Chile en el corazón

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Adelanto en exclusiva para Chile del libro de Mario Amorós “¡No pasarán! Biografía de Dolores Ibárruri, Pasionaria” (Ediciones Akal), ya disponible en librerías de Santiago. Este fragmento del libro se titula “Chile en el corazón”.

Madrid. 10/2021. En diciembre de 1972, Dolores Ibárruri participó en el Kremlin en la sesión solemne del Comité Central del PCUS y del Soviet Supremo con motivo del 50º aniversario de la creación de la URSS. En aquella oportunidad destacó el “heroísmo” del pueblo vietnamita en su lucha contra el agresor estadounidense, al que estaba ya a punto de doblar la mano, como culminación de “una guerra de décadas por la liberación nacional”[1].

En abril de 1973, una noticia llegada de Francia le conmovió profundamente[2]:

Con hondísimo sentimiento lloramos hoy la muerte de nuestro gran camarada Pablo Picasso. Incorporado a nuestra gran familia comunista desde hace muchos años, Picasso era nuestro amigo y camarada entrañable y, por qué no decirlo, era también nuestro orgullo (…) Enfrentándose con los cánones y tradiciones de un academicismo estático, abrió al arte pictórico caminos y horizontes que solo un genio revolucionario como Picasso era capaz de hacer, pasando por encima de normas establecidas y consagradas por la tradición y la rutina. (…)

Su cuadro Guernica es estremecedor, sangriento (…) Si Picasso no hubiera hecho en su fecundísima vida más obras que el Guernica, ella bastaba para consagrarle como el pintor de toda esta época de lucha y de horrores que nos ha tocado vivir.

En agosto, el Comité Central del PCE subrayó el agotamiento político de la dictadura, que coincidía con la decrepitud del dictador, que acaba de nombrar un Gobierno presidido por el almirante Carrero Blanco. Entonces empezó el debate sobre un importante documento, el Manifiesto-Programa, cuya discusión se abría al conjunto de la militancia comunista y, más allá, a “los compañeros de viaje” y futuros aliados. En su intervención, la presidenta del Partido trazó primero una mirada optimista de la situación internacional[3]:

Nosotros veíamos, y no nos equivocábamos, en la Revolución Socialista de Octubre de 1917 el nacimiento de una nueva era, la era del socialismo y de la victoria del proletariado, de la misma manera que con la Revolución francesa se iniciaba el comienzo del fin del feudalismo y el nacimiento de una nueva época: la época de la dominación de la burguesía. (…)

Recorriendo un inmenso camino y a través de una grandiosa lucha liberadora, el socialismo es hoy la gran fuerza revolucionaria triunfante en los más grandes países de la tierra, en Europa y Asia. Alumbra el renacer del Vietnam heroico y el desarrollo de Corea y de Mongolia.

Se impone en la pequeña Cuba en el mar Caribe, mientras en el continente latinoamericano en ebullición se afirman en la Argentina tendencias antiimperialistas y en Chile con un presidente socialista, con el camarada Salvador Allende, apoyado en los partidos Socialista y Comunista y las masas y fuerzas populares democráticas, se inflige una seria derrota a las fuerzas golpistas reaccionarias y se reafirma la democracia en nuestro hermano país.

Citó a Lenin y a Dimitrov para criticar “el infantilismo revolucionario” de “esos jóvenes ingenuos de hoy que creen darnos lecciones de revolucionarismo” y elogió los avances de la lucha por la democracia en España, con el desarrollo de diversas fórmulas unitarias, sobre todo en Cataluña, donde en 1971 se había fundado la Assemblea de Catalunya:

Intensificando la represión policiaca contra la clase obrera y fuerzas democráticas y maltratando a sacerdotes y jerarquías eclesiásticas como no se hizo jamás en nuestro país, se intenta vanamente detener el derrumbamiento del régimen y frenar el creciente movimiento de oposición de las fuerzas fundamentales de España contra la sangrienta dictadura franquista.

Lo correcto y acertado de los planteamientos de nuestro VIII Congreso se confirma con los progresos obtenidos en el desarrollo del proceso de la articulación de la unidad democrática. La multiplicidad de mesas y plataformas democráticas, de comisiones coordinadoras en la geografía española, y muy especialmente en la Cataluña de las grandes luchas populares y de tradiciones democráticas, que va en cabeza en la lucha por la alternativa democrática, como han señalado los camaradas que han informado aquí, muestra la amplitud lograda en la resistencia a la dictadura y lo acertado de la política del Pacto por la Libertad.

Quiero subrayar la importancia política de los contactos que se han logrado establecer con fuerzas económicas y sociales neocapitalistas y capitalistas que pueden dar un serio impulso a la convergencia en el Pacto por la Libertad.

 

El 11 de septiembre, el golpe de Estado militar que derrocó al presidente Salvador Allende y al Gobierno de la Unidad Popular conmovió al mundo y desató un sinfín de preguntas en la izquierda acerca de la posibilidad de la “vía pacífica” al socialismo. De inmediato, el Comité Ejecutivo del PCE difundió una declaración en la que rindió tributo al sacrificio de Allende y expresó su solidaridad con la izquierda chilena, al tiempo que denunció la complicidad de Nixon y Kissinger con la destrucción de la democracia en aquel país andino[4].

El 23 de septiembre, la muerte de Pablo Neruda, quien en 1937 escribiera España en el corazón y en 1939 organizara, junto con el Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles y el Gobierno del Frente Popular de su país, la expedición del Winnipeg, golpeó también a los comunistas españoles. “Para nosotros, Pablo fue un hermano entrañable”, escribió Marcos Ana, quien le había visitado en Isla Negra una década atrás. “Para él, España una luz transparente y luminosa que, al teñirse de sangre por la guerra, marcó decisivamente su vida y su obra de combatiente y de poeta…”[5].

Dolores Ibárruri le conoció personalmente en Madrid antes de la guerra, posiblemente de la mano de Rafael Alberti y María Teresa León. Se reencontraron en Moscú en numerosas ocasiones y en 1960, cuando nació su nieta, el autor de Veinte poemas de amor y una canción desesperada le regaló una hermosa sillita de mimbre tejida a mano por artesanas soviéticas[6]. Se encontraron por última vez en París, en agosto de 1972, cuando el embajador Neruda le invitó a almorzar[7].

Tras conocer su fallecimiento, cuyas causas la justicia chilena investiga desde hace ya diez años tras la denuncia de asesinato formulada por quien fuera su último chófer (Manuel Araya), Dolores Ibárruri escribió un texto que fue incluido en el libro Una corona para Neruda, publicado en Moscú en 1974[8]:

Tú vives, camarada y amigo Neruda, en nuestro recuerdo nublado de lágrimas. Tú cantaste a nuestro pueblo y a nuestra España inmortal en los sangrientos días de su resistencia heroica a la agresión militar fascista.

Y no podías imaginar entonces que la historia iba a deparar a tu pueblo el mismo trágico destino que a nuestra España mártir y a ti, nuestro entrañable Pablo Neruda, el mismo fin que a nuestro Machado, Miguel Hernández y García Lorca (…)

Tu pueblo te reconoce como suyo para siempre. Y nosotros también, los que te conocimos, los que te vimos a nuestro lado en los días de luto y de sangre. Tu nombre estará vivo y presente en nuestra lucha, en nuestro recuerdo y en nuestra futura victoria. Y al decir ¡España! diremos ¡Chile! Y al decir ¡García Lorca! diremos ¡Pablo Neruda!

 

El 28 de septiembre, en el Centro Español de Moscú, tuvo lugar un acto de solidaridad con Chile en el que tomó la palabra, junto con el profesor chileno Víctor Castro y el hispanista soviético Lev Ospovod. En su discurso recordó especialmente al presidente Allende y a Neruda[9]:

Todos sabéis que al frente de los destinos de la República chilena se hallaba el doctor Salvador Allende, gran patriota y uno de los fundadores del Partido Socialista chileno. Salvador Allende y el Gobierno de la Unidad Popular, en su patriótico y revolucionario deseo de arrancar su país de las garras del imperialismo extranjero y de sus lacayos nacionales, iniciaron, apoyados por el pueblo, una política de rescate de las riquezas nacionales, sobre todo de sus minas, cuya explotación estaba monopolizada por las compañías extranjeras; iniciaron una política democrática de defensa de la justicia y de la dignidad nacional. (…)

Las fuerzas reaccionarias chilenas, estimuladas y apoyadas desde fuera, violando todas las normas constitucionales y democráticas como vulgares saboteadores de caminos, iniciaron un golpe militar fascista semejante al organizado por Franco y sus secuaces en 1936 en nuestro país.

 

Llamó a la solidaridad internacional con la causa de la democracia en Chile y saludó la decisión de la URSS y de la mayor parte de los países socialistas de romper las relaciones diplomáticas con la Junta Militar encabezada por el general Pinochet:

Dos nombres que son todo un símbolo van unidos en la muerte, en esta dura y crudelísima lucha que el pueblo chileno está obligado a librar por su vida y por la libertad de su patria: Salvador Allende y Pablo Neruda, socialista el uno, comunista el otro, que vivirán eternamente en el recuerdo agradecido de su pueblo y de todos los pueblos. La reacción pasa, pero el pueblo es permanente y después de este diluvio de sangre con que la reacción chilena, al servicio del imperialismo, ha querido enterrar para siempre el régimen democrático chileno encabezado por el presidente Salvador Allende, que entra en la historia inmortalizado por su vida y por su muerte, la democracia chilena, abonada con la sangre de tantos héroes caídos por la bestial represión, volverá a renacer (…)

[1] Mundo Obrero. Madrid, 2 de enero de 1973. p. 7.
[2] Mundo Obrero. Madrid, 26 de abril de 1973. p. 8.
[3] Mundo Obrero. Madrid, 5 de septiembre de 1973. pp. 4-5.
[4] Mundo Obrero. Madrid, 17 de septiembre de 1973. pp. 1-2.
[5] Mundo Obrero. Madrid, 3 de octubre de 1973. p. 3.
[6] Ibárruri, Dolores: Memorias de Pasionaria. 1939-1977. Planeta. Barcelona, 1984. p. 190.
[7] Edwards, Jorge: Adiós, Poeta… Debolsillo. Santiago de Chile, 2013. pp. 322-323.
[8] Archivo de Dolores Ruiz-Ibárruri Sergueyeva. Caja 37. Carpeta 2.4.817. Incluido también en sus memorias: Ibárruri (1984), pp. 191-192.
[9] Archivo Histórico del PCE. Fondo Dirigentes. Caja 21. Carpeta 1.1.

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