¿Ciberfeminicidio?

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Los vacíos informativos conceden espacio a quienes usan estos retos de nuestra sociedad socialista para desacreditarla con medios sufragados por los que nos violentan cada día, los que también se llaman feministas y obvian la alianza institucional para abordar intersectorialmente los desafíos de esta otra pandemia.

Tamara Rendón Portelles. “Granma”. La Habana. 12/2020. Ser mujer puede implicar, para algunos hombres, odio, posesión, abuso, esclavitud, desprecio, suficiente razón para no existir. Eso es feminicidio: cuando la condición de mujer, o su orientación sexual, es un móvil, mayormente masculino, para arrebatarles el derecho a la vida.

En redes sociales se reproducen estos estereotipos del mundo real, que agreden a las mujeres y personas con sexualidades no hegemónicas. Si a ese hecho se le añade que la mujer es una voz revolucionaria, le acecha entonces un feminicida movido por el rencor, su sentido de propiedad, poder y control, que descalifica, insulta, presiona, amenaza y acosa para impedir el ejercicio de sus derechos: típico del capitalismo.

La cibermordaza recluye a la Revolución, a esa mujer que no sigue los dictados del patriarca capitalista, que se disfraza de feminista en defensa de quienes dicen ser “silenciadas por el régimen”, mientras censura, difama y lincha reputaciones de otras no sometidas a sus mandatos. En tal caso, ¿se trata de ciberfeminismo o ciberfeminicidio?

Online suceden a diario asesinatos morales en serie, por el simple hecho de ser mujeres comunistas. ¿Su objetivo?: paralizarnos como fuerza empoderada del socialismo, infundir miedo y hacernos callar, ejercer dominio sobre nosotras, como lo hace el machismo.

La Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género de 2016, arrojó que en los 12 meses anteriores al estudio el 26,7 % de mujeres entre 15 y 74 años fueron violentadas por su pareja, y el 39,6 %, en algún momento de su vida.

Aunque existen políticas, programas y bases constitucionales, debemos considerar tener una Ley Integral contra la Violencia de Género para que, además de la responsabilidad penal, dé protección y atención a las víctimas de los tipos de violencia más solapados, contribuya al cambio cultural que desnaturalice prácticas y conceptos reproductores de esas violencias.

Nuestra prensa ha de visibilizar el empoderamiento de la mujer y la violencia de género en todas sus formas. Además del territorio ganado al machismo, debe abordar esas deudas con la plena dignidad de todas las personas, como el matrimonio igualitario y la adopción por la comunidad Lgbtiq, o el acceso a técnicas de reproducción asistida en el caso de las lesbianas.

Los vacíos informativos conceden espacio a quienes usan estos retos de nuestra sociedad socialista para desacreditarla con medios sufragados por los que nos violentan cada día, los que también se llaman feministas y obvian la alianza institucional para abordar intersectorialmente los desafíos de esta otra pandemia, se cuestionan el feminismo de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), que dio oportunidades de estudio y empleo para conquistar los espacios públicos, tomar lápiz y cartilla, también fusil, y pretenden desmemoriar cambios legislativos como el Código de Familia y la Constitución de 1976.

La FMC ha impulsado el derecho al aborto, garantías para la maternidad: desde el acceso a servicios de salud, la licencia de maternidad de un año y recientemente la de paternidad, los círculos infantiles para facilitar el retorno al trabajo remunerado, entre otros beneficios.

La FMC tiene una concepción propia del feminismo, heredada de Vilma y Fidel: la socialista. Pero, pese a haber logrado el adelanto de las mujeres y el respeto de múltiples derechos con décadas de anticipación a movimientos feministas a nivel mundial, la ausencia del término en sus políticas y pronunciamientos es pretexto para atacarla a ella y a la Revolución.

Los nuevos escenarios digitales le imponen a la FMC replantearse sus métodos y estilos de trabajo, comunicarse mejor con la juventud, con sus códigos y formatos, para lograr hacerse más influyente en nuestra cotidianidad. Ha de ser un selfie de todas nosotras, ahí donde se manifiesta el ciberacoso, hacer foros virtuales sobre problemáticas de las cubanas hoy, formar a las nuevas emprendedoras, impulsar el teletrabajo con equidad, educar en nuevas masculinidades, cuando aún hoy las mujeres cubanas dedican 14 horas semanales más que los hombres al trabajo no remunerado. Tendría que estar en la acción de muchas mujeres ser voz activa en los debates sobre una novela, un programa humorístico, un video clip, la publicidad de cierto producto turístico o en el comercio online.

Hay que polemizar, romper tabúes heteronormativos, mostrar la Revolución justa, inclusiva y en constante cambio que somos. Evolucionemos como sociedad, por nosotras y por las que ya no están.

 

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