La retirada de EEUU de Afganistán: el día después

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Analistas internacionales plantean el complejo escenario de los campos de refugiados locales abandonados a su suerte y un gobierno desequilibrado por décadas por la invasión de un imperio marcado por una cultura de la guerra.

Carlos Salazar. Periodista. Santiago. 23/04/2021. A pocos meses de que se cumplan 20 años del atentado a las Torres Gemelas, el presidente de Estados Unidos Joe Biden, anunció que su país culminará su retirada total de Afganistán antes del próximo 1 de mayo. La sorpresiva noticia arrastra junto a EEUU a las tropas de la OTAN y posiciona a Biden como el presidente que puso fin a la guerra más larga de la historia de su país tras determinar “la retirada incondicional y completa” de las tropas ya que nada permitía vislumbrar resultados diferentes en el territorio ubicado al sur de Asia, dijo para cerrar con: “Es el momento de que las tropas estadounidenses vuelvan a casa”.

Los analistas anticipan un giro político que priorizará otros desafíos internos de la administración de Biden y asuntos pendientes más urgentes de las relaciones internacionales con China. Lo que plantea el mandatario norteamericano con esta salida es poner fin a temas que no son parte del interés central de Washington al no considerar a esta nación como una amenaza concreta a sus intereses, sostiene el cientista político Andrés Angulo acerca de un hito que, en primer lugar, le fue heredado por gobiernos anteriores. “Las acciones en el plano externo de Estados Unidos por parte de la administración Biden tienen por objetivo central reposicionar al país en la esfera internacional, donde la política de Trump causó mucho daño”, agrega el académico de la Escuela de Ciencia Política de la UAHC en torno a resituar el rol de EEUU en diversos foros internacionales, acuerdos globales y relaciones bilaterales con otros estados.

Coincide con él la experta en comunicación política, Ruth Tapia. Más allá de los alcances políticos del anuncio de Biden, es relevante destacar que el recién asumido mandatario se ubica en las antípodas de su antecesor Donald Trump, explica: “Es un estilo que busca los acuerdos y diálogos -en este caso con sus aliados y gobierno afgano- y que está dando señales claras en su mensaje de que su principal objetivo es recuperar el alma americana, y que su prioridad es la pandemia, la crisis económica, el cambio climático y la injusticia radical. Todos ellos se han transformado en sus acciones y mensajes más recurrentes”.

Así, el mapa de la intervención militar de EEUU queda delimitado a Irak, Siria, Somalia, libia o Nigeria, misiones donde el objetivo que persiste es luchar contra Al Qaeda o el Estado Islámico, países considerados aún como una amenaza terrorista a Washington. “En varios de estos casos, la intervención se limita a asesorías que no alcanzan el volumen de las tropas desplegadas en Afganistán”, plantea Angulo.

“Es hora que las tropas estadounidenses vuelvan a casa”, dijo el presidente Biden apelando también a una fibra sensible de los norteamericanos que han sido golpeados por la contingencia radical. Ruth Tapia, advierte que esta referencia emotiva hacia los conciudadanos que quieren de vuelta en su hogar a los soldados da cuenta de un énfasis más sensible y un innovador gabinete comunicacional  conformado por varias mujeres, algunas de ellas afroamericanas, de reconocida trayectoria profesional y política. “Se trata de un equipo con recorrido en los pasillos de la Casa Blanca desde Obama y encomendado a comunicar en forma clara, honesta y de forma transparente con el pueblo estadounidense, como lo señaló la vicepresidenta Harris. Que las tropas vuelvan a casa, como otras varias frases del discurso presidencial dieron cuenta de este lado femenino, de cómo se ven las realidades, en una perspectiva de género distinta y diversa”, señala la periodista.

Un ethos de la guerra

Originalmente, la militarización de Afganistán fue una gestión del gobierno del presidente George W. Bush en 2001 tras los ataques terroristas del 9/11 que buscaba el derrocamiento del gobierno Talibán y la captura de Osama bin Laden. Dicha misión se ha cumplido, cree el politólogo Andrés Angulo, pero la permanencia por más de 20 años en este territorio no se debía solo a las dificultades de controlar a los grupos talibanes, sino sostener al gobierno afgano, junto con las tropas de la OTAN. “Previamente, en febrero de 2020, el presidente Trump firmó un acuerdo con los Talibanes que aseguraba la salida de las tropas estadounidenses para mayo de 2021. Pero, la demora en las negociaciones, por el incumplimiento de parte de algunos términos por este grupo, ha provocado que Joe Biden anticipara la decisión para sostener la validez de este plan de salida”, señala el analista.

El repliegue comenzará el primer día de mayo y se completará antes de la fecha simbólica de los atentados a las Torres Gemelas retirando a cerca de 3 mil soldados destacados en la zona y otros 7.000 de la coalición que forman países como Alemania y Reino Unido. Una vez EEUU se haya marchado de Afganistán, ¿Qué es lo que sigue?. Andrés Angulo estima que, acabada esta tutela, nada asegura el fin de los conflictos internos en este territorio. “Es probable que se desaten nuevas rencillas entre diversos grupos, pero en cuanto a lo que respecta al interés de EEUU en la zona, la tarea ya estaría cumplida”. Sin embargo, las interrogantes que persisten tienen que ver con la estabilidad de las misiones humanitarias que regresan a sus países concluida la misión militar.

La cientista política, Catalina Barrera, advierte que la salida de EEUU desde este escenario de desequilibrio incidirá en la difícil convivencia entre el gobierno afgano y el Talibán. Aún con la presencia de las bases militares, el gobierno afgano ha manifestado su incapacidad de mantener el control de la violencia sin el apoyo de las fuerzas extranjeras. Está por verse la evolución de esta interacción en lo inmediato, sostiene Barrera. “Es muy probable que se dé un aumento de la inestabilidad en este territorio. Si bien el retiro de las tropas por parte de EEUU marcará un precedente en Afganistán, al dejar de ser un país fuertemente intervenido, es de esperarse otra crisis en su frágil sistema político cuyo reflejo será, muy probablemente, otra diáspora con origen en los extensos campos de refugiados hacia las fronteras más cercanas”, sostiene.

Otro asunto insospechado es el efecto cultural y social en una nación que tiene enquistado en su historia un ethos de la guerra y que finaliza el enfrentamiento bélico más largo de su existencia. La antropóloga Laura Panizo se especializa en la antropología de la muerte y líneas derivadas de las prácticas rituales que rodean la ausencia de cuerpos desaparecidos, en particular la de ex combatientes de la Guerra de Malvinas. La experta cree que, aunque no todos los ex combatientes dan el mismo sentido a la guerra, se han dado algunos casos en que estos veteranos cusan traumas ligados más a “un enemigo interno” que el externo. “En el caso de la participación de EEUU en Afganistán, se ha tratado históricamente de tropas especializadas que escogieron este camino como profesión, a diferencia de lo que pasaba en Malvinas, donde muchos soldados en el servicio militar fueron obligados a ir a la guerra sin otra alternativa y sufrieron violaciones a sus derechos humanos por parte de sus mismos superiores. Es decir, no todos focalizan al enemigo como un externo. Su imaginario y sentido no va siempre por el lado de lo heroico, pelear la guerra con otro país o luchar por un bien común”, explica Panizo. En tal sentido, agrega que cualquier juicio sobre los efectos de la guerra en los ex combatientes estadounidenses, sus familias o sus comunidades, requerirá de una investigación profunda para evaluar estas realidades específicas, tanto en un nivel local como de las secuelas que se dejan en esta zona de guerra que EEUU abandona del otro lado del mundo.

 

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