En ninguna de estas producciones hay demasiado conocimiento ni entretención, sino más bien, desatados tandeos escolares, revelaciones faranduleras en una suerte de “calduchos” de antaño o reality show emboscados. Los programas de concurso de la televisión chilena poco y nada aportan a la necesidad de sano esparcimiento y cultura en tiempos de pandemia, cuarentenas y amenazas a la libertad de expresión.

José Luis Córdova. Periodista. 23/04/2021. Antes que nada. ¿Qué poder agregar al repudio nacional e internacional provocado por la actuación de las FFAA y el gobierno contra canales como La Red y CHV y la libertad de expresión? La situación es bastante dinámica y mejor esperar una reacción de la CIDH y la interpelación al Ministro de Defensa. En esta columna hemos dicho hasta la saciedad que no hay democracia sin libertad de prensa y no hay libertad de prensa sin democracia. La deliberación castrense parece ignorarlo.

Por ahora, entonces, a otra cosa más liviana pero no por ello menos desagradable y frustrante: La esclavitud que nos demanda hoy en día la pantalla chica en cuarentena sanitaria por la pandemia nos exige ver espacios que intentan revivir diversos formatos programáticos con distinta suerte.

Parecía que los espacios de concursos habían pasado a la historia desde “Quién soy yo” con el legendario pionero de la TV, Enrique Bravo Menadier en Canal 13, entonces propiedad de la Universidad Católica de Chile. Asimismo, en Canal 9 de la Universidad de Chile era posible seguir “Cumpla su deseo con CRAV”, con el brillante profesor Mario Céspedes y “Tribunal infantil”, espacios culturales competitivos similares.

Aunque posteriormente Don Francisco (arriesgando la vida del mago Oli en un tonel de agua), Enrique Maluenda (comiéndose un tarro de salsa de tomate), Eduardo Riveros, Juan La Rivera y otros trataron de salvar el género, vulgarizándolos bastante hasta que este tipo de programas prácticamente había desaparecido de las pantallas en décadas pasadas,.

Pero desde el 12 de marzo estamos condenados a ver una licencia norteamericana (Fremantle), que lleva 15 temporadas con el título de “Got talent”, (algo así como “Obtén talento”?) ¡Así de cursi, ¡en idioma extranjero!, con la co-animación de las empáticas Karla Constant y la cantante María José Quintanilla en el Mega.

Las grabaciones se han realizado en el Teatro Municipal de Las Condes, con todas las medidas sanitarias obligatorias. Pero no somos inmunes a la débil y a veces patética intervención de los miembros del “jurado”: los actores Carolina Arregui y Luis Gnecco, la cantautora Denise Rosenthal y el comediante Sergio Freire. En realidad ninguno de ellos posee reales capacidades para discernir los talentos expuestos por contorsionistas, cantantes, malabaristas, bailarines, ilusionistas, eximios instrumentistas y otros artistas. Es notable la ausencia de especialistas para cada uno de estos rubros en un escenario (sin público).

Con pobres resultados sigue el espacio “Yo soy”, en CHV, donde la cantante Myriam Hernández, el actor Cristián Riquelme y el ex animador Antonio Vodanovic hacen duros esfuerzos para explicar, evaluar y aconsejar a destacados imitadores de conocidos cantantes populares. Con suerte, Myriam logra algunas recomendaciones técnicas ante los demás miembros del “jurado” perplejos porque poco o nada pueden agregar ya que entienden poco o nada al respecto.

Sigue campeando en las encuestas el programa “Pasapalabra” de CHV con Julián Elfenbein en esta franquicia española del programa británico “The alphabet game” que tuvo varias exitosas temporadas en el pasado reciente. Ahora, con nuevos segmentos lúdicos y competencias, consigue débilmente mantener su teleaudiencia, cansada de las repeticiones del último tiempo.

A estos concursos se agregan sin mucho éxito: “La hora de jugar” en el Mega con el animador argentino Joaquín Méndez y la cantante nacional María José Quintanilla encargados de la farsa de cada mediodía. Y por la tarde, “Hola millones”, (espacio publicitario de Loteria Kino) con Julia Vial y Eduardo de la Iglesia, justo después del interesante espacio de información y análisis “Hola Chile”. Un declive muy pronunciado para estos dos correctos conductores dedicados finalmente a la chanza y la “entretención”.

¿Valdrá la pena incluir en este recuento de concursos a “La divina comida 7”? de CHV (licencia de “Come dine with me” en el Reino Unido), donde sale bien parada solamente la comediante en off Jani Dueñas en un espacio “gastronómico” que depende exclusivamente de la empatía y anécdotas de los invitados quienes poco o nada aportan en materia culinaria o protocolar para una cena como se precie (con infaltables elementos como salmón, frutos rojos y aceite de oliva hasta la saciedad) .

En ninguna de estas producciones hay demasiado conocimiento ni entretención, sino más bien, desatados tandeos escolares, revelaciones faranduleras en una suerte de “calduchos” de antaño o reality show emboscados. Los programas de concurso de la televisión chilena poco y nada aportan a la necesidad de sano esparcimiento y cultura en tiempos de pandemia, cuarentenas y amenazas a la libertad de expresión.

 

 

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