Es, en rigor, mucho más que el hermano de Fidel. Su participación en el asalto a los cuarteles Moncada y Bayamo, su pasada por la cárcel y el exilio, su presencia en la expedición y desembarco del “Granma”, su compromiso en la lucha guerrillera, su preparación para asumir la jefatura de las fuerzas militares cubanas y su rol en debates y resoluciones sobre el proceso político cubano configuran la trayectoria de este líder de la Revolución Cubana que este fin de semana dejó de dirigir al PCC, además de no ocupar ningún cargo en el Estado ni el partido, por decisión propia.

Hugo Guzmán. Periodista. “El Siglo”. 18/04/2021. Como ocurre con varios dirigentes de la Revolución Cubana, en el caso de Raúl Castro Ruz se cometieron/cometen varias injusticias/distorsiones respecto a su papel en el proceso cubano, empezando por establecer que llegó a altas responsabilidades políticas simplemente por ser hermano de Fidel.

Se podrá diferir de sus posiciones e inclusive los enemigos del proyecto transformador y soberano de la isla podrán atacar sin contemplación alguna a Raúl, pero otra cosa es alterar/tergiversar/ocultar la verdad, la historia y la vida.

En algún sentido, el asunto es simple. Raúl, en su juventud, en la Universidad de La Habana, fue protagonista de varias acciones de rebeldía y organización, entre 1952 y 1953, sobre todo oponiéndose a la tiranía. En ese tiempo, hizo un viaje a Europa donde conoció/asimiló ideas comunistas en actividades como el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. Eso llevó a que algunos afirmaran con los años, que Raúl Castro fue, entre los miembros de la guerrilla cubana, uno de los primeros en conocer y abrazar la obra intelectual del marxismo y el leninismo.

En 1953, cuando un numeroso grupo de jóvenes estudiantes y trabajadores cubanos decidieron iniciar la lucha armada en contra de la dictadura de Fulgencio Batista, bajo el liderazgo de Abel Santamaría y de Fidel Castro, Raúl no vaciló en sumarse y lo hizo como un combatiente más, sin ningún privilegio. Así, participó en los asaltos a los cuarteles militares “Moncada” de Santiago de Cuba y “Carlos Manuel de Céspedes” en Bayamo, corriendo todos los riesgos. Raúl fue parte de un grupo de rebeldes que atacó el Palacio de Justicia. El mismo Fidel contó que ese 26 de julio “llega una patrulla y los hace prisioneros, si Raúl no hace lo que hizo en ese instante, hace mucho tiempo que no existiría Raúl, que fue quitarle la pistola al jefe de la patrulla y hacer prisionera a la patrulla que los había hecho prisioneros a ellos”.

Raúl Castro estuvo preso en Isla de Pino y luego salió al exilio a México. Fue perseguido por los agentes de Batista, por la policía mexicana y muchos lo tenían en la mira. Primero, por ser hermano de Fidel, después, por su papel en la actividad revolucionaria donde, como muchos otros jóvenes rebeldes, destacó por su ímpetu y arrojo. Durante el tiempo en tierras mexicanas, Raúl participó en el entrenamiento militar, reuniones, tareas conspirativas y organización del creado Movimiento 26 de Julio. No ocupaba ningún cargo jerárquico especial.

Ya en esos años, él era parte de un grupo selecto de insurgentes entre los que estaban, además de Fidel, Camilo Cienfuegos, Ramiro Valdés, Juan Almeyda, Ernesto Guevara, Félix Elmuza, Jesús Montané, Guillermo García y destacadas rebeldes como Haydée Santamaría, Melba Hernández, Celia Sánchez y Vilma Espín, entre muchas otras.

Luego, Raúl Castro formó parte de los 82 expedicionarios que montaron el yate “Granma” que partió desde Tuxpan, México, hacia las costas de Cuba, en una travesía dura, donde en el propio relato de Raúl, se confirma que tuvieron un solo día de mar tranquilo y el resto de turbulencias y altas marejadas. Raúl, al llegar a una zona de la costa cubana, “Las Coloradas”, con tres días de retraso, fue de los últimos en bajar del yate (que no era muy grande) junto a Ernesto Guevara. Fue uno de los  sobrevivientes de aquel episodio -fueron emboscados por tropas de la tiranía y muchos insurgentes murieron- y años más tarde confidenció que cuando se metieron en las montañas, pensó que Fidel estaba muerto y que continuarían la lucha más bien por homenaje y coherencia ante los caídos, porque no pensaban en la posibilidad de triunfar.

Vino el reencuentro, la reorganización, la penetración en la Sierra Maestra, los combates esporádicos y luego más cruentos y relevantes, el crecimiento y la acción del M-26-7 que incluyó la actividad urbana y en el exilio, la construcción del ideario que tenía como fuente cardinal la obra del Apóstol José Martí. En todo ese proceso participó Raúl Castro, como los demás, arriesgando la vida, caer herido o prisionero, soportando las difíciles condiciones de la guerrilla y la vida cotidiana en las montañas.

Por sus desempeños en combates y en la organización guerrillera, Raúl Castro obtuvo el grado de comandante y luego asumió la delicada/desafiante responsabilidad de encabezar el Segundo Frente Oriental “Frank País”, donde tuvo que mostrar sus dotes de conductor militar y político y su capacidad de dirección de tropas insurgentes. Sus compañeros conocían de su desempeño en combate y en las duras condiciones en la montaña, y eso era un dato no menor. Raúl organizó una incipiente fuerza área rebelde, grupos sanitarios y fue parte de los primeros pasos de órganos de Inteligencia de los revolucionarios cubanos.

Vino el triunfo, y mientras Fidel y un contingente revolucionario entraban en La Habana, Raúl se quedó en Santiago de Cuba asumiendo tareas. Luego, en una reunión de jefes insurgentes, se decidió que Raúl Castro se fuera a la capital e iniciara, junto a otros dirigentes, la organización más institucional del Ejército Rebelde, en lo que al final sería la conformación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Eso significó que Raúl tuvo que comenzar complejos y esforzados estudios, asimilar la técnica y los contenidos teóricos militares, dirigir el sensible proceso de conformar las fuerzas militares institucionales. Viajó a países del Campo Socialista para conocer de teoría y práctica militar y estudió mucho de historia militar y conflictos militares. Se adoctrinó para poder ser el jefe de las FAR.

En medio de eso, como los demás dirigentes de la Revolución Cubana, vivió los tensos días de la Crisis de Octubre, de la invasión de Playa Jirón por parte de fuerzas mercenarias apoyadas por Estados Unidos, atentados terroristas en varios puntos de la isla y agresiones de todo tipo.

Además, ya a mediados de los sesenta, Raúl formó parte de los análisis, debates y decisiones respecto a la organización política de la Revolución, que al final concluyó en la fundación del Partido Comunista de Cuba donde por sus condiciones y participación política, pasó a ocupar el cargo de Segundo Secretario. Era ya el Ministro de las FAR. Más tarde recibiría el cargo de General de Ejército.

En rigor histórico y de trayectoria, Raúl Castro participó en todo el proceso rebelde cubano generando ascendencia y trayectoria, que no se las debía/debe a nadie. Arriesgó muchas veces su vida, padeció la cárcel y el exilio, estuvo en la mira de atentados de contrarevolucionarios y altos personeros estadounidenses (principalmente de la Agencia Americana de Inteligencia), vivió las duras condiciones cotidianas propias de una guerrilla rural en la Sierra Maestra, compartió carencias y peligros con sus compañeros, tuvo que hacerse cargo de tropas insurgentes y después organizar las fuerzas armadas de su país, tuvo que estudiar arduamente y participar de nada fáciles debates y decisiones sobre el futuro político e institucional de la isla.

Esas son verdades y antecedentes indesmentibles. No se puede analizar la trayectoria de Raúl Castro y explicar los altos cargos que llegó a ocupar, sin considerar esos datos de su vida como guerrillero y militante político. Por lo demás, en gran medida explican el respeto y el cariño de sus pares y del pueblo cubano, porque como explicó Fidel, en varios de los combates en que participó, pudo dejar de existir. En definitiva, es lo que se menciona como el ejemplo moral de muchos dirigentes revolucionarios.

En lo que podría ser la consecuencia armoniosa de la vida y de la coherencia, hace al menos cinco años Raúl Castro lideró el relevo en la dirección política cubana. Siempre depositando una enorme confianza en las nuevas generaciones. Bajo su conducción se implementó que los dirigentes no pueden estar más de dos periodos en un cargo y que el tope para ocupar las altas responsabilidades es de 60 años. Él mismo dijo en 2018 que dejaría de ser Primer Secretario del partido el 2021. Y ahora rechazó ocupar cualquier puesto en los colectivos de dirección. A lo que no renunció fue a continuar siendo militante del Partido Comunista de Cuba y combatiente de la Revolución Cubana.

Contrastes definitorios con perfiles superficiales, anecdóticos e incluso difamatorios que se tejen en algunos medios de prensa, análisis y declaraciones de quienes, claramente, apuntan a la figura de Raúl Castro. Ante lo cual, se simpatice o no con sus ideas, es importante recurrir a la evidencia histórica y objetiva.

Quizá habría que considerar aspectos revelados por quienes conocieron/conocen mejor a Raúl, a quien se describe como un típico cubano, jodedor, de gran sentido del humor, muy cercano a sus compañeros, poco adicto a estar en la prensa o dando entrevistas, severo en el mando militar y político y muy franco y crítico. Basta leer sus discursos y la crudeza con que trata los temas, desplegando críticas muy duras y directas. También es un conocer a fondo del país, de la sociedad cubana y del proceso revolucionario.

Algunos analistas dijeron/dicen que es distinto a Fidel, que tiene otro estilo, que tiene sus propias ideas. Revisando la historia de los hermanos, eso siempre fue así. Se ejemplificó en métodos distintos e incluso podría inducirse diferencias respecto a procesos políticos y medidas dentro de los proyectos del país. Que a eso se le quiera dar una categoría negativa, es otro asunto. Lo que queda claro es que Raúl tuvo su vida guerrillera, militante y como dirigente, totalmente propia.

Hoy deja sus responsabilidades. Seguramente no se irá jubilado a su casa. Miguel Díaz-Canel, Presidente de Cuba y Primer Secretario del PCC, dijo que lo estarán consultando y escuchando su palabra. Como una vez lo señaló Fidel, ellos, como generación histórica, con los antecedentes de sus acciones a lo largo de la vida desde jóvenes, seguirán teniendo influencia y su voz será escuchada.

Pero lo que primará, seguramente, es el ejemplo que Raúl dejó flotando, como el de tantos otros moncadistas, expedicionarios, guerrilleros, combatientes, militantes, internacionalistas, que dio Cuba desde 1953, y como aquellos gestores de la independencia y la unidad nacional cubana desde el siglo 19, con figuras como Martí, Macedo y Céspedes.

 

 

 

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