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Hablemos de la tele. Especulaciones y conjeturas

Superada la sorpresa por el posicionamiento de colectivos, organizaciones y pactos que compartían con partidos políticos y alianzas, la televisión se orquestó para cuestionar la extensión de las deliberaciones y votaciones en el caso de la presidencia y la vicepresidencia.

José Luis Córdova. Periodista. Santiago. 10/01/2022. La mayoría de los televidentes se sorprendieron durante el reciente proceso electoral para reemplazar a la mesa directiva de la Convención Constitucional con la aparición de personajes, movimientos y denominaciones absolutamente desconocidos. Los medios de comunicación no habían contribuido -como debían- a informar sobre la existencia y planteamientos de estas organizaciones ni sus propósitos.

La idea de farandulizar, personificar -y de esta manera- también desprestigiar las labores de la trascendente instancia democrática tuvo un hito impensado al descubrirse -además- el método “papal” para elegir a las autoridades de la convención. En verdad este sistema se consideró desde el momento en que, mediante el “acuerdo por la paz” (?) del 15 de noviembre de 2019, se consolidó una convención constitucional en lugar de la idea democrática y participativa de una Asamblea Constituyente que exigieron sin éxito millones de personas en las calles.

Vale la pena insistir que desde ese momento se impusieron: el candado de los 2/3 y la “elección papal” y sólo se alcanzó afortunadamente a corregir el tema de la paridad, de género, la apertura a la participación de candidatos a convencionales independientes y los escaños reservados para las naciones originarias, cuestiones que no estuvieron en el proyecto original acordado por el gobierno de Piñera y la ex Concertación y que fueron resistidas por la derecha.

La televisión nunca se abrió a la posibilidad de hacer un trabajo formativo, de información pertinentes en materia constitucional, de una política que permitiera a la ciudadanía conocer estos “detalles” que, en definitiva, debieron enfrentarse con las fuerzas que resisten los cambios, los votantes del Rechazo que todavía hoy trabajan por mantener la Constitución pinochetista a partir del plebiscito de salida de septiembre próximo.

Los amigos de las encuestas deberían ocuparse de conocer los porcentajes de personas que sabían la existencia de Independientes No Neutrales, de la Asamblea Popular por la Dignidad y otras organizaciones surgidas desde las bases del pueblo para incorporarse participativa y democráticamente al proceso constituyente.

Superada la sorpresa por el posicionamiento de colectivos, organizaciones y pactos que compartían con partidos políticos y alianzas, la televisión se orquestó para cuestionar la extensión de las deliberaciones y votaciones en el caso de la presidencia y la vicepresidencia. Cuando se logró elegir a estas primeras autoridades, los canales se inclinaron por destacar aspectos secundarios como los niveles académicos, condiciones sexuales y otros de los integrantes de la nueva mesa.

Posteriormente y ante el desafío de elegir a siete vicepresidencias adjuntas volvieron los cuestionamientos desde los medios que buscaron incesantemente abrir debates inconducentes, descubrir “quiebres” y confrontar el acuerdo de Chile Digno y Apruebo Dignidad con el Frente Amplio que debe dar gobernabilidad al presidente electo Gabriel Boric.

Fueron invisibilizadas las reiteradas explicaciones de dirigentes políticos afines al próximo gobierno que estas diferencias en la Convención no se traspasan a la gobernanza necesaria para asumir el próximo 11 de marzo.

Así las cosas, las mesas de redacción y editores de los medios afilaron las estacas para exigir un inusitado e inmediato nombramiento de los miembros del futuro gabinete, lanzando precipitadamente nombres de posibles ministros. En el caso de la economista Andrea Repetto -por ejemplo- ella misma explicó que la insistencia de los medios y su sobreexposición la condujo a declinar por el momento cualquier nominación.

Es conocido el “mito urbano” que la revelación de nombres antes de su designación oficial, habitualmente, produce el efecto de alejar a los postulantes de estos altos cargos. Miel sobre hojuelas para los canales que todos los días revelan nuevos nombres y hacen circular listas de supuestos integrantes del comité político, de los miembros del “segundo piso” y hasta la presunta nómina oficial del gabinete con una irresponsabilidad cercana a la provocación.

Todo indica que la “luna de miel” del Gobierno entrante con los medios será tan breve como lo permitan las especulaciones, conjeturas y “fakes news” a los que nos tienen acostumbrados los canales de televisión.

 

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