Volodia Teitelboim

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A 14 años de su partida física. En artículos, Iván Ljubetic y Eduardo Contreras evocan gran parte de la trayectoria de quien fuera un gigante intelectual, un connotado dirigente comunista y un hombre dedicado a las luchas políticas transformadoras.

Iván Ljubetic Vargas (*). Santiago. 31/01/2022. “Odio no, nunca he tenido odio. Pero eso sí, considero que es necesario que haya memoria para que el animal humano chileno no choque de nuevo con la misma piedra; con una Dictadura que se va a hermosear y va a contar puras delicias, maravillas, para producir nuevos episodios de muerte”.   (Volodia Teitelboim).

El 31 de enero de 2008 falleció en Santiago el revolucionario chileno,  escritor y dirigente comunista, Volodia Teitelboim Volosky.

Sus inicios

Había nacido en Chillán el 17 de marzo de 1916. Desde niño manifestó inquietudes literarias. También enorme sensibilidad social. Tenía 16 años cuando ingresó a las Juventudes Comunistas. Estudió Derecho en la Universidad de Chile, recibiéndose de abogado en 1945. Para entonces ya había hecho un largo camino como periodista y como dirigente político. Era miembro de la Comisión Política del Comité Central del Partido Comunista.

Durante el gobierno de González Videla, al iniciar éste la represión contra quienes más habían trabajado para que llegara a La Moneda, Volodia debió actuar en la clandestinidad.

Posteriormente,  después de ser derogada la “Ley Maldita” en agosto de 1958, fue elegido  Diputado por Valparaíso por el período 1961 y 1965. Luego, Senador por Santiago durante dos períodos  consecutivos hasta que los fascistas en 1973 aplastaron la democracia.

En el exilio durante 15 años trabajó en el programa “Escucha Chile” de Radio Moscú, fue dirigente del Partido y director de la revista Araucaria de Chile.

La literatura, su amante

Lo dijo muchas veces: “La política era mi mujer legítima y la literatura, mi amante. La amante me rondaba por las noches, pidiéndome cuentas”.

Su obra literaria es numerosa y de elevada calidad. Por la que  recibió el Premio Nacional de Literatura 2002.

En 1935 en colaboración con  Eduardo Anguita publicó la  “Antología de la Poesía Chilena Nueva”, con exclusiones increíbles, como la de Gabriela Mistral, a quien consideraban “conservadora y anticuada”.

En 1943 publicó su ensayo político “El amanecer del capitalismo  y la conquista  de América”.  (Memoria para optar al título de abogado).

En 1952 apareció su  primera novela “Hijo del Salitre”( Basada en la vida de Elías Lafertte).

En 1954 nació la revista Aurora dirigida por Volodia Teitelboim que dentro de sus objetivos estaba «mantener combate sin tregua contra las múltiples falsificaciones inspiradas por el idealismo, filosofía de una sociedad en decadencia.

En 1957 publicó “La semilla en la Arena”, novela que narra la experiencia de los prisioneros de Pisagua.

En 1969 publicó  “Hombre y Hombre”, ensayo dividido en dos partes “Hombre verde”, en torno a la literatura rusa, y “Hombre rojo”, en torno a la literatura soviética.

En el exilio fue director de la Revista “Araucaria de Chile”.

En 1973 apareció su ensayo  “El Oficio ciudadano”; en 1974, su novela “La Guerra Interna”; sátira con claro trasfondo político;  y en 1976 su ensayo “La Lucha continúa”.

En septiembre 1978 se publicó en México su antología  “Narradores Chilenos del Exilio”. En 1984 apareció “Neruda, Biografía”. Ese mismo año, fue lanzado en Madrid  su libro “En el país prohibido”.

En 1993 publicó “Huidobro. Siempre en Marcha” y en 1996, “Los dos Borges. Vida, sueños, enigmas”.

En 1993 publicó “Huidobro. Siempre en Marcha” y en 1996, “Los dos Borges. Vida, sueños, enigmas”. Un año después apareció “Un muchacho del Siglo XX”.  Fue el primero de una serie autobiográfica que lleva por título “Antes del Olvido”.

En 1998  apareció “En el país prohibido” y “Notas de un concierto europeo”;  en  2003,  “La vida de una suma de historias”,  el tercer tomo de “Antes del Olvido”.

Un mérito no reconocido plenamente

Pero, entre los grandes méritos, aportes y lecciones que nos dejó Volodia Teitelboim, debemos rescatar un hecho que no ha sido considerado como corresponde y que tiene enorme importancia para la historia del Partido Comunista de Chile: haber reivindicado la verdadera fecha de su fundación.

Recuerdo que, a mediados de octubre de 1981, estando en el exilio tuve la suerte de asistir  a una magistral charla dictada por Volodia en la ciudad de Francfort del Meno, en la entonces República Federal Alemana. Fue en esa ocasión  en que, por primera vez,  escuché plantear  la necesidad de estudiar el tema de la fecha de la fundación del Partido. Volodia habló de recuperar 10 años de historia de los comunistas chilenos.

Debo confesar que sus palabras me dejaron  sorprendido e impresionado.

Años más tarde, en su artículo “El Renacimiento de Octubre: reflexiones sobre la revolución”, publicado en  Revista Internación Nº 11, de noviembre de 1989, página 8, Volodia afirmó:

“Yo creo que la Revolución de Octubre marcó el inicio en la cronología del movimiento comunista internacional, pero no significó el comienzo del comienzo. En esto hubo actitudes de amputación de su propia historia en muchos partidos, incluido el nuestro.

“Yo sostengo, por ejemplo, que algún día los comunistas chilenos tendremos que tomar la decisión en el sentido de que nosotros no nacimos como Partido el 2 de enero de 1922, cuando se pidió el ingreso a la  Tercera Internacional, sino diez años antes, en el momento de la fundación del Partido Obrero Socialista. Es ese mismo partido que pasó a llamarse Partido Comunista.

“Esta decisión fue aprobada por unanimidad. A diferencia de lo que ocurrió en otros países, no hubo escisión, no hubo división basada en divergencias ideológicas. Por eso creo que algún día nuestro Partido cambiará la fecha oficial de su fundación, estableciendo que nació en el año 1912, y no en Rancagua, sino en Iquique”.

Impresionado y motivado por las palabras de Volodia en Fráncfort, yo había  comenzado por entonces a   investigar y reunir material sobre el tema. ¿A qué conclusiones llegué?

Que hasta 1956 (durante 44 años) se aceptó como fecha fundacional el 4 de junio de 1912. Que en  el XIV  Congreso Nacional, realizado en forma clandestina, en abril de 1956 en Cartagena, se resolvió cambiar la fecha del 4 de junio de 1912, por la del 2 de enero de 1922.

¿Cuáles fueron los argumentos para adoptar esa resolución? Que era falta de modestia aparecer como uno de los 3 o 4 primeros partidos comunistas  del mundo y que éstos eran fruto de la Revolución de Octubre.

Entonces comprendí mejor lo planteado por Volodia  en 1981 y desde ese momento fui un decidido  partidario de su tesis. Escribí en el exilio varios trabajos en ese sentido. Luego estudié la enumeración de los Congresos Nacionales del Partido.

 Secretario general

En mayo de 1989, en el llamado “XV” Congreso Nacional del Partido (en realidad fue el XIX),  llevado a cabo bajo las estrictas normas clandestinas, el compañero Volodia Teitelboim fue elegido Secretario General del Partido, cargo que ocupó hasta el XX Congreso efectuado en Santiago del 11 al 15 de agosto de 1994.

Entre fines de mayo y comienzos de junio de 1990, tuvo lugar en la capital una importante Conferencia Nacional. En su informe, Volodia señaló:

“Tal vez más que nunca hoy tenga sentido retornar a nuestras entrañables raíces históricas y sea la hora de aprobar en principio la proposición de reconocer como fecha de nacimiento de nuestra organización el año 1912, cuando Luis Emilio Recabarren fundó en Iquique el Partido Obrero Socialista, que diez años más tarde, en su IV Congreso celebrado en Rancagua pasó a llamarse Partido Comunista de Chile. Así recuperaríamos un trozo de nuestra historia, desplegando orgullosamente nuestro nombre como Partido Comunista de Chile”.

Esa Conferencia Nacional aprobó la proposición de Volodia Teitelboim, adoptando la histórica resolución de reivindicar la auténtica fecha fundacional del Partido de los comunistas  chilenos: el 4 de junio de 1912.

En Julio  de 1994 se desarrolló el Primer Congreso Regional Metropolitano del Partido Comunista. Tanto en la Comisión en que participé, como en la plenaria final, enfaticé en la necesidad de llevar la proposición de que se cambiará la enumeración de los Congresos Nacionales del Partido, que el XVI se convirtiera en el XX.

Expliqué que en el XIV Congreso de Cartagena, en su Informe Galo González dijo:   “El anterior Congreso es conocido como el Trece Congreso. En tal enumeración se incluían los congresos efectuados por el Partido Obrero Socialista, que en 1922 se transformó en Partido Comunista. Lo más justo es enumerar nuestros congresos a partir de esta última fecha, es decir, a partir del último Congreso del Partido Obrero Socialista y Primer Congreso del Partido Comunista”.

Agregué: Si aceptamos la tesis aprobada por la inmensa mayoría de los componentes del  Congreso de Cartagena,  de enumerar los congresos a partir de la fecha del IV Congreso del POS, que corresponde –de acuerdo con la resolución allí aprobada– al I Congreso del PC, se deben eliminar los tres Congresos del POS. Por tanto, si el anterior es el XIII, el de 1956 le correspondería ser el XI,  pues 14 menos 3 son 11. Sin embargo, en vez de denominar al Congreso de Cartagena como el XI,  lo enumeran con el número X.  Fue un simple error de aritmética.

Pensé que como nadie objetó mi proposición se daba por aceptada.

Ocurrió que terminada la sesión plenaria me  encontré con los miembros de la Comisión redactora de las conclusiones del Congreso Regional y me dijeron que no iba mi proposición, porque ello no había quedado claro como una resolución.

Estábamos en esa discusión cuando pasó la compañera Gladys Marín. Le expliqué de lo que se trataba y ella dijo: “Iván tiene razón, la proposición que él hizo fue aprobada. Debe ir  en las resoluciones del Congreso”.

Del 11 al 15 de agosto de 1994 se celebró el Congreso Nacional que se inició como XVI y finalizó como XX.

En el Informe, rendido por Volodia Teitelboim, se  dijo: “Después del XV Congreso, tras el análisis de su historia, se resolvió establecer como fecha de fundación de nuestro Partido el 4 de junio de 1912. Tomando en cuenta los Congresos nacionales realizados por el Partido Obrero Socialista, queremos proponer a esta magna reunión que este XVI Congreso pase a llamarse el 20º Congreso del Partido fundado por Recabarren, del Partido Comunista. Corresponde pronunciarse democráticamente sobre  esta proposición”.

Fue aprobada. De este modo, el evento iniciado como el XVI, finalizó como el XX  Congreso del Partido Comunista de Chile.

Nosotros hemos mantenido y mantendremos la correcta enumeración de los Congresos Nacionales del Partido Comunista de Chile, la que fue reivindicada en el Congreso de agosto de 1994, que se inició como el XVI y finalizó como el XX.

Hasta siempre, camarada Volodia

El jueves 31 de enero de 2008  dejó de latir el corazón de un muchacho del siglo veinte,  Volodia Teitelboim Volosky.

El sábado de 2 de febrero, luego de haber sido velado en el edificio del ex Congreso Nacional, el féretro con sus restos salió cubierto con una bandera del Partido Comunista y rodeado por cientos de personas. Militantes y simpatizantes comunistas enarbolaron banderas chilenas y de la colectividad para hacer un estrecho pasillo entre el edificio y la calle.

Camino al Cementerio General, recibió el homenaje de las floristas, quienes lanzaron pétalos al paso del cortejo fúnebre. En las afueras del cementerio se realizó un multitudinario acto. Uno de los oradores fue  su hija del, Marina Teitelboim, quien viajó desde Polonia. Dijo ‘vine a despedir a un padre que no es sólo mío’. ‘Con tu fuerte valentía, esperaste a que llegara (desde Polonia). Aquí estoy papá para rendirte un homenaje de hija’.

Marina Teitelboim  agradeció las numerosas señales de apoyo de miles de chilenos y representantes del mundo político y cultural.

Al acto asistieron delegaciones de los gobiernos de Venezuela y Cuba.

La ceremonia finalizó con La Internacional interpretada por el coro del Teatro Municipal de Santiago.

Volodia Teitelboim fue sepultado en forma privada.

(*)Iván Ljubetic Vargas. Historiador. CEILER.

Volodia

Eduardo Contreras (*). Santiago. 31/01/2022. Será porque ambos habíamos nacido en Chillán o porque éramos abogados  egresados de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, o por lo que sea, pero lo cierto es que por encima de la diferencia de edad y de la circunstancia que él era una figura nacional y yo un joven abogado desconocido, desde que nos conocimos surgió una amistad real, sincera.

Antes del golpe,  alguna de las veces que estuvo en Chillán se alojó en nuestro hogar. Siempre nos dio un trato cordial, amistoso, lleno de sentido del humor. Por esos años, cuando estuve detenido en mi ciudad por razones políticas, me visitó junto a don Luis Corvalán y don Oscar Astudillo

Al igual que Pablo Neruda,  cada vez que pasaba por mi ciudad nos pedía que le lleváramos al Mercado; era su sitio preferido y al igual que el poeta disfrutaba recorriendo la plaza del Mercado y almorzando en algunos de sus hermosos locales.

Años más tarde ya en el exilio me recibió una noche en su casa en Moscú y junto a su familia me invitó a una inolvidable cena.

Viviendo en nuestro país como más tarde en el exilio y finalmente en el retorno fueron años en que, junto al respeto que sentía por él, pude disfrutar además de su amistad.

En el exilio nos encontramos en Moscú, en La Habana y en Ciudad de México. En esta última ciudad le divertía la lectura de esos carteles callejeros que perentoriamente  establecían que “Se prohíbe a los materialistas estacionarse en lo absoluto”. Sin duda aquello inspiraba una reflexión filosófica hasta que descubrimos que allí se llama “materialistas” a los camioneros y el asunto era más simple.

Retornados a Chile la distancia estuvo dada por la enorme responsabilidad política asumida por el gran escritor y periodista en el Partido Comunista de Chile lo que en todo caso de ningún modo empañó la amistad, pero había lógicas distancias de tiempo y lugar.

Quiso la vida que en sus últimos años Volodia Teitelboim residiera en Ñuñoa, cerca de nuestro hogar. Lo que hizo posible que por los atardeceres nos juntáramos a caminar a veces los dos, otras acompañados de Rebeca, mi esposa, y de la amiga común, Jimena Pacheco.

Recuerdo también haber ido una vez en autos a Concepción donde él dictaría una conferencia y en donde viajamos  juntos Volodia, su hija Marina (hoy funcionaria diplomática en Moscú) mi esposa Rebeca y yo. Esta vez el gran escritor no se refirió a mi modo de conducir como, en cambio, había sucedido hacía años en México cuando viajábamos ambos en automóvil desde la capital hasta un lejano pueblo en busca de Chelena, la viuda del genial Bruno Traven.

En verdad íbamos atrasados y manejé muy rápido lo que no dejaba de incomodar al genial pasajero que me amonestó categóricamente.

Desde su primer ensayo, “El amanecer del capitalismo y la conquista de América” de 1943 y hasta sus últimos años, Volodia Teitelboim no dejó de escribir obras realmente valiosas. Nombrarlas todas ocuparía demasiado espacio; recordemos sólo algunas como “Hijo del Salitre” de 1952, “La Semilla en la Arena” de 1957, “Hombre y Hombre” de 1969  y más tarde “El oficio ciudadano”, “Antes del olvido”, “En el país prohibido” las valiosas  biografías de Neruda, Huidobro, Borges y la Mistral, en fin toda su valiosa y numerosa obra literaria.

Sin olvidar por cierto a la Revista “Araucaria” de la que fue fundador y director.

Este 31 de enero se ha cumplido otro año desde su partida el año 2008 y lo menos que podíamos hacer es recordarle con el respeto y afecto que por él sentimos toda la vida.

(*)Eduardo Contreras. Abogado de derechos humanos, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Chile.

 

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