La tormenta perfecta para el neoliberalismo en Chile

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Esta es una oportunidad única para alcanzar los cambios que el pueblo de Chile demanda, pero el éxito no está garantizado. Juntemos fuerza para no dejarla pasar. Con la unidad de todas las fuerzas de izquierda y progresistas, es posible alcanzar el objetivo; pero siempre de cara y de la mano de las organizaciones y movimientos sociales; recordando siempre que ha sido la movilización del pueblo la fuerza principal que ha provocado este momento histórico único.

 Hugo Gutiérrez Gálvez. Convencional Constituyente. Santiago. 23/09/2021. Para la derecha económica y política, conservadores y protectores del modelo neoliberal, se aproxima una tormenta perfecta: no sólo podrían perder todas las elecciones que se celebrarán durante el presente año 2021, sino que puede instalarse un período de definiciones políticas que impliquen el derrumbe del actual modelo neoliberal. Este es un motivo de entusiasmo y esperanza para las fuerzas progresistas y de izquierda, trabajadores y trabajadoras y para los sectores medios del país.

Por primera vez, luego de más de 30 años de una engañosa Transición Democrática, la coyuntura política y social vislumbra un temporal que barrerá Icon las viejas y anquilosadas estructuras políticas y económicas neoliberales y establecerá un nuevo orden institucional.

Los elementos favorables que se yuxtaponen en tal escenario están representados en el avance y profundización del proceso constituyente y la aprobación de la nueva carta fundamental; en la obtención del triunfo en las elecciones presidenciales y parlamentarias; en garantizar la persecución y castigo de las violaciones de los derechos humanos cometidas en dictadura y con posterioridad al Estallido Social; y, finalmente, en el empoderamiento popular iniciado el 28 de octubre de 2019.

En primer lugar, consta que las banderas izadas en la instalación de la Convención Constitucional han demostrado una clara inclinación con miras a redactar una carta fundamental que asegure un Estado plurinacional, de independencia,  de soberanía popular, justicia territorial, garante de los derechos humanos de todas las personas y de  un desarrollo social y económico que permita el bienestar de nuestra sociedad; que pondrá fin al principio de subsidiariedad establecido en la Constitución Pinochetista, que ha colocado al Estado al servicio de las minorías acomodadas; que protegerá los derechos de la naturaleza, de la mujer y de las minorías sexuales. Por otra parte las fuerzas más progresistas postulan a replantear la organización, función y el sometimiento estricto de las fuerzas armadas al poder civil elegido democráticamente, elevando a principio máximo la no deliberación de sus integrantes. Es suma, la mayoría de los constituyentes están por derrotar la Constitución de Pinochet-Lagos  y que el proceso constituyente –que debe ser asegurado por todos los medios democráticos y políticos posibles de los defensores del continuismo neoliberal-, de lugar a una carta fundamental nacida de su promotor, el pueblo soberano.

A la luz del fracaso electoral de la derecha en la elección de los convencionales constituyentes, ya no tienen en sus manos la posibilidad de vetar las normas constituciones que irá aprobando la Convención. Las y los convenciones que están por las grandes transformaciones del Estado de Chile y por la recuperabilidad de los bienes comunes, son una abrumadora mayoría, superior al quorum de los dos tercio, que se pretendió utilizar como candado para los cambios. La Nueva Constitución Política puede dar inicio a la etapa pos neoliberal que los pueblos de Chile exigen.

En segundo lugar, existe una gran probabilidad que en el proceso eleccionario presidencial que se llevará a efecto en el mes de noviembre -o diciembre del presente año en caso de segunda vuelta presidencial- el gobierno sea asumido por un bloque político de izquierda sin hegemonía de fuerzas neoliberales, que debe cumplir con la propuesta programática. Tal compromiso se encuentra establecido en la declaración pública de la coalición Apruebo Dignidad, cuyo texto es conocido y será exigido por el electorado: El próximo gobierno deberá ejecutar las transformaciones que ha exigido el pueblo en las movilizaciones de las últimas décadas, con especial énfasis desde el 18 de octubre de 2019, que dieron origen al proceso constituyente. En razón de ello, debe dirigir el país un proyecto cuyos objetivos sean generar una democracia más profunda, mayor igualdad y más libertades para las personas y pueblos, cuyo motor de los cambios sea la desconcentración del poder y la superación del neoliberalismo. De modo que el conglomerado que asuma el poder ejecutivo abrirá un tiempo para poner fin a las AFP, a normas laborales depredadores de los derechos de los trabajadores, al mercado que genera servicios precarios en salud y educación, a un país sacudido por el deterioro del medio ambiente y calidad de vida de muchas localidades y comunidades de nuestro país.

En tercer lugar, luego de las elecciones de las y los convencionales constituyentes y de gobernadores, también es probable que las fuerzas de izquierda anti neoliberales alcancen un importante peso en el nuevo Parlamento; por consiguiente, y al tenor del programa de la coalición Apruebo Dignidad, el futuro Parlamento tendrá dentro de sus más relevantes mandatos materializar las normas transitorias que permitan comenzar las reformas democráticas que emanen de la nueva constitución, conduciendo el proceso legislativo hacia el término definitivo del actual sistema, que se encuentra sustentado en la fuerza y el abuso de una élite, e implementar las transformaciones legislativas mandatadas por la ciudadanía y la nueva Constitución, para conducir a Chile hacia una verdadera  democracia. Por tanto, con el ascenso al poder del conglomerado de Apruebo Dignidad, se iniciará una etapa en que las fuerzas políticas que representen al electorado no estarán dedicadas a administrar el modelo neoliberal, sino a buscar su transformación y volcarse a construir una mejor vida para la inmensa mayoría de los chilenos, principalmente de los que actualmente viven en situación de postergación.

En cuarto lugar, el favorable escenario político está constituido por un movimiento ético originado en los tiempo oscuros de la dictadura cívico-militar, y que en un inicio denunció los crímenes cometidos, para luego luchar de manera decidida en contra de la impunidad de los agentes del Estado, autores directos de las sistemáticas y generalizadas violaciones de los derechos Humanos. La incansable y persistente búsqueda de verdad y justicia de las agrupaciones de derechos humanos y de sus perseverantes abogados, ha tenido como corolario -luego de largos años de juicios-, verdad y justicia; ni más ni menos. La prueba de los avances en la persecución de criminales de delitos de lesa humanidad, es que durante las últimas semanas de este mes de septiembre, sumadas a decisiones anteriores, los tribunales de justicia han dictado dos sentencias condenatorias de penas efectivas para violadores de derechos humanos; son los casos en que después de 48 años, la Corte de Apelaciones de San Miguel condenó a 15 años y un día a 3 carabineros por crímenes cometidos en el denominado “episodio Curacaví”, por el delito de secuestro de Jorge Gómez, Gastón Manzo y Enrique Venegas, ocurrido en 1973 en Cuesta Barriga. Asimismo, la Corte de Apelaciones de La Serena condenó a 15 años y un día de presidio mayor  en sus grado medio a  un Coronel de Ejército ® por el delito  de secuestro calificado ocurrido en 1977 en Arica, del topógrafo Pedro Mella.

En este contexto, el Centro de Detención Preventiva y Cumplimiento Penitenciario Especial de Punta Peuco, exclusivo para albergar a los criminales de delitos de lesa humanidad, es testimonio material de la firme voluntad del pueblo de continuar la persecución y castigar con cárcel efectiva a los culpables de tan graves delitos contra la humanidad y la paz. Al mismo tiempo, Punta Peuco es la advertencia a las FFAA y de Orden, que los delitos cometidos en el pasado y los que en el futuro pudieren cometer, en ningún caso quedarán impunes. Por otra parte, la ciudadanía consciente exigirá a los tribunales continuar con el deber de castigar y encarcelar a los criminales de delitos de lesa humanidad. Estas prácticas judiciales también constituyen un freno a futuros actos de vulneración en contra de los derechos humanos de las personas civiles a manos de agentes del Estado. Por otra parte, la voluntad férrea de la civilidad de seguir persiguiendo  a los violadores de los DDHH, es un emplazamiento y una exhortación a la derecha neoliberal de abstenerse de ir nuevamente a golpear a la puerta de los cuarteles, para por ejemplo, impedir y obstaculizar la culminación del proceso constituyente y la implementación de los cambios estructurales que exigió la ciudadanía aquel emblemático 18 de octubre de 2019.

Y en quinto lugar, el proceso de empoderamiento popular iniciado aquel 18 de octubre de 2019, que se alzó en contra del neoliberalismo y lo desenmascaró valientemente en las calles de Chile. La protesta social multitudinaria, ha expresado el cansancio de la gente frente al abuso, la explotación y la desigualdad social. Es la rabia que ha provocado el actuar de las castas económicas y políticas, que actúan de espaldas de la gente y muchas veces en contra de ella. El cuestionamiento al neoliberalismo develó que  la corrupta institucionalidad pinochetista, engendró la propia descomposición del modelo, porque vendió a vil precio los bienes y empresas públicas, usó a las FFAA contra el pueblo, inhibió a los tribunales de justicia en la defensa de los derechos humanos, generó privilegios y abusos que degradaron a variadas instituciones del Estado, cuyas autoridades cruzan reiterada y desvergonzadamente, las puertas de la corrupción y el enriquecimiento ilícito.

El pueblo, la sociedad en general, los movimientos sociales y los jóvenes en particular, empezaron a desandar el camino de la apatía y del desinterés y desde hace tiempo se organiza, moviliza y lucha. La protesta ciudadana incluye un reclamo de injusticia, una apuesta y un anhelo de cambio, una convicción de que ha llegado el momento de modificar las estructuras políticas, económicas y sociales. Este sentimiento debemos recogerlo y convertirlo en realidad. La inmensidad y justicia de la tarea impuesta por el pueblo soberano en la calle, manifestada con un alto costo de vidas humanas, personas gravemente heridas o violadas y presos políticos, nos obliga a asegurar por todos los medios, recursos, voluntad y creatividad para lograr una Constitución Política efectivamente democrática, un gobierno y un parlamento que materialicen las transformaciones demandadas.

Esta es una oportunidad única para alcanzar los cambios que el pueblo de Chile demanda, pero el éxito no está garantizado. Juntemos fuerza para no dejarla pasar. Con la unidad de todas las fuerzas de izquierda y progresistas, es posible alcanzar el objetivo; pero siempre de cara y de la mano de las organizaciones y movimientos sociales; recordando siempre que ha sido la movilización del pueblo la fuerza principal que ha provocado este momento histórico único.

Así las cosas, de verificarse las esperanzadoras circunstancias expuestas este escenario, para la derecha neoliberal, representa un retroceso, puesto que los cambios que se avecinan traen consigo la pérdida de las cuotas de poder que hegemónicamente ha ejercido. Para esa derecha reaccionaria, constituye, asimismo, la amenaza cierta que las tres instancias políticas: gobierno, parlamento y Convención Constituyente, serán  coherentemente lógicas en el propósito de desmantelar el modelo ultra capitalista, explotador, depredador, expoliador de la riqueza y dignidad de la gente. Se acerca la tormenta perfecta para la derecha económica y política y solo el Pueblo de Chile la puede invocar.

 

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