El 20 de marzo de 1987, Julieta y  Mireya Baltra, ingresaron clandestinamente a Chile por el paso cordillerano de Tronador, a la altura de Osorno. Desde Argentina habían emprendido una travesía que duró 10 días. Una parte en camioneta, a caballo, en carreta y a pie. Cruzaron la frontera. Llegaron a Puerto Montt y de allí a Santiago, a donde  arribaron  el domingo 22 de marzo de 1987.

 Iván Ljubetic Vargas. Historiador. CEILER. 31/05/2021. Recuerdo que en el verano de 1965 fuimos con Marcia a pasar unas breves vacaciones a Coquimbo. El mismo día de nuestra llegada me presenté en el local del Partido por si podía ayudar en algo. Me recibieron muy fraternalmente y me dijeron:

-Muchas gracias, compañero Iván, pero usted, compañero, vino a descansar, pues descanse…

De todas formas, dejé el número del teléfono de la casa de mi cuñado, donde estábamos.

A las pocas horas sonó la campanilla del fono. Pidieron hablar conmigo. Tomé el teléfono.

-Compañero Iván -me dijeron- ha llegado la compañera Julieta y no tenemos quien la acompañe, podría…

Fue así, como con Marcia salimos con la compañera Julieta a recorrer los cerros de Coquimbo. Allí pudimos comprobar la manera en que llegaba a la gente, como criticaba cualquier rasgo de machismo, como hablaba con mucha sencillez y convencimiento. Anduvimos harto, pero aprendimos mucho de ella.

En marzo, cuando ya habíamos regresado a Temuco, supimos que había sido elegida senadora por la Segunda Agrupación Provincial de Atacama y Coquimbo por el período 1965-1973.

Julieta Campusano Chávez  había nacido en Tocopilla el 31 de mayo de 1918.

Su padre, Eleodoro Campusano, era  un obrero que laboraba para la Chile Exploration; su madre, doña Jesús Chávez, lavandera.

La propia Julieta relata así su niñez y juventud:

“Fui tejedora, costurera, dependiente de una tienda y después en una pulpería. Tuve que trabajar desde muy joven, porque la necesidad en mi hogar era muy grande. A mi padre lo habían despedido de una empresa norteamericana que trabajó en Tocopilla”.

 Lo que no dice Julieta, lo cuenta el periodista Jorge Soza Egaña evocando la juventud de ella: “Mi primer recuerdo viene en una ola del norte, de Tocopilla, su ciudad natal. Eran las fiestas de la primavera y ella pasó en un carro adornado con flores y un letrero que decía: ‘Julieta Campusano, candidata de la Villa Covadonga’. Habían terminado las clases en mi escuelita, situada frente al mar, y nos apiñamos para verla. ‘Es la más bella de todas’, dijo un niño que vivía en la Villa. En ésta habitaban  los trabajadores de la Chile Exploration, la firma norteamericana que explotaba la planta eléctrica que suministraba energía al mineral de Chuquicamata. Un día, el padre de la candidata fue despedido y la familia emigró a Coquimbo. Después supe que Julieta fue reina”.

En Coquimbo inició su larga trayectoria de luchadora política y social. Ingresó a las Juventudes Comunistas en 1934, cuando tenía 16 años de edad.

En 1943, residiendo ya en Santiago, participó activamente en la comisión preparatoria del Primer Congreso Nacional de Mujeres. Este tuvo lugar en 1944 y de él surgió la Federación Chilena de Instituciones Femeninas (FECHIF), presidida por Amanda Labarca y Julieta Campusano. Esta organización tenía como principal objetivo la obtención de los derechos políticos para las mujeres.

En el XIII Congreso Nacional del Partido Comunista, efectuado en la capital entre el 8 y el 15 de diciembre de 1945, fue elegida miembro del Comité Central.

Luis Corvalán señaló que “Julieta ha sido la mejor encargada femenina que ha tenido el Partido Comunista, y dicho esto sin desmerecer en absoluto la gestión cumplida por otras compañeras que la antecedieron o la sucedieron”.

En 1946, tres ministros comunistas formaron parte del primer gabinete de González Videla.

En abril de 1947, Julieta  fue elegida regidora por la Comuna de Santiago.

A mediados de 1947 los ministros comunistas abandonaron el gobierno. En octubre de ese año, consumada la traición al programa jurado al pueblo, González Videla inició la persecución contra los comunistas. Cientos de ellos fueron relegados a Pisagua.

Julieta Campusano fue detenida y enviada a prisión en avanzado estado de embarazo. Entonces mostrando esa firmeza de toda su vida, exigió al gobierno y a las autoridades carcelarias,  que la  trasladaran a una clínica. Porfió hasta conseguirlo. Así fue como fue en una clínica, y no en la cárcel como pretendió el traidor, donde dio a luz a su hija Dolores.

En septiembre de 1948, González Videla  promulgó la mal llamada Ley de Defensa de la Democracia. Fueron borrados 40 mil ciudadanos de los Registros Electorales. Uno de ellos, fue Julieta.

Pero ella siguió luchando. Jorge Soza la evoca: “La veo en un acto, en Santiago. Aparece de pronto, burlando la Ley Maldita dictada por el Congreso y promulgada en septiembre de 1948. Me recordó a Gabriela Mistral: su  mismo señorío. Irradiaba, como la Mistral: dignidad”.

En 1952 Julieta Campusano participó activamente en la primera candidatura presidencial de Salvador Allende.

Yo había conocido a la compañera Julieta en Temuco hacia fines de 1958. Por entonces,  era el secretario político de las Juventudes Comunistas de Cautín. Ella asistió a una reunión de nuestro Comité Regional.

En mi informe critiqué a los miembros del CR de la Jota por no cumplir con sus responsabilidades como correspondía. Luego que interviniéramos todos, habló la sabia camarada. Señaló las principales tareas para los comunistas chilenos en esos momentos y estimuló el trabajo que realizábamos.

Terminada la reunión, me llamó a un lado y me dijo fraternalmente: “Mijito, usted es un buen dirigente, usted tiene una gran vitalidad y mucha conciencia comunista, pero no puede exigir que los otros miembros del Regional caminen a su tranco. Así los puede quebrar”

Julieta Campusano fue elegida diputada por el Segundo Distrito de Santiago para el período 1961- 1965.

El 4 de septiembre de 1970, triunfó Salvador Allende. Julieta Campusano, junto a Luis Corvalán y Pablo Neruda formaron la delegación del PC, que en la mañana del 5 de septiembre fue a visitar y saludar al Presidente Electo.

En 1973, Julieta Campusano  fue promovida al secretariado del Comité Central del Partido. En marzo, reelegida Senadora por el período 1973-1981.

Tras el golpe del 11 de septiembre se asiló en la Embajada de Holanda. Durante el exilio, que lo vivió en la República Demócrata Alemana, Cuba, Holanda y Argentina, tuvo una   destacada actuación como dirigente comunista.

En el destierro me encontré en dos ocasiones con la compañera  Julieta. Una de ellas fue en Ámsterdam, Holanda, con motivo de un encuentro de dirigentes de los Coordinadores del PC de Chile de Europa Occidental.

La segunda oportunidad fue en Marburg, República Federal Alemana, donde  residíamos. Llegó a esta ciudad en gira por ese país, invitada por el Partido Comunista Alemán. Uli Stang, secretario del PC alemán de la ciudad, me comunicó su visita y me propuso que ambos la acompañáramos en su estada en Marburg, junto con una compañera española que le servía de intérprete. Salimos a conocer la parte antigua de la ciudad. Esa noche, los chilenos residentes en Marburg preparamos un pequeño encuentro en nuestro  departamento en homenaje a la querida visita, al cual invitamos a algunos compañeros alemanes. La vivienda se repletó.

El 20 de marzo de 1987, Julieta y  Mireya Baltra, ingresaron clandestinamente a Chile por el paso cordillerano de Tronador, a la altura de Osorno. Desde Argentina habían emprendido una travesía que duró 10 días. Una parte en camioneta, a caballo, en carreta y a pie. Cruzaron la frontera. Llegaron a Puerto Montt y de allí a Santiago, a donde  arribaron  el domingo 22 de marzo de 1987.

Pensaban presentarse ante la Corte de Apelaciones de la capital de inmediato, pero demoraron su acción al conocer que recién lo había hecho  Clodomiro Almeyda, el 25 de marzo de 1987.

Permanecieron clandestinamente hasta el  martes 12 de mayo,  día en que se presentaron, en medio de la expectación de los periodistas, ante la Corte de Apelaciones para poner un  recurso de amparo reclamando su derecho de vivir en la patria.

Fueron detenidas por agentes de la dictadura y relegadas.

Mireya a Puerto Aysén en el extremo sur; Julieta, a Sierra Gorda en la Segunda Región. Después trasladada a Camiña, pueblo ubicado a unos 100 kilómetros al Noreste de Pisagua y a 2.200 metros sobre el nivel del mar. Fue en ese poblado de dos mil habitantes, donde Julieta Campusano cumplió el 31 de mayo de 1987, sus 69 años.

Regresé del exilio el 23 de octubre de 1990. Tres días después fui al local del Partido, ubicado en calle Bulnes, con el fin de entregar un computador que había traído desde Alemania, aporte de ese Coordinador al  Comité Central. Tuve un frío recibimiento. Estaba en ese local cuando me encontré con la compañera Julieta Campusano. Fraternal como siempre, me preguntó cuáles eran mis planes. Le dije que pensábamos con Marcia irnos a Llo-Lleo.

-No compañero, me dijo muy seria. Primero estuvo allá en el sur en Nueva Imperial; luego en Alemania, en Marburg y ahora se quiere ir a Llo-Lleo. No, compañero. Usted se debe quedar en Santiago, aquí puede ser muy útil al Partido. Pero, al parecer,  hubo quienes no pensaban así. Esa conversación fue quizás lo que me  decidió a quedarme en la  capital.

Julieta Campusano falleció el  martes 11 de junio de 1991, a los 73 años y después de haber militado durante 55 años en las filas del Partido Comunista.

Sus funerales fueron una masiva expresión de dolor por la inmensa pérdida, y de cariño y admiración hacia la ejemplar comunista. No falté a esa cita. Junto a muchos miles marchamos esa tarde 13 de junio de 1991.

Hoy, cuando se cumplen 103 años de su natalicio con gran orgullo revolucionario puedo decir que, desde hace 30 años, milito en una célula que lleva su nombre: la gloriosa Célula Julieta Campusano de Ñuñoa.

 

Por El Siglo

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