HABLEMOS DE LA TELE. ¡Ojo con la comunicación de riesgo!

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En nuestras actuales condiciones sanitarias -así como frente al incremento de la delincuencia y del narcotráfico, la corrupción y el crimen organizado- estamos ante un campo emergente que surge de la necesidad de investigar qué tipo de información requiere la opinión pública en circunstancias de peligro, crisis o catástrofe que se dan en las situaciones descritas.

José Luis Córdova. Periodista. 12/04/2021. En las últimas semanas se ha abierto un debate sobre la necesidad de la llamada “comunicación de riesgo” que el gobierno y las autoridades de salud deberían implementar presumiblemente para enfrentar la pandemia del coronavirus en Chile desde la televisión y otros medios.

En nuestras actuales condiciones sanitarias -así como frente al incremento de la delincuencia y del narcotráfico, la corrupción y el crimen organizado- estamos ante un campo emergente que surge de la necesidad de investigar qué tipo de información requiere la opinión pública en circunstancias de peligro, crisis o catástrofe que se dan en las situaciones descritas.

La formación de procesos de espirales del miedo, sobre todo a través de imágenes de la televisión, constituye un frente inexplorado de la lucha social por la emancipación, tanto para las instituciones y organizaciones como para los públicos que conforman sus vidas cotidianas rodeados de riesgo percibido.

La cultura de masas, la industria de la cultura, la cultura popular y las culturas mediáticas se ven oscurecidas y atravesadas, hic et nunc (aquí y ahora), por la cultura de riesgo que, al desembocar hacia culturas del miedo, no implica más que el reflejo del miedo a las culturas. Paradójicamente, el tránsito hacia el siglo XXI, marcado por las innovaciones tecnológicas, los progresos científicos y la información funcional y eficiente, se debate ante una confusión de gran profundidad

El riesgo no debe distinguirse de la percepción del riesgo porque es imposible diferenciar riesgo real de riesgo percibido. Los que no percibimos no existe porque los desconocemos. A la luz de este argumento, “existe el peligro de cargar las tintas sobre el concepto de percepción en una especie de reducción psicologista, olvidando que la definición del riesgo tiene lugar en el contexto social donde se acuerdan las bases para su domesticación”, según el experto catalán Jordi Serra Coma.

Es obvio que los medios de comunicación son fuentes importantes para la amplificación social de las percepciones de riesgo: ya sea por su negatividad, distorsión, sensacionalismo, dramatización o exageración de las temáticas que descontextualizan para, en un segundo momento, re contextualizar en sus formas informativas. En particular, esta presunción es asumida por todos aquellos actores (expertos, políticos, ciudadanos) que desconocen la complejidad de los procesos de comunicación mediada y las operaciones instrumentales de los medios.

Cuando la visibilidad de los riesgos percibidos se acrecienta, la pérdida de control puede desembocar en acciones irreflexivas y dominadas por el miedo. En otro sentido, cuando los riesgos reales son ocultados o se procede a su invisibilidad social, tanto medios como instituciones políticas se convierten en responsables por omisión.

En última instancia, la opinión pública debe ser el protagonista en la apropiación sociocultural de estas dinámicas de riesgo, dándoles un sentido liberador desde el sentido común y el ejercicio legítimo de la responsabilidad social y de la acción ciudadana.

Tratar de aprovechar este tipo de situaciones mediatizadas de crisis, riesgo, incertidumbre y miedo puede resultar coyunturalmente útil a corto plazo para algunos de los actores institucionales. Aunque las consecuencias, perversas a largo plazo, seguro que suponen un costoso lastre que pone en peligro la legitimidad, tanto colectiva como individual, tanto externa como interna, de los sistemas democráticos. La libertad, la participación y la solidaridad pueden abrir paso a conceptos contrapuestos como seguridad, control y desconfianza dentro de los cuales los ideales democráticos perderían su razón y fuerza.

Son algunas reflexiones pertinentes de especialistas respecto a la comunicación de riesgo que hoy resulta indispensable conocer y aplicar correctamente en nuestro país, sobre todo a través de la TV donde -según estudios recientes- cada chileno o migrante pasa seis o más horas al día viendo y escuchando.

 

 

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