La prensa en la segunda vuelta presidencial

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La carrera por La Moneda se corre en una pista donde el sistema medial chileno se caracteriza por líneas editoriales conservadoras/sistémicas, contenidos de preeminencia unidireccional, y concentración de propiedad oligopólica, monopólica y trasnacional. Uno de los impactos es que se impone una agenda informativa hegemónica y una irradiación de percepciones y sensaciones que colabora con las tesis conservadoras. Está bien que los sectores transformadores busquen espacios en los medios tradicionales de gran alcance, pero no deberían desechar el nicho al que llegan los medios alternativos, sociales, comunitarios.

Hugo Guzmán (*). Periodista. “El Siglo”. Santiago. 25/11/2021. En el escenario de una disputada/frenética campaña electoral con la mira en la segunda vuelta presidencial, la prensa tiene una gravitación/rol de incidencia que, al parecer, nadie desconoce.

El candidato de la ultraderecha/derecha, José Antonio Kast corre con ventaja. En un sistema medial chileno caracterizado -objetivamente- por líneas editoriales conservadoras/sistémicas, de contenidos de preeminencia unidireccional, y de concentración de propiedad oligopólica, monopólica y trasnacional, parece inobjetable que en lo grueso y lo sutil los dueños y directivos de la prensa chilena se inclinan por Kast (con mayor o menor entusiasmo).

El candidato de los sectores progresistas, democráticos y transformadores, Gabriel Boric, corre con una desventaja editorial y de contenidos, que se expresa, también, en lo grueso y lo sutil. Pese a eso, tiene/le darán espacios y seguramente buscará presencia cotidiana/sólida en los medios grandes/tradicionales que, por lo demás, son los de mayor alcance en la ciudadanía de todo el país.

Este cuadro parece de repente imperceptible y puede existir la sensación de que en el país esta carrera presidencial se corre en una pista de equilibrio informativo/comunicacional.

Eso puede estar influido porque, en efecto, en la prensa hay espacios para ambas candidaturas, se constatan contrastes y matices en la labor y ejercicio de editores/periodistas y espacios/columnas, existe tácito o explícito derecho a réplica y una cobertura amplia.

Sin embargo, no se debería desconocer que omisiones y énfasis, agendas temáticas/informativas unidireccionales/dominantes, pautas de los debates presidenciales, manejo de imágenes, tonos y redacciones, titulares, énfasis en realidades ciudadanas/sociales, entre otros factores, configuran mensajes mediáticos que, al final de cuentas, inciden de manera sustancial en la opinión pública.

Chile no es ajeno a prácticas establecidas a partir del “miedo social”, “el terrorismo mediático” y “apelaciones a sensaciones” que impactan en grandes sectores de la población. Su implementación es directa e indirecta, explícita y sutil.

Hay otros elementos. La carrera presidencial chilena se corre en un país donde más del 90% de los diarios a nivel nacional pertenecen a dos consorcios empresariales, donde casi el 100% de las radios y canales de televisión son de grandes empresas, muchas de ellas extranjeras, y donde esos medios se llevan más del 80% del avisaje estatal para la prensa.

Es cuestión de indagar para saber que los dueños, directivos y directores de esos medios son conservadores, sistemáticos y contra-transformadores. Dicho sin eufemismos.

Lo anterior, colocado respecto a otro país, desataría las críticas y rechazos desde los conservadores hasta los demócratas en Chile, quizá hasta cuestionando el sistema político y el proceso electoral en aquel país.

Pero acá ya está naturalizado. Por lo demás, es constatable el temor de enfrentar el debate sobre el sistema de medios en el país, que rápidamente se lleva al plano de supuestas afectaciones a “la libertad de expresión” como si aquí estuviera cien por ciento garantiza en términos serios/reales.

Uno de los impactos es que, lo han señalado distintos analistas y periodistas, se impone una agenda informativa hegemónica y una irradiación de percepciones y sensaciones que colabora con las tesis conservadoras.

Parece ingenuo no dar cuenta de esto. Relativizarlo, aminorarlo o naturalizarlo. Porque a final de cuentas el sistema de medios tiene que ver la sanidad/madurez del sistema democrático.

Habría que preguntarse qué llevó a que sectores empresariales, conservadores, de la derecha orgánica, liberales, incluso socialdemócratas, se opusieran/se oponen a una legislación de medios, mantener las disposición rígidas actuales, a subvenciones/aportes de presupuesto estatal a medios sociales/alternativos (cuando los privados/empresariales se llevan casi toda la tajada), a fortalecer medios públicos, a garantizar el equilibrio/pluralidad comunicacional, a rechazar la existencia de una política comunicacional, e incentivaran el cierre de medios de corte progresista/popular, alternativos, sociales, la ilegalidad de radios comunitarias, la satanización de medios de izquierda, mercantilizar la televisión pública, y colocar a la prensa empresarial como la realmente objetiva y necesaria.

Ciertamente que detrás de eso hay un componente de mercado/financiero, sobre todo por el carácter monopólico y trasnacional. Pero sería ingenuo/inconducente no aterrizar en los motivos sistémicos, ideológicos e instrumentales en este logro del diseño medial chileno, claramente desequilibrado.

Por cierto, dado este contexto, sería oportuno que el candidato presidencial de los sectores progresistas, democráticos y transformadores, sus voceros, integrantes de su comando y equipos, legisladores y dirigentes políticos que lo acompañan/respaldan, junto con buscar/aprovechar la instalación en los medios grandes de alto alcance, se preocuparan, aunque fuese en un porcentaje menor, de irradiar su mensaje a través de los medios alternativos, sociales, populares, comunitarios.

En la búsqueda/consolidación de votos, en una competencia intensa, no debería descartarse por completo llegar a los nichos donde tienen alcance ese tipo de medios, y no monopolizar el trabajo comunicacional en los oligopolios y medios privados/empresariales.

Dar una mirada a experiencias de ese tipo en algunos países, podría influir en graficar ese camino que, por lo demás, puede reportar nada más que algún provecho.

 (*)Hugo Guzmán Rambaldi es periodista chileno, director del semanario digital “El Siglo”. Fue Jefe de la Sección Internacional de Canal 11 de TV de México, Editor de Política del diario“La Nación”, reportero de sección política de “Las Última Noticias” y “La Tercera”, Editor General de Radio Universidad de Chile y laboró en la Secom de La Moneda.

 

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