En representación de la nada: la minoría deslegitimada

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Una minoría busca ser sobre-representada. Esto no es nada nuevo. A lo largo de 200 años de historia, este pequeño grupo ha estado a cargo de definir en lo político, económico y social los destinos de las grandes mayorías postergadas, marginadas y explotadas, en resumen, todos a quienes la teoría del chorreo les tiró un pollo en la cara.

Cristopher Ferreira Escobar. Politólogo. Coordinador General de Politología Centro de Estudios. Diego Zepeda Acevedo. Abogado de la Universidad Central de Chile. 03/09/2021. Miente, miente que algo queda. Por vía de la rutinización del mensaje el hecho se convierte en realidad. En el mundo actual del contenido de la imagen fugaz, desechable y constante, las formas de impactar el cúmulo de subjetividades, llámese ciudadanos, población, pueblo, etc., es la táctica de cada día. La sociedad del espectáculo se con-figura desde las redes sociales, donde lo importante no es la justificación del mensaje ni la reflexión, sino la repetición de ciertas palabras. Es así como los slogans de chilezuela, queremos ser iguales en la riqueza y no en la pobreza, entre otros, son parte de los discursos políticos que dan figuración a un imaginario simbólico.

De igual forma, la representatividad anclada a una minoría es motivo de deslegitimización. Últimamente, esta idea ha cobrado fuerza en un sector de la derecha. En este sentido -derechista- la idea es clara, la imagen de la minoría en un sujeto electo pesa menos que nada. Sin embargo, en sentido político es problemático, puesto que la capacidad de ser mayoría siempre es en adscripción a puntos compartidos en los sistemas de valores del imaginario colectivo. Es decir que, en primer lugar, la mayoría es directamente proporcional a ethos de la verdad actual y sus sentidos y, en segundo lugar, lo que no se adscribe es peligroso, puesto que gravita en torno a una cierta incongruencia, a una cierta locura. Entonces ocurre algo propio a cualquier representación formal en el sistema político: aquello que es menos que nada en el pensamiento, en lo discursivo, adquiere reconocimiento, legitimidad, verdad y posibilidad transformadora. Por otra parte, la representación de los pocos es algo problemático cuando la democracia no es el vehiculizador de ello. La estrategia comunicacional para deslegitimar a este grupo electo democráticamente se apoya justamente en que el marco referencial que justifica estos grupos minoritarios no tienen pertinencia al ideario común, por eso la ridiculización resulta adecuada a la táctica.

Una minoría busca ser sobre-representada. Esto no es nada nuevo. A lo largo de 200 años de historia, este pequeño grupo ha estado a cargo de definir en lo político, económico y social los destinos de las grandes mayorías postergadas, marginadas y explotadas, en resumen, todos a quienes la teoría del chorreo les tiró un pollo en la cara.

Hablamos de los dueños del capital y de las grandes tierras, del mar y minerales, de las grandes extensiones de bosques nativos y del agua, de los que se quedan con la mejor tajada de la torta de la producción, de aquellos que financiaban las campañas de la UDI, RN, PPD, PS, DC y PR, los del caso Penta y SQM, los de las clases de ética y el raspao de olla.

Lo nuevo es que hoy podemos ver en la Convención Constitucional cómo dichas minorías actúan en esta coyuntura tan particular y la manera en que desde su 20% de representación construyen su discurso. Nos ha llamado la atención la manera en que a propósito de la discusión sobre las presidencias de las subcomisiones, la derecha busca asociar su situación de minoría con la idea de minorías históricamente al margen de la sociedad, cómo las comunidades indígenas, las disidencias sexuales o las mujeres, el trabajador y la trabajadora explotada, buscando con esto argumentar “razonablemente” su interés de presidir alguna de las subcomisiones.

Con ese discurso han logrado plegar a su cauce a otros constituyentes que a primera vista no logran ver los reales intereses de dicha minoría o coincide con ella en estos puntos. No puede la minoría exigir ser representada en comisiones. Fueron elegidos para estar, pero no para dirigir, para eso están las mayorías.

Ante esa realidad, la respuesta del 20% ante la postura de no incluirlos en las presidencias, es que la Convención no es diversa ya que no representa a la multiplicidad de intereses que se expresaron en el plebiscito. A primera vista parece una opinión bastante razonable. No obstante, eso no es correcto y se verifica al comprobar que la naturaleza de minoría que representa la derecha en la Convención es distinta a la naturaleza de minoría históricamente subalterna de los grandes intereses del capital y su concepción de Estado, persona y sociedad.

 

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