El hombre contemporáneo ahora no tiene perspectiva histórica. Acaso es incapaz de proyectar y concretar un sólido legado moral que permitiría a las futuras generaciones una mayor calidad humana.

Gonzalo Moya Cuadra. Licenciado en Filosofía. 16/03/2021. Parafraseo a H.G. Wells ¿Habrá alguna vez una guerra que terminará con todas las guerras? El hombre contemporáneo ahora no tiene perspectiva histórica. Acaso es incapaz de proyectar y concretar un sólido legado moral que permitiría a las futuras generaciones una mayor calidad humana. No tiene la conciencia tranquila ni la paz necesaria para discernir un juicio razonable, pues uno de sus problemas es no saber construir una hermenéutica cultural que propenda una visión humanitaria de este tiempo tan violento. No comprende que la paz es el principio esencial del desarrollo, o sea, el elemento sustancial del entendimiento y diálogo permanente. Sabemos que la paz tiene un sentido universal y junto a la democracia constituyen los pilares inalienables para la sana convivencia fraternal. Hay que erigir acuerdos para descartar la violencia y no sufrir las consecuencias del extremismo ideológico que pone en peligro la paz mundial, debilitando el sistema democrático. El hombre actual no puede seguir siendo cómplice pasivo de la violencia axiológica, social  y económica que definitivamente está ralentizando el verdadero sentido humano de lo humano de la sociedad moderna, básico para progresar culturalmente. Toda acción violenta trae consigo dolores y desgracias que sumergen a los pobres o explotados en víctimas de desgraciados hechos que bien podrían ser evitados. La historia ha demostrado que el ser humano, una y otra vez, ha vivido inmerso en conflictos bélicos, evitando incivilizadamente el diálogo fraternal y calificado, olvidándose de todo principio ético que siempre dignificará a la humanidad. Ni siquiera las instituciones que se dicen practicantes de la moral o garantes de lo espiritual han podido restarse a tales amoralidades. Hoy en día, millares y millares de personas en todo el mundo sufren de terribles conflictos fratricidas que encuadra a la especie humana en la desesperanza y el incierto futuro, indicativa de una humanidad sometida al marasmo moral. La sociedad actual requiere paz, tolerancia, respeto al libre pensamiento y dignidad para  que podamos visualizar con sentiente inteligencia la realización de una sola comunidad global e integral. Conciliar nuevas fuentes éticas  para erigir otro tiempo histórico será una tarea primordial que fundará un nuevo mundo sin fronteras y un inédito código social donde el único poder será el poder del talento político creativo y el poder del saber. Hoy, por lo menos hoy, atravesamos por un tiempo sin proyección histórica en el cual la condición humana está mermada por la mediocridad, la medianía de la mediaticidad y el desatino cultural.

 

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