Una vida abrazada al amor por Cuba, llena de sucesos portentosos, palpita en páginas  de ese libro. 

Madeleine Sautié. “Granma”. La Habana. 04/2021. No me extrañó ni un poquito saber que el libro “Raúl Castro, un hombre en Revolución”, de Nikolai S. Leonov (Editorial Capitán San Luis), mereciera en 2016 el Gran Premio del Lector, un reconocimiento que confiere el Instituto Cubano del Libro a los títulos más vendidos durante el año.

La naturaleza del lauro hablaba ya de la recepción que habían tenido estas 490 páginas en las que la heroica vida del General de Ejército y Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, se nos ofrece de un modo tan ameno que puede sorprendernos, de pronto, hallarnos ante las últimas líneas.

Quienes lo han leído pueden dar fe del exquisito cuidado (dígase también el acertado ritmo y la belleza de la prosa) con que se describen aquí los acontecimientos relacionados con Raúl -siempre tan cerca de Fidel- y con la Revolución Cubana.

Teniente general en retiro, profesor titular de la Cátedra de Trabajo Diplomático del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú, y amigo de Raúl desde 1953, Leonov se propuso, con este trabajo, “llenar un vacío”.

El resultado de una cuidadosa investigación y de la voluntad de resumir lo vivido en un libro es esta justa obra, que atesora los más significativos momentos de la vida de un hombre excepcional, que lleva por nombre Raúl Modesto, como si desde que así fuera inscrito, se estuviera anunciando uno de los más marcados rasgos de su personalidad.

“Es una persona que no busca publicidad, más bien la evita. Solo ofrece entrevistas a la prensa en casos de necesidad política. Tampoco aparece a menudo en la televisión. Mientras sobre Fidel hay una amplia bibliografía, en el caso de Raúl solo existen artículos, capítulos en investigaciones históricas y algunas publicaciones propias”.

Ajustado a la más estricta verdad, tal como aconsejara el Che a los que escribieran de la Revolución Cubana, se ofrece el contenido de este libro, “porque la verdad y la transparencia han sido el lado más fuerte de ese proceso político”.

Así lo refiere su autor en un prólogo titulado “Historia de una amistad”, del que se sale sabiendo mucho más que las circunstancias en que se hicieron amigos dos jóvenes que eligieron vivir del lado de las causas justas. Ocho capítulos; un epílogo, que se detiene en los sucesos del 17 de diciembre de 2014, cuando “los acontecimientos rebasaron los pronósticos más optimistas”; una cronología mínima y un testimonio gráfico, conforman este libro, que hará mejores y más fieles a los convencidos de la nobleza de la Revolución Cubana, amparada en la limpieza de sus actos; y será lectura obligada para quienes se inician en el saber de la historia de Cuba en sus últimas décadas.

Impactados por la emoción y la curiosidad -que se exacerban al recibir, a modo de cascada, detalles inéditos o poco conocidos de la vida de Raúl y de sus compañeros de lucha-, los ojos, por momentos, avanzan demasiado rápido, mientras se acomoda un libro grande y grueso que, por tales razones, consigue aligerarse. Y a veces se vuelve atrás, porque es grande la probidad de lo narrado y se quiere repasar otra vez lo leído.

Una vida abrazada al amor por Cuba, llena de sucesos portentosos, palpita en estas páginas, que van desde los días de la infancia, en los que aquel niño distinguido “por su carácter vivo y travieso” disfrutaba “gastarle bromas al serio Fidel” o nadar en los ríos cercanos a Birán, hasta aquellos en los que su protagonista cumplió importantes misiones militares y políticas, al servicio del bienestar de su Patria.

Nos estremecen los heroicos pasajes librados por un hombre que no ha conocido el descanso y que nos ha enorgullecido con su cabal conducción del Partido Comunista de Cuba, al frente de las más importantes decisiones del país en que ha nacido.

No puede menos que admirarse su actitud en la misión que le diera Fidel en el Palacio de Justicia -su bautismo de fuego durante el Asalto al Moncada-; su desempeño en la Sierra Maestra y en la fundación del Segundo Frente Frank País, donde tuvo lugar la llamada Operación Antiaérea, que él mismo ordenara, para contrarrestar los bombardeos masivos contra ese territorio; así como su alocución en el Primer Congreso Campesino en Armas.

El texto recuerda cómo, conquistada ya la victoria, y antes de partir para La Habana, Fidel designó a Raúl Jefe Superior en Santiago y en toda la provincia de Oriente. Allí permaneció hasta el 9 de febrero, “cuando Fidel lo mandó a buscar y lo nombró segundo Jefe Militar del país”.

En un capítulo titulado “Colocando los cimientos de la nueva sociedad” -materia de la que hemos sido testigos todos los que hemos vivido en Revolución- el autor recoge unas palabras pronunciadas por Fidel en el 1er. Congreso del Partido, cuando Raúl fue electo Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba:

“En el caso del compañero Raúl, en realidad es para mí un privilegio que, además de un extraordinario cuadro revolucionario, sea un hermano. Esos méritos los ganó en la lucha y desde los primeros tiempos. La relación familiar sirvió para que lo enrolara en el proceso revolucionario, lo invitara al Moncada. ¡Ah!, pero cuando allí, en la Audiencia de Santiago de Cuba llega una patrulla y los hace prisioneros, si Raúl no hace lo que hizo en ese instante, hace mucho tiempo que no existiría Raúl, que fue quitarle la pistola al jefe de la patrulla y hacer prisionera a la patrulla que los había hecho prisioneros a ellos. Si no hace eso, a todos ellos los habrían asesinado algunas horas después en el Moncada. Y ese fue el comienzo. Y la prisión, y el exilio, y la expedición del Granma, y los momentos difíciles, y el Segundo Frente, y el trabajo desplegado durante estos años.

“Lo digo y lo recalco, porque es necesario expresar hasta qué punto en nuestra Revolución el criterio que se impone y se impondrá siempre es el mérito, y jamás ninguna consideración de tipo de amistad o de familia”.

Al Raúl que asumió la dirección del país al enfermar Fidel; al electo Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros en 2008 y reelecto posteriormente; al que fuera seleccionado, en 2011, en el 6to. Congreso del Partido, para ser su Primer Secretario, tarea sostenida hasta nuestros días; al que presidió la Comisión encargada de la elaboración de la nueva Constitución de la República de Cuba;  lo hemos tenido a nuestro lado, activo y en la primera línea de todos los combates de la Revolución Cubana.

 

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