones y conjeturas descabelladas y totalmente reñidas con la realidad.

El rol de EEUU en el rearme del pueblo ucraniano y su actual Gobierno para enfrentar a los vastos sectores prorrusos se minimiza al igual que la entrega por parte de la OTAN al Ejército ucraniano de pertrechos bélicos desechados e inutilizables para enfrentar al “enemigo” ruso.

La guerra en el Donbas se desató el 2014 sin que la televisión chilena se enterara, al igual que otros conflictos bélicos internos en las ex repúblicas soviéticas y no hay analista nacional capacitado para explicar las confrontaciones y divergencias que se producen en su seno por razones antropológicas, sociológicas, geopolíticas y culturales de todo tipo.

Tras el interés de Europa y Washington está -como siempre- el petróleo, el uranio, la energía, el gas y otras riquezas naturales en estos territorios del cual profitan actualmente Alemania y los principales países del viejo continente gracias a gigantescos gaseoductos construidos por la URSS y el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), establecido por los países socialistas.

Para los canales locales que difunden informaciones uniformes y sospechosamente desde las mismas fuentes -poco comprobables- pareciera que lo más “confiable” es el papel de la Unión Europea y del pacto bélico de la OTAN. Pareciera ser la única explicación posible para el desarrollo económico del continente.

Pero ¡Oh, milagro¡ existía una república ex soviética en la frontera con Rusia, con más de 44 millones de habitantes y más territorio que toda Europa central, cuyo presidente estaba dispuesto a entregarse en los brazos de la alianza atlántica sin condiciones aunque parte importante de su población es ruso parlante y admiradora de la historia y de la cultura rusa.

Incorporar a Ucrania al pacto, desde luego que se convierte en una amenaza para la tercera potencia mundial que había logrado acuerdos para evitar que otras ex repúblicas soviéticas -como las del centro de Europa- se integraran en sus propias narices. Pero la diplomacia es un arma todavía válida para impedir la “tercera guerra mundial” prácticamente anunciada por la TV chilena.

A propósito, recordar que el actual presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky es un ex animador-humorista (especie de Don Francisco), después magnate de la televisión que preguntó en medio de la “invasión” a EEUU: “¿Ustedes nos quieren o no, ah?”. Ese es el nivel.

La guerra -es decir la política por otros medios- es condenable y ello lo sabe Washington tras sus trágicas consecuencias en Corea, Vietnam, Afganistán, Irak y otros países destrozados por las ambiciones imperialistas. El llamado a la paz que difunden todos los canales de la televisión chilena desconoce el funesto papel de USA en el irrespeto de la autodeterminación y en la no intervención en los asuntos de otros pueblos. La TV deberá tener en cuenta estas consideraciones también al tratar temas como los de China, Israel, Palestina, Irak, Irán, Sudán y todavía más cerca nuestro Nicaragua, Cuba, Venezuela, Bolivia, Honduras, Perú y otras naciones independientes y soberanas.

A las clases de educación cívica -o formación ciudadana- si se quiere, debería acentuarse la enseñanza de geografía también para varios de nuestros ilustres colegas rostros televisivos. Por ejemplo, aprovechen de admirar la belleza de ciudades legendarias como Kiev, así como las inmensidades de campos de trigo, maíz y otros productos por lo que Ucrania era llamada “el granero de la URSS”. Nunca se termina de aprender y así podemos redescubrir este lejano país.

 

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