El Presidente vive el derrumbe de su gestión, sin capacidad de conducción e iniciativas frustradas. Lo único que le faltaba era que el TC, una entidad aliada, le diera la espalda en su intento de frenar el tercer retiro del 10% desde las AFP. Peor aún, contra su voluntad y comiéndose sus palabras, tuvo que firmar el proyecto de tercer retiro presentado por la oposición. Su Comité Político se tambalea, su sector está dividido y en la derecha ya se le responsabiliza de una posible derrota electoral en las elecciones de mayo. En un sistema parlamentarista o de democracia directa, el mandatario estaría al borde de dejar su cargo y tendrían que renunciar al menos sus principales ministros.

Hugo Guzmán. Patricia Ryan. Periodistas. “El Siglo”. Santiago. 27/04/2021. Es el peor de los mundos. Todo lo malo que le pase de aquí en adelante será echarle más tierra a su sepultura política. Y todo lo bueno que le ocurra, no bastará para salir de un hoyo, con 9% de aprobación ciudadana, a unos once meses de dejar el cargo.

Son horas amargas, de morder la derrota, de frustraciones, de una seguidilla de fracasos, errores y conflictos que cruzan la gestión del Presidente Sebastián Piñera, al que varios personeros políticos califican como el peor mandatario en la historia reciente del país.

La decisión del Tribunal Constitucional (TC), entidad conservadora y aliada al Presidente, le dio la espalda a su requerimiento de declarar inconstitucional el tercer retiro del 10% desde las AFP (Administradora de Fondos de Pensiones), provocándole una derrota política, ideológica y estratégica y, de paso, validando la posiciones de las fuerzas opositoras. Todo mal.

Peor aún, contra su voluntad y comiéndose sus palabras, tuvo que firmar el proyecto de tercer retiro presentado por la oposición. Su Comité Político se tambalea, su sector está dividido y en la derecha ya se le responsabiliza de una posible derrota electoral en las elecciones de mayo. En un sistema parlamentarista o de democracia directa, el mandatario estaría al borde de dejar su cargo y tendrían que renunciar al menos sus principales ministros.

El hecho lo hizo convocar a una tensa, sombría y polémica reunión de su Comité Político, desde la cual salió a un patio de La Moneda a decir, contra su voluntad, que “como gobierno respetamos y aceptamos la decisión del TC, sin perjuicio de no compartirla. Por estas razones, promulgaremos hoy la Reforma aprobada por el Congreso para permitir los retiros del 10% de los ahorros previsionales y haremos todos nuestros esfuerzos para que estos recursos lleguen a las personas a partir de la próxima semana”.

Un escenario con un componente nada grato para el Presidente, sus ministros, asesores y colectividades de la derecha: la ciudadanía movilizada, protagonizando cacerolazos, protestas callejeras, campañas y expresiones en las redes sociales, en oposición a la postura oficial y luego festejando la derrota del gobierno. Es decir, la gente repudiando las políticas del mandatario.

Por lo demás, quedó en veremos, en una suerte de impasse crítico, su iniciativa de retiro desde las AFP que, por cierto, significa darle más dineros a esos consorcios privados, y con una letra chica que desvirtúa contenidos como que todas y todos los que sacaron sus ahorros previsionales vía el retiro del 10%, recibirían un bono de 200 mil pesos.

Una derrota que habla de la falta de capacidad para negociar y acordar con el Parlamento, de ordenar y convencer a todo su sector político, de establecer puentes y mínimos acuerdos con la oposición, y de manejar la flexibilidad, imponiendo una rigidez que le resultó fatal. A eso, agregar las críticas a la falta de ayuda, de entrega de recursos, de destino presupuestario, de apoyo efectivo a millones de chilenas y chilenos afectados por la crisis sanitaria y social. Los cuestionamientos a la “letra chica” de los bonos y ayudas a la gente, con un alto porcentaje que terminó sin recibir nada. Los cuestionamientos al manejo eficaz de las medidas en torno de la pandemia del Covid-19, con pasos erráticos y poco claros. La instalación de que en este gobierno se violaron masiva y sistemáticamente los derechos humanos, con unas cinco mil querellas y denuncias, 400 mutilados oculares y casi 3 mil presos. La denuncia de que desde la administración piñerista se avalaron y produjeron vulneraciones al derecho a la información y la libertad de expresión. El fracaso total de su política exterior que terminó en el subterráneo de un deplorable archivo.

En un sistema parlamentarista o de democracia directa, el mandatario estaría al borde de dejar su cargo y tendrían que renunciar al menos sus principales ministros. En todo caso, está por verse lo que ocurra durante estos días, entre rumores de renuncias o despidos en el gabinete ministerial y versiones de que el mandatario buscaría un factor distractivo para cambiar el eje de la agenda.

Al cierre de esta nota, no se sabía se seguirían en sus cargos Rodrigo Delgado (Interior), Juan José Ossa (Segpres), Karla Rubilar (Mindes), Rodrigo Cerda (Hacienda) y Jaime Bellolio (Segegob). Incluso las versiones extraoficiales llegaban hasta el punto de señalar que desde la UDI deseaban la salida de sus ministros. Y que entrarían personeros del “sector duro” de la derecha.

Pero el mandatario salió al paso y sostuvo que “somos un gobierno y actuamos con unidad y lealtad. Vamos a cumplir nuestro deber hasta el último día, con un solo norte, mejorar la calidad de vida de las personas». De repente esas palabras se le convierten en otro error no forzado.

Lo ocurrido alcanzó lo bochornoso, ya que el domingo en la noche se mostró triunfalista en La Moneda, posando junto a los ministros del Comité Político y la mayoría de los candidatos de la derecha a la presidencia, anunciando un nuevo proyecto de retiro, diciendo que con eso ayudaba a la ciudadanía e insistiendo en el trámite ante el TC que, a esas alturas, varios de sus partidarios le habían dicho que retirara. Quién sabe qué estén pensando ahora quienes estuvieron en esa foto, sobre todo los aspirantes presidenciales Joaquín Lavín, Mario Desbordes, Evelyn Matthei y Sebastián Sichel. Se salvó Ignacio Briones, porque no estuvo de acuerdo con el proyecto de La Moneda.

En todo esto vuelven a surgir las críticas, comentarios ácidos y desconfianzas respecto al equipo presidencial del “Segundo Piso”, liderado por el ultraconservador Cristian Larroulet, a quien se atribuye la mantención de posturas rígidas y antipopulares por parte del Presidente.

En la derecha hay molestia. En los segmentos más conservadores, sobre todo de la UDI, se piensa que esto debió resolverse hace mucho tiempo saliendo con una solución que, a tiempo, desinflara el proyecto de tercer retiro puesto en la mesa por la oposición, e incluso querían más “mano dura” de parte de La Moneda. En Evópoli nunca se compartió la estrategia de Piñera y en RN las posturas eran encontradas. El candidato presidencial de esa colectividad, Mario Desbordes, insistió en que se debía dar luz verde al tercer retiro. Este día, el senador de RN, Francisco Chahuán, le dijo a Sebastián Piñera: “Presidente, tal como lo advertimos, no había que exponerse a un fallo adverso de admisibilidad del TC, la solución es un veto aditivo, agregar al proyecto ya tramitado aquellos elementos que nos permitan llegar con ayudas las personas que no tienen ahorros previsionales, el sentido de urgencia social es enorme y usted tiene la capacidad de llamar a una unidad nacional”. Pero puede ser tarde. El también senador de RN, Manuel José Ossandón, que siempre se opuso a recurrir al TC y no despachar el tercer retiro, declaró que “el TC escuchó las necesidades de la ciudadanía y castigó al gobierno porque presentó un requerimiento y después un proyecto muy parecido, pero maquillado”. Para Iván Moreira, legislador de la UDI, el gobierno tomó “decisiones póstumas” y recordó el 9% de apoyo que tiene el mandatario.

Después de esta derrota se acentuaron los criterios de que Sebastián Piñera vive el desgobierno, con incapacidad de llevar el timón y destinado a administrar los once meses que le quedan en el mandato, sin considerar de que en diciembre ya estará electa o electo el nuevo Presidente de la República y donde su incidencia será aún más débil.

Como gobernante, como político, Piñera ya está sepultado.

 

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