El gobierno en la ineficacia extrema de sus políticas de salvatajes estériles, tardíos, híper focalizados y exiguos, sólo ha logrado que se agudice aún más el naufragio de las familias chilenas. Hay que instalar con mucha energía y convicción en el debate público una salida formal para este gobierno, porque el pueblo no va resistir tanta indolencia y la salida a una crisis como esta muchas veces y como lo ha demostrado la historia, puede adoptar rumbos imprevisibles, entre ellos, el más clásico es el de los populismos de derecha.

Pablo Monje-Reyes. Miembro del Comité Central. Partido Comunista. Santiago. 12/04/2021.  Durante el último tiempo, chilenas y chilenos estamos siendo testigos incómodos y obligados de un inédito espectáculo de este segundo mandato de Sebastián Piñera, y nos referimos con ello a las impúdicas formas públicas de gobernar en donde la derecha chilena viene instalando conductas políticas propias de su soberbia política, de sus intereses de clase, de la mediocridad de sus personeros, de su autista filosofía de burbuja de barrio alto, de los intereses de sus bolsillos y de la nula capacidad empática que los caracteriza. Paulatinamente pero de modo sostenido, este gobierno nos ha ido arrastrando a una crisis de legitimidad del Estado -definido como la organización política de la sociedad y de las acciones del mismo-, que es muy preocupante. ¿Y por qué hemos llegando a esta situación? Principalmente, porque la derecha aún no aprende que no son lo que dicen ser, a pesar de ellos mismos sólo son apenas lo que hacen, y por sus acciones los está juzgando el pueblo chileno.

 ¿Y qué hacen? Lamentablemente, no por casualidad somos el país ejemplo mundial de lo que no hay que hacer, ya que en nuestro país la pandemia del Covid-19 ha sido pésimamente enfrentada por las autoridades políticas y sanitarias del gobierno, con estrategias de testeos, trazabilidad, seguimiento y control, mal instaladas, atrasadas, insuficientes, mal comunicadas y, lo peor de todo, es que cuando toman decisiones por presión de distintos actores como el Colegio Médico, por directrices internacionales de la OMS o especialistas en epidemiología, se llega tarde, fatalmente tarde. La evidencia científica y la experiencia mundial comparada sobre la evolución de la pandemia no son tomadas en consideración, al parecer, los estudios nacionales de evolución de la pandemia ni siquiera son leídos ni conocidos por quienes toman las decisiones, en dónde el presidente juega un rol estelar por su falta de idoneidad.

Diversas investigaciones especializadas ya advertían públicamente en diciembre 2019, que si en nuestro país se otorgaban permisos de vacaciones indiscriminadamente y no se mantenían estrictas medidas de confinamiento, la explosión y expansión de la pandemia en términos de contagios iba a ser peor que en el 2020, sobre todo para el segundo trimestre 2021, y hoy, la realidad y los hechos superan todas las cifras que en aquel entonces se pronosticaban como el peor de los escenarios, la mortalidad se disparó dramáticamente bajando el promedio de edad de las personas fallecidas y el uso de camas de alta complejidad ya está bordeando el 100% de ocupación. ¿Y cuál ha sido la opción de este gobierno para enfrentar la pandemia? Lo claro es que las órdenes desde La Moneda con su racionalidad ideológica de carácter neoliberal ha sido “salvar la economía” a costa de vidas humanas, “efectos colaterales” los llaman cínicamente.

Cualquieras sean las cifran fatales de chilenas y chilenos que no debieron morir, ello es evidente. ¿Y qué economía han salvado?, ciertamente que el presupuesto de la canasta alimenticia y familiar del pueblo no ha estado ni por asomo en sus ocupaciones y atenciones, la economía que han salvado ha sido la de los súper ricos, en donde está incluido el mismo Presidente de la República, justamente el que ha tomado todas las decisiones fallidas últimas y principales durante esta tragedia. Las ganancias 2020 en plena pandemia han sido escandalosas según los datos del ranking Forbes, 43 mil millones de dólares sólo para el club de los 8 empresarios chilenos más acaudalados, entre los que está, reiteramos, quién dirige los destinos del país. Este gobierno y sus líderes no se dan cuenta -o no les importa-, que con estos datos económicos obscenos y los resultados catastróficos de la pandemia, la gente inevitablemente no solo pierde absolutamente la confianza en los gobernantes sino que también desconfía profundamente del Estado.

La crisis económica del pueblo y de sus profesionales proletarizadas y proletarizados ha sido compleja y desastrosa, amarga y funesta, y ello nadie lo puede negar ni la historia podrá ocultarlo. El gobierno en la ineficacia extrema de sus políticas de salvatajes estériles, tardíos, híper focalizados y exiguos, sólo ha logrado que se agudice aún más el naufragio de las familias chilenas. Por ello es que ha tenido que salir el parlamento chileno a buscar medidas ejecutivas por medio de legislaciones de urgencia para retiros de fondos previsionales de los propios trabajadores y trabajadoras, para intentar desde el año pasado salvar la grave situación que vive el pueblo de Chile. ¿Cómo ha respondido el gobierno? apenas, diciendo que es una medida inconstitucional y que la llevará al Tribunal Constitucional para vetarla. Este gobierno es realmente cruel e infame, y ni siquiera le da vergüenza que quienes están dando solución real a la crisis económica son los mismos trabajadores y trabajadoras con sus propios fondos de pensiones, trabajadoras y trabajadores chilenos enfrentando en solitario las adversidades de esta tragedia sanitaria agravada por las erráticas decisiones de la “variante Piñera” del coronavirus. Un gobierno que no percibe que con sus decisiones están echando al tacho de la basura la legitimidad del Estado en la vida económica y social, política y cultural, del conjunto de la sociedad chilena.

La grave crisis sanitaria causada -y en curso- como consecuencia inevitable de las infelices malas decisiones del gobierno en el control de la pandemia, y que hasta ahora no tiene horizonte de solución, ha provocado la obvia crisis económica y también una profunda crisis política, así, primero la postergación del plebiscito constitucional y ahora de las elecciones de convencionales, gobernadores(as), alcaldes(as) y concejales(as), nos obliga a considerar que estamos en medio del peligroso portal de entrada a un feroz derrumbe de legitimidad de la institucionalidad del Estado chileno, pues, no puede ni debe ser tolerable que ante tanto error descomunal en las decisiones gubernamentales tengamos que seguir siendo testigos inermes de cómo siguen resquebrajando el rol del Estado y, peor aún, cómo sufre el pueblo de Chile por la ineptidud de estos gobernantes indolentes y oportunistas ya que en sus decisiones sólo priman sus perversos intereses de clase. No olvidemos que quienes se están muriendo son los chilenos y chilenas más pobres de nuestro país, porque la pandemia tiene un claro sesgo de clase y así lo muestra la evidencia estadística por comuna en los datos de quienes fallecen. Ellos son los que no tienen recursos para prevenir y protegerse, y que no cuentan con posibilidades para dejar de trabajar, y lo peor de todo, es que la gran mayoría de ellos y ellas han sido trabajadores por cuenta propia, es decir, el segmento de la población que no tiene ningún sistema de protección social que lo apoye y resguarde junto a su núcleo familiar.

Por todo lo anterior, el pueblo de Chile necesariamente debe colocarse en la compleja y necesaria hipótesis de una pandemia que los incompetentes a cargo no logran controlar en 30 días más, asunto más que plausible considerando los últimos 13 meses de esta calamidad, y se tengan que volver a postergar las elecciones y que ello pueda significar tener que ampliar el periodo de gestión del actual gobierno, de esta misma élite incapaz que nos ha conducido irresponsablemente a este colapso, lo que sería inadmisible desde todo punto de vista ante tanta incompetencia en las políticas de control de la pandemia, ante tanta indolencia y sus pésimas políticas económicas de ayuda a las familias chilenas, y a la posibilidad cierta de no poder cambiar a las autoridades de gobierno en los plazos efectivos y legales del periodo presidencial.

Por lo tanto, hay que instalar con mucha energía y convicción en el debate público una salida formal para este gobierno, porque el pueblo no va resistir tanta indolencia y la salida a una crisis como esta muchas veces y como lo ha demostrado la historia, puede adoptar rumbos imprevisibles, entre ellos, el más clásico es el de los populismos de derecha. De esta manera, el pueblo requiere de una propuesta de salida y hay que intensificar la discusión, así, la izquierda y el mundo de las organizaciones sociales deben tomar la iniciativa y convertirse en alternativa a la cual no se puede llegar tarde. Caer en una mirada complaciente porque la derecha se desmorona ya que lo hace todo mal, es una pésima estrategia. Llegó la hora de colocar una alternativa real de salida para esta crisis y no seguir en la coyuntura del debate inconducente y circular del día a día.

 

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