Viene esta reflexión pensando en las artes de las que hace gala la derecha peruana cuando debe afrontar una lucha en defensa de sus privilegios. Usa todas las argucias, y se vale de todas las herramientas posibles no sólo para fortalecer sus propuestas, sino sobre todo para desacreditar y desequilibrar a sus adversarios. En eso, ella y los suyos, son maestros.

Gustavo Espinoza M. Periodista. Lima. 03/2021. Las arañas tienen diversas características y múltiples rasgos. Sus habilidades son extremas, de ahí que se haya hecho popular el giro que procura mimetizar a tal insecto con los afanes de quienes manejan todas las situaciones y obtienen beneficio incluso de las más adversas.

Universalmente, cuando se habla de las arañas, se le admiten tres perfiles insoslayables: están en todas partes; son muchas y muy variadas; pero como no sólo acumulan defectos, no todas sus picaduras son mortales.

Saben más que las arañas”, suele decirse cuando se alude también a esa especie casi inextinguible de politiqueros al servicio de la clase dominante que aún pululan en nuestro escenario.

Viene esta reflexión pensando en las artes de las que hace gala la derecha peruana cuando debe afrontar una lucha en defensa de sus privilegios. Usa todas las argucias, y se vale de todas las herramientas posibles no sólo para fortalecer sus propuestas, sino sobre todo para desacreditar y desequilibrar a sus adversarios. En eso, ella y los suyos, son maestros.

Sabe, por ejemplo, que en el plano electoral, para el 11 de abril llevan todas las de perder. No sólo que hizo un pésimo trabajo particularmente en los últimos años y se desacreditó ante los ojos de todos, incluidos los incautos; sino que, por si fuera poco, no tiene ninguna figura elementalmente decorosa que pueda sacar la cara por ella. Pero no se da por vencida.

Para enfrentar su reto buscó en un inicio, sumar sus fuerzas, pero fracasó en el intento. Luego tendió sus redes para ubicar caras distintas, pero tampoco tuvo fortuna.  Debió recurrir entonces a las mismas desgastadas figuras del pasado.

Pero con ellas, no pudo solventar su presencia virtualmente fagocitada por la crisis múltiple que agobia a la sociedad peruana, secuela del “modelo” que ella impuso en contra de la voluntad de los peruanos: el Neo Liberalismo.

Tentó entonces la posibilidad de impedir las elecciones, diferirlas, postergarlas, o hacer con ellas cualquier cosa, menos que se produzcan. Las sabe perdidas. Hasta hoy, nada.

Intentó diversos modos: derribar al gobierno, en noviembre pasado; apoderarse a la mala de las riendas del Poder tras un fracasado manotazo parlamentario; sabotear al Presidente Sagasti aprovechando sus debilidades e incoherencias; tocar las puertas de los cuarteles, llamando al Golpe de Estado; mentir descaradamente a través de Willax TV para soliviantar a la ciudadanía contra las vacunas; acusar al Jurado Nacional de Elecciones de “preparar un fraude”.

No le ligó nada.  Y no pudo, como el Alianza Lima, recurrir al amparo de un organismo suizo. No hubo un SAT que los salve.

Poniendo en juego todo lo que aprendiera en 200 años de administración republicana, y sin renunciar a las posibilidades antedichas, que manipulará hasta la hora 25; acusa hoy su propia estrategia electoral.

Y como su cacumen dialéctico no le da para mucho, recurre a la ayuda externa, consciente que el 11 de abril no se juega sólo la suerte del Perú, sino de la América del sur: en Chile, Ecuador, Bolivia y aquí, los pendencieros de siempre llevan las de perder.

Por lo pronto aquí maneja la carta de Yonhy Lescano para colocarlo en el primer lugar de las encuestas. En verdad, no les interesa que gane, pero sí que acumule la mayor cantidad de votos, porque está convencida que ellos disminuirán el caudal electoral de Verónica Mendoza que es, finalmente, a la que tiene cruzada ante sus ojos. ¿Cómo hacer entonces que acumule todos los votos posibles, pero que no gane? Ese es un enredo que ni las arañas podrán resolver.

El otro tema, y el que les quita el sueño, es cómo evitar que la candidata de JxP gane. Por lo pronto, esperan que inflando al tope la figura de Lescano, impedirán que eso ocurra en primera vuelta.

Pero ahora, aspiran a más: pretenden lograr que otro ocupe el segundo lugar, desplazando a la figura de la Izquierda en la eventualidad de un “repechaje”. Como no tienen quién lo haga por mérito propio, busca obsesivamente “bajar” a Verónica a cualquier precio.

Y usa, para ese efecto, dos herramientas que juzga infalibles. Por un lado, la “Prensa Grande” que no hace sino acorralarla para que denigre a Venezuela, se aleje de Cuba se distancie de Bolivia.

La persigue por todas las esquinas, para que “declare” sobre el tema. Sueñan manejar allí una escopeta perfecta: si la interrogada rechaza sus apremios, le dirán “chavista”, para restarle votos. Si accede a ellos y dice lo que le arrancan, se encandilan con la idea que eso, le quitará votos de una izquierda “enojada”.

La otra herramienta, tiene nombre propio. Se llama Pedro Castillo. “Levanta” su figura lo más que pueda, asegura que “está creciendo” en las encuestas. Busca que “se sienta fuerte”, para que le quite votos a Mendoza pero, sobre todo, que no se le ocurra retirarse. Lo hizo con Gregorio Santos el 2016.  Ahora, aspiran a lo mismo.

Las arañas saben mucho y sus picaduras pueden incluso llevar a confusión a ciertas gentes; pero, como se dijo al inicio, no en todos los casos son mortales. Lo propio ocurre con la derecha. Pero hay que estar alerta. Su veneno, es ponzoñoso.

 

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