El desprestigio y la desconfianza en las instituciones se extendió también al medio de comunicación audiovisual con sus distintas plataformas y aplicaciones de última generación. De esta manera, si lo dice la tele, tampoco es cierto.

José Luis Córdova. Periodista. 01/05/2021. Desde hace décadas se decía que si algo aparecía en la prensa era cierto. Pero era la época de la democracia y el pluralismo, antes de la dictadura cívico-militar. Después vino la extinción de medios de comunicación, la censura y autocensura y el abandono de los canales de televisión por parte de las universidades públicas que los implementaron en su origen.

La industria televisiva actual se mueve en el marco del neoliberalismo más salvaje, con la dictadura del mercado y nulo interés por genuinas preferencias o favoritismos de la teleaudiencia. A ello se agrega el peso específico que la actividad política tiene en los canales, con sus tribunas abiertas en los matinales para parlamentarios, ministros, representaciones comunales y la notoria y deliberada ausencia de dirigentes sociales, políticos y de organizaciones de base.

Así las cosas, el desprestigio y la desconfianza en las instituciones se extendió también al medio de comunicación audiovisual con sus distintas plataformas y aplicaciones de última generación. De esta manera, si lo dice la tele, tampoco es cierto.

Irónicamente, hasta el diario El Mercurio -del grupo económico Edwards- editorializó el pasado domingo 25 de abril: “Los matinales de TV han mostrado su peor cara: entregados a la superficialidad, al espectáculo, al abuso de la sensibilidad y las necesidades de las personas, temas complejos resultan distorsionados, dando la falsa sensación de que las soluciones son sencillas, que hay recursos ilimitados y que las medidas no tienen consecuencias”.

Curioso reconocimiento de un poderoso e influyente medio que defiende el poder del mercado, el presidencialismo, la exclusión y la discriminación en materia de opinión pública.

“Ilustrativo de todos estos despropósitos -agrega el columnista- resulta ver a políticos participando en estos matinales, en que en un pequeño recuadro aparecen siendo reprendidos, humillados y dando explicaciones a los conductores, cual si enfrentara un tribunal popular. Creen que con ello pueden conectar con la gente, sin entender que solo degradan a la política y sus cargos”. Todo ello es precisamente el resultado de las políticas neoliberales impuestas por la dictadura y que la larga transición a la democracia no han logrado superar.

En ese mismo diario, la flamante presidenta del Consejo Nacional de Televisión, Carolina Cuevas, ingeniero comercial y ex subsecretaria de la Mujer y Equidad de Género del gobierno de Piñera, advierte que “de cara a la nueva Constitución, habría que analizar el rol de fiscalización de los contenidos televisivos en otras plataformas, como se ha hecho en otros países. En América Latina estamos atrasados en esta materia porque regular es complejo, porque muchas plataformas son operadores extranjeros. Pero Chile va a tener que empezar a dar pasos en esa línea, porque sino quedamos desfasados, y hoy hay convergencia de pantallas y tecnologías”.

Claramente el grupo económico Bethia-Falabella, la familia Luksic, Warner-Viacom y los demás propietarios de los canales no están interesados en promover el desarrollo social ni cultural de nuestro país, sino de lucrar con la supuesta entrega de entretención, “información” y de “cultura” desde sus canales.

Por otra parte, sobre los cargos contra el Canal La Red (propiedad de intereses mexicanos) por la entrevista a Mauricio Hernández Norambuena, la ejecutiva del CNTV reconoce que “los cargos no dicen relación que se haya entrevistado al señor Hernández, porque desde luego que él, como cualquier otra persona, tiene derecho a expresarse y el canal tiene derecho a elegir a quien quiere entrevistar. El acuerdo del Consejo se refiere al tratamiento que el programa le da a los contenidos que allí fueron expresados, porque la ley nos faculta a velar por la democracia, la paz social y el pluralismo, entre otras cosas”, afirma la ejecutiva.

Sutilezas en afirmaciones que tienen como objetivo re instalar la censura, autocensura, el binominalismo y la exclusión. De esta manera, definitivamente: “si lo dice la tele, no necesariamente es verdad”.

 

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