Paula Narváez no es una persona particular, es la candidata presidencial del Partido Socialista y ha dicho que no considera que la izquierda sea ya una categoría pertinente. Sostiene que lo importante es abordar los problemas concretos de la gente (¿se acuerdan de un tal Lavín?).

Gonzalo Martner. Economista. Ex dirigente del Partido Socialista. 22/03/2021. No conozco a Paula Narváez y desde que es candidata me había formado una buena opinión de su persona y de sus planteamientos. Pero anoche en televisión no podía creer cuando escuché que afirmaba, frente a la pregunta sobre donde se situaba ideológicamente, que las categorías de izquierda y derecha estaban superadas.

Vuelvo a reiterar lo dicho en otras ocasiones (ver https://gonzalomartner.blogspot.com/…/en-defensa-de-la…): está claro que la derecha existe (en Chile nos gobierna, no lo sabremos, representando directamente los intereses de la poderosa oligarquía económica y reprimiendo y conteniendo las demandas populares) y también en el mundo (véase Trump y Bolsonaro, sin ir más lejos, para los que tengan dudas).

Entonces, la categoría política de derecha parece estar muy vigente. El problema es que parte de la izquierda institucional, de larga tradición en Chile,  dejó de cumplir su función: representar los intereses de la mayoría social y confrontarse -con los medios de la democracia, que es su espacio natural de desarrollo- con los de la oligarquía. Si alguien tienen alguna duda, permítaseme recordar que la política es lucha y no otra cosa en un sociedad de intereses cruzada por intereses sociales y económicos contrapuestos. Hay quienes piensan que esa contraposición ya no existe, o simplemente se acomodan a los intereses dominantes. Y otros, siguiendo esos pasos, se niegan a reconocerse como de izquierda, aunque no se identifican con la derecha. Otros, legítimamente, se definen como de centro, y viven la tensión de identificarse con los intereses de unos y  otros y suelen perder su credibilidad en el ejercicio.

Paula Narváez no es una persona particular, es la candidata presidencial del Partido Socialista y ha dicho que no considera que la izquierda sea ya una categoría pertinente. Sostiene que lo importante es abordar los problemas concretos de la gente (¿se acuerdan de un tal Lavín?). Esto revela la magnitud de la victoria ideológica de la derecha en el mundo postmoderno e hipermediático de hoy y el retroceso del PS hacia una especie de centrismo blando y anodino.

En efecto, los problemas de las mayorías requieren de una representación política consistente -aunque siempre será plural dada su propia diversidad sociológica y cultural- lo que solo ocurrirá si se inserta en algún tipo de proyecto político de largo plazo que exprese una coalición de intereses sociales a ser defendido CONTRA los intereses de la oligarquía económica y sus representación política, la derecha. Esta sí tiene un proyecto histórico: controlar los recursos naturales y las grandes empresas para apropiarse del mayor valor posible de la naturaleza y del trabajo en su beneficio. Para ello requiere controlar el Estado para que garantice esa apropiación, mantenga a raya a los trabajadores organizados y permita el menor cobro posible de impuestos a la riqueza. Además, procura que el gasto social sea lo más bajo y focalizado que se pueda, recurriendo, en caso de problemas, a la violencia y a la dictadura o en el mejor de los casos a una democracia tutelada.
¿Como llamar a aquellas fuerzas políticas que se proponen poner los frutos de la naturaleza al servicio de todos, protegiéndola de la depredación y dándole un trato de bien común? ¿Cómo llamar a aquellas fuerzas políticas que pugnan por una retribución justa del trabajo y por el cobro de tributos -de preferencia a los de más altos ingresos y riqueza- para  proveer bienes públicos y protección frente a los riesgos para todos los miembros de la sociedad?

Llámeseles como se quiera. Desde la revolución francesa, se acostumbra llamar izquierdas y derechas a las fuerzas políticas que representan los intereses polares en la sociedad por su posición en el hemiciclo parlamentario. Es una comodidad de lenguaje, es el significante en el signo, como diría De Saussure. Pero el significado es que en la sociedad existen intereses contrapuestos y que estos tienen representaciones. Es el caso de la derecha, como no nos cansaremos de decirlo. Y la tarea para los que nos oponemos a ella y a los intereses ilegítimos que representa es una y otra vez luchar para hacer posible la representación de los intereses de la mayoría social, la de los trabajadores y los creadores, la de los excluidos de toda índole. Es una lástima que al parecer no se pueda contar con Paula Narváez para esa tarea. Habrá que esperar que su expreso distanciamiento de la izquierda haya sido solo un lapsus de un mal momento.

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