Jugando al “paco ladrón”

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Lamentablemente ese juego ingenuo de los niños de aquellos tiempos acerca de “los verdes”, con el paso de los años  fue confirmando su relación concreta con la dura realidad, Y, es más, la vida incluyó  no sólo a Carabineros sino también a militares como todos conocemos. Y no se trata sólo de acciones ilícitas contra la propiedad sino de los abusos en contra de la población civil.

Eduardo Contreras. Abogado. 09/04/2021. Sin duda las chilenas y chilenos que somos mayores recordamos que cuando fuimos niños jugábamos a eso que llamábamos “el paco ladrón”  y corríamos para atraparlo.

Pero no sólo es un recuerdo de la niñez. Es mucho más, porque implica el hecho concreto y cierto que ya por esos años del pasado Siglo Veinte había una  conciencia generalizada en la sociedad chilena en el sentido que esta policía que vestía de verde dejaba mucho que desear. Y que si bien celebrábamos que el objetivo de su tarea fuera el de ser vigilantes y represores de la delincuencia, era una institución que no cumplía debidamente sus deberes y en la que era un hecho cierto y lamentable que no pocos de sus integrantes cometían abusos y atropellos deshonestos. Incluso se vinculaba esta circunstancia con la relación entre el surgimiento de esta entidad con la dudosa trayectoria del dictador Carlos Ibáñez del Campo.

Lamentablemente ese juego ingenuo de los niños de aquellos tiempos acerca de “los verdes”, con el paso de los años  fue confirmando su relación concreta con la dura realidad, Y, es más, la vida incluyó  no sólo a Carabineros sino también a militares como todos conocemos. Y no se trata sólo de acciones ilícitas contra la propiedad sino de los abusos en contra de la población civil.

Por cierto, los duros y abominables años de la dictadura de Pinochet incentivaron el crecimiento de las acciones deshonestas de los hombres de verde. En rigor, la responsabilidad del alto mando institucional fue concreta y resulta inaceptable su impunidad.

A la luz de estas duras realidades, hace mucho que se viene planteando el hasta cuándo la sociedad chilena y en particular sus sucesivos gobiernos seguirán tranquilamente dejando que todo siga igual. Cuando es un hecho indiscutible la necesidad desde hace años de una revisión de sus funciones y condiciones, de sus estudios, de su formación, de cómo se desempeñan en la realidad.

Entrar a Carabineros ha sido y es una oportunidad para los alumnos menos estudiosos o menos capaces. Cuando un estudiante advierte que sus notas no le permitirían optar por una carrera profesional distinta sigue el consejo: “….entra a paco”. Pero esto no es lo peor, sino la formación que reciben, en especial a partir del golpe de Estado de 1973 y que se traduce en altísimos presupuestos institucionales, en privilegios irritantes de la oficialidad y una visión de la sociedad que hace del pueblo su enemigo principal.

Uno llega necesariamente a preguntarse ¿será en sus  llamadas “academias de ciencias policiales” en donde aprendieron a cometer crímenes tan espantosos como el degollamiento de los inolvidables compañeros Parada, Guerrero y Nattino aquel 30 de mayo de 1985?

En rigor, sus ganancias y prebendas no guardan relación alguna con su incultura y la brutalidad con que actúan. Altos oficiales son hoy latifundistas del sur del país, propietarios inmobiliarios y además incansables viajeros por todo el mundo.

Pero eso no es todo ni es lo peor. Porque además todos sabemos de los crímenes de lesa humanidad perpetrados por diversos oficiales. Baste con el ejemplo del general Stange, quien además de sus propios ilícitos fue denunciado en su tiempo por el Ministro de la Corte, señor Milton Juica, por dificultar ostensiblemente las investigaciones en el gravísimo caso ya citado de los degollados.

En nuestros días y a propósito de la brutal represión a las masivas movilizaciones sociales, se esperó inútilmente que el director general de Carabineros, Mario Rozas, diera respuestas de su actuación. Mientras que el Séptimo Juzgado de Garantía de Santiago resolvió mantener en prisión preventiva al coronel Claudio Crespo, imputado como el autor de los disparos que dejaron ciego a Gustavo Gatica en noviembre de 2019. Su abogado, Carlos Gajardo, denunció con fuerza la conducta abusiva de los carabineros en dichas manifestaciones a lo que se agrega -dijo el profesional- que la institución policial uniformada no colaboró debidamente en las investigaciones. Al punto que en el informe policial ni se mencionaba siquiera a Claudio Crespo. A causa de lo cual este sujeto recién pudo ser formalizado casi un año después de sus delitos.

Jamás debemos olvidar que en las manifestaciones populares del 2019 los carabineros  golpearon, maltrataron e hicieron prisioneros a muchos jóvenes. Decenas recibieron mutilaciones, un joven fue lanzado desde la altura al río Mapocho. A lo que se debe agregar que las respectivas acciones judiciales por estos delitos  no avanzan y es precisamente por la falta de cooperación de Carabineros.

Los ejemplos de abuso y corrupción son lamentablemente numerosos.

Llega la hora que esta dramática situación sea asumida por los poderes del Estado y se comience a elaborar una política real y seria de Seguridad que comprenda una revisión de las instituciones y  provoque cambios de fondo a fin de terminar con los abusos, con los privilegios económicos indebidos y antijurídicos

Todo en la perspectiva de poder contar cuando antes con una nueva entidad policial que sea seria, honesta, educada, consecuente y eficaz, tal y como nuestro Chile necesita con urgencia.

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