Así lo expresó la abogada Bárbara Sepúlveda Hales, candidata a convencional por el Distrito 9. Afirmó que “el proceso constituyente nos ofrece la oportunidad de incorporar en el texto constitucional mandatos específicos a los poderes del Estado para prevenir la violencia contra las mujeres y diversidades sexuales, pero también para dar protección y acompañamiento a las víctimas”. También indicó que “la nueva Constitución debe incorporar una mirada transversal de género. Consagrar los derechos sociales con perspectiva de género”.

 Hugo Guzmán R. Periodista. “El Siglo”. 22/03/2021. Se le vio y se le ve en muchos foros sobre feminismo y nueva Constitución. Es una de las abogadas constitucionalistas que se fue posicionando en los últimos tiempos en reflexiones y debates sobre los derechos de las mujeres y las transformaciones institucionales en Chile. Su rostro es cada vez más familiar en la opinión pública. Ahora, quizá más, convertida en aspirante a integrar la Convención Constitucional que será elegida en la elección del próximo 10 y 11 de abril.

Bárbara Sepúlveda Hales es candidata a convencional por el Distrito 9, que comprende las comunas de Conchalí, Renca, Huechuraba, Cerro Navia, Quinta Normal, Independencia, Lo Prado y Recoleta. Abogada por la Universidad de Chile, magíster en Derecho Público de la Universidad de Chile, y magíster en Género por la London School of Economics and Political Science.

En entrevista, abordó algunos de los temas que está reivindicando en la campaña y que apunta a instalar en la discusión de la nueva Constitución.

¿Por qué proponer una Constitución feminista?

Porque la mirada política del feminismo apela a una visión transformadora de la sociedad en todos sus aspectos, por lo tanto, la nueva Constitución debe incorporar una mirada transversal de género. Las principales demandas versan sobre alcanzar una igualdad sustantiva (material) que nos permita vivir dignamente. Para esto se plantea, entre otras cosas, el reconocimiento de los derechos específicos de las mujeres; niñas, niños y adolescentes; diversidades sexuales; mujeres indígenas; y con discapacidad. Consagrar los derechos sociales con perspectiva de género, y establecer los principios de corresponsabilidad social de los cuidados y de igualdad; la igualdad de derechos de la diversidad de familias; el reconocimiento y valorización del trabajo doméstico; y la democratización de la sociedad a partir de una redistribución paritaria y equilibrada del poder político y administrativo del Estado.

En términos técnicos, de su contenido, ¿una Constitución puede garantizar derechos reproductivos y de diversidad sexual?

Por supuesto. Precisamente hoy la demanda es que todos los derechos se garanticen, y los derechos sexuales y reproductivos no son la excepción. Las garantías pueden ser judiciales, legales y constitucionales. Por ejemplo, todos los derechos, individuales y sociales, debieran contar con una acción judicial asociada que permita que se puedan exigir en tribunales ante su vulneración o amenaza. Pero también es una garantía de los derechos que podamos contar con un Estado social y democrático, en vez de un Estado subsidiario. Un Estado garante de derechos, que promueva un estado de cosas que apunte al bienestar material y al goce de esos mismos derechos. Luego de escrita la Constitución, el próximo Congreso de la República tendrá que crear las leyes que materialicen todos estos derechos, y el Poder Ejecutivo crear las políticas públicas en el mismo sentido.

¿Se puede hacer algo en la nueva Carta Magna en cuanto a la violencia contra las mujeres, los femicidios?

La violencia de género es un fenómeno muy complejo y que requiere ser abordado con la misma complejidad. Por lo tanto, el derecho no es la única respuesta, pero puede funcionar como un motor, un impulsor de cambios. El proceso constituyente nos ofrece la oportunidad de incorporar en el texto constitucional mandatos específicos a los poderes del Estado para prevenir la violencia contra las mujeres y diversidades sexuales, pero también para dar protección y acompañamiento a las víctimas. Esto requiere que la perspectiva de género sea transversal en el quehacer de todo el Estado, y no recaiga solo en el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género. Necesitamos una articulación intersectorial, con énfasis en la prevención, la educación de la ciudadanía y la formación de los agentes del Estado. Mediante estos mandatos específicos podremos sentar las bases para impulsar los cambios que se requieren en esta materia.

¿Qué has recogido de la gente en las actividades de tu campaña?

En el Distrito 9 existe mucho interés por mejorar la calidad de vida, especialmente en lo que relativo a los derechos sociales, vivienda, salud, educación, trabajo y pensiones. Se ve que hay mucha esperanza y al mismo tiempo un prudente escepticismo, producto de la alta desafección política y la frustración por no ver cambios profundos después de cada elección que enfrentamos. Lo que más le preocupa a la gente es la desigualdad y la injusticia, y el poder heredarles a sus hijos y nietos un país mejor.

¿Estás de acuerdo en que la Convención pueda cambiar las reglas que le impusieron, por ejemplo la de los 2/3?

Se ha dicho que en el plebiscito la gente votó por una “reglas del juego” que incluían los dos tercios, lo que no puede ser más falto a la verdad. Todo Chile vio el mismo voto que decía ¿quiere usted una nueva constitución? apruebo o rechazo. Me encantaría que la gente pudiera realmente decidir sobre los dos tercios, ya que en mi experiencia yendo a asambleas y cabildos queda clarísimo que es mentira que esas reglas del juego fueron elegidas por la ciudadanía. Entonces, ¿por qué no dejamos que la ciudadanía se exprese entendiendo lo que implica realmente cada quórum? Hay muchas cosas que se modificaron posteriormente al acuerdo de noviembre y nadie cuestiona esos cambios. Es un cinismo interesado defender sólo la mantención de los 2/3. ¿Por qué no 3/5? ¿Por qué no mayoría absoluta como en la gran mayoría de los procesos constituyentes comparados de las últimas décadas?

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